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El indio Bichart y el Varón de los Dolores

2 de agosto de 2017

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Loma de la Cruz. Guanabacoa

Loma de la Cruz. Guanabacoa

 

Entre mitos y realidades se desborda un nombre, enlazado al Jesús redentor: José Bichart, el indio de la Loma de la Cruz, aquel que consagró la imagen desde su humilde morada, según cuenta la leyenda.

La existencia del Indio se sitúa hacia la segunda mitad del siglo XVII, católico por devoción, había adquirido un hermoso retrato de Cristo, en la Habana, la imagen al óleo, sobre tabla de cedro, fecundó desde entonces, el constante rumor del tiempo, ante las injurias de una vecindad, irresoluta y necia, incapaz de reconocer la sumisa y primigenia contemplación de los agradecidos, el Cristo, con su corona de espinas, plasmado en su eterna Vía Crucis, anidó en la austera morada de José Bichart y en su vínculo impoluto con el José de Nazaret, adornaba la imagen del hijo con flores silvestres, desde la rugosa y artesana entrega de los desposeídos, lumbre agreste de maderas nocturnas, ofrendadas al Cristo piadoso, camino al Calvario. El indio, ante el temblor de ser privado de su delicada obra, decide una nueva morada para la misma, seleccionando a la Ermita del Potosí -Ermita de la Inmaculada Concepción de María, inmueble que aún se conserva por su valor patrimonial, abierta al culto en 1644 y declarada Monumento Nacional en 1996-. Algunas fuentes locales, estimados lectores, esbozan que este santuario, sobrellevaba el quebranto de sus contrafuertes, Bichart, resuelto entonces, a enaltecer la imagen sagrada de Jesús, se encarga de promover la compostura de la Ermita, concluida posiblemente hacia 1675.

 

“…Desde entonces debió existir en dicha ermita el cuadro de Jesús que perteneció al indio; mas, como el capellán de la antigua ermita de Nuestra Señora de Candelaria, que era entonces un religioso dominico, ardía en la misma devoción y deseaba vehementemente prestarle su asistencia personal y contribuir por todos los medios posibles a la propagación de su culto, persuadió eficazmente a aquél para su colocación en la que estaba a su cargo, y habiendo logrado adherirlo a sus intenciones, se verificó así con el beneplácito del Ilustrísimo Señor Obispo, mandó se sacase copia fiel, con el laudable fin de que ambas ermitas tuviesen en su recinto la imagen sacrosanta del Redentor del mundo porque tanto suspiraban. Todos los que han visto y examinado estos dos cuadros pintados en tabla, confiesan su absoluta semejanza, en términos que no podría afirmarse si se confundiesen, cuál de los dos era el original a que aludimos. Sólo hay una señal para desvanecer las dudas que ocurrieren en el particular, y es una hila que tiene sobre la mano y otra casi imperceptible en la frente el que pertenecía al indio, y cierta opacidad que se advierte después de una contemplación detenida, que se cree es originada del humo de los leños que prendía aquél en su choza para alumbrarle cuando no podía hacerlo de otra manera…”[i]

 

¡Cosas de la Historia…! –a pesar de sus afanes por complacer al alado y cano tiempo, que obsequioso le presenta, de su mano, a la Verdad, para intentar registrarla, genuina, mediante la grafía, cual alegórica representación de Goya–, ella se difumina en sus contornos, y nos convoca por camino sinuoso, sin dejar al entendido, descansar sobre la historicidad del Indio Bichart, la cual se adolece, ante la ausencia de este personaje del Libro parroquial y la carencia de registros de posibles descendientes que dieran fe de su existencia y parentesco. Los más optimistas, enmarcan el fallecimiento de este fiel servidor, entre 1681 y 1685, manejando las hipótesis de que el cuerpo fuera enterrado a los pies del altar del Nazareno,[ii] en la Ermita de la Candelaria,[iii] o en la del Potosí. No obstante, los olvidos de algunos, en el desvarío sublime de los siglos, para 1786, como homenaje al dedicado Bichart, se emplaza una cruz, en el collado donde se dice que él residió, lugar donde prodigó el cándido juramento al Cristo que abrazaba la cruz. Los historiadores asienten que uno de estos óleos, ya se encontraban en la Ermita del Potosí hacia 1675 por otra parte el Obispo Morell, atestigua, durante su visita pastoral a la Asunción, que el segundo óleo fue replicado, y que sendos cuadros, muy parecidos entre sí, conservaban determinadas diferencias que solamente lograban apreciarse al contemplar las obras a la vez, constituyendo parte del patrimonio iconográfico de la Villa de Guanabacoa.

 

Ermita del Potosí

Ermita del Potosí

 

Queridos lectores, es indudable que el Indio Bichart es un personaje por vislumbrar, de esos que se entroncan al tiempo en una “corpórea” singularidad, y si aún persisten en estas modestas letras que solo intentan reconciliarse con el destino de la hermosa Villa, vuelquen sus pasos hacia la Loma de la Cruz, y realicen esa petición, anhelo o sueño, aquietados durante años, dicen que el Indio concede –en su milagrosa proximidad al Varón de los Dolores–, gracias y bondades, y si guardan la nobleza de las espinas que acompañaron la testa piadosa del Nazareno, durante su pasión, no quedarás jamás varado en el Huerto de los Olivos.

 

Notas:

[i] Núñez de Villavicencio, Cayetano: Noticias históricas de la Villa de la Asunción de Guanabacoa. Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País. No. 116. Junio de 1845. Pág. 617.

[ii] De la Guardia, Elpidio: Historia de Guanabacoa. Pág. 45

[iii] Núñez de Villavicencio, Cayetano: Ob. cit. Pág. 618.

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