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El hotel Pasaje en la casa de Prado No. 95

8 de septiembre de 2021

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Hotel Pasaje, finales del siglo XIX

Hotel Pasaje, finales del siglo XIX

 

En 1878 el hotel Pasaje ya estaba abierto. Quedó conformado a partir de su extensión hacia varios edificios colindantes que fueron levantados en cuatro solares de la manzana No. 14 del Reparto Las Murallas. Inicialmente, solo abarcaba la casa señalada con el No. 95 de Prado, después –según Patricia Andino Díaz en el Estudio histórico Sala Polivalente Kid Chocolate, antiguo hotel Pasaje (2015)– ocupó la casa Zulueta No. 34 y las plantas altas de Prado No. 93 y Zulueta No. 32. Sin embargo, la entrada principal del hotel siempre estuvo por Prado No. 95, dirección con la que podía encontrarse en directorios y guías comerciales antiguos.

“Las casas que ocupó el Pasaje tenían diferentes propietarios, quienes las daban en arrendamiento para hotel. Se construyeron, acorde a la época, bajo los códigos del neoclasicismo, de ahí la simétrica disposición de los vanos, la presencia de platabandas, guardapolvos y pilastras adosadas, pero además de esos elementos que pueden considerarse constantes del estilo, las fachadas de estas casas son exactamente iguales. Están unificadas, además, por el monumental acceso al pasaje comercial, que funciona visualmente como portada de un gran inmueble, de ahí que exteriormente siempre pareciera un único edificio”, afirma Andino en el estudio mencionado.

 

Recepción, finales del siglo XIX

Recepción, finales del siglo XIX

 

Hacia el interior, y buscando también el confort del establecimiento, se abrieron accesos entre todas las edificaciones, las cuales hacían uso de las escaleras de la casa Prado No. 95. El pasaje o corredor peatonal, como ya se conoce, se cubrió con una armadura metálica con cristales.

Esta casa de Prado No. 95, ubicada en parte del solar No.6 que pertenecía Emilio Reyling, se construyó de cantería, mampostería y azotea, compuesta de planta baja, entresuelos y planta alta, con unos cuartos de teja en la azotea. En ella ya estaba establecido, en 1878 –como se indicó al inicio–, un hotel y restaurante nombrados Pasaje.

 

Salón, finales del siglo XIX

Salón, finales del siglo XIX

 

En la década de 1880 los directorios comerciales refieren que el hotel era propiedad de Linares y Palenzuela, y es bueno siempre tener claro que un asunto es ser el dueño de la casa o el terreno, y otro, el del negocio. La edificación lindaba entonces por la derecha con el pasaje, por la izquierda con Prado No. 97, también del señor Reyling, y por la espalda con una casa sin número de la calle Zulueta, propiedad de Ángel Alonso, quien luego tendrá mucho que ver con el crecimiento del Pasaje.

En 1888 la casa de Prado No. 95 y parte de la planta baja de la casa Prado No. 97, fueron arrendadas a la Sociedad de P. M. Castro y Compañía, representada por su gerente Pascual María de Castro Fasende. En el contrato, firmado por cuatro años, se puntualizaba que los edificios alquilados no podían dedicarse a otro uso que no fuera el de hotel. Se acordó que las mejoras hechas por los inquilinos quedarían a beneficio de las casas y sus propietarios, e igualmente, debían cuidar de las cubiertas de cristales de los edificios.

 

Habitación, finales del siglo XIX

Habitación, finales del siglo XIX

 

Interesante fue para Andino hallar, entre los asientos del Registro de la Propiedad, lo entregado como garantía de la renta a pagar por parte de la sociedad arrendataria. La misma dio en prenda los siguientes muebles en uso e instalados en el edificio: “70 escaparates de caoba de diferentes clases y tamaños; 70 tocadores lavabos; 70 camas de hierro completas y sus bastidores; 70 mesas de noche; 70 mesas de centro; dos ajuares de sala completos, de palisandro, una madera muy codiciada que se utiliza para hacer muebles de lujo; 100 sillas de Viena de varias clases; 70 mesas redondas para restaurante; 18 espejos porta sombreros y siete espejos grandes con su marco; seis lámparas de metal de seis luces; una instalación de timbres eléctricos y su cuadro avisador; una instalación de servicio de agua compuesta de seis tanques de hierro, cañerías, dos baños, una ducha e inodoros; una instalación de cocina y fregadero; un elevador de equipajes a mano y un mostrador que formaba el escritorio con su caja de hierro embutida en el muro”.

De este inventario se deduce que al menos setenta huéspedes tendrían lugar en el hotel, decorado para entonces profusamente como ordenaba la moda en la época colonial: alfombras, cortinas, lámparas de cristales, abundancia de cuadros y espejos; muebles de madera y rejilla en la recepción, y comadritas en el salón principal. En el comedor predominaban los motivos marinos y se disponía de un gran número de mesas redondas con servicio para cuatro comensales.

 

Comedor finales del siglo XIX

Comedor finales del siglo XIX

 

Según la revista El Fígaro, el hotel Pasaje fue el primero en Cuba en instalar un elevador, al tiempo que mantuvo abierta la comunicación entre las casas donde estaba emplazado, la cual se establecía a través de la escalera de Prado No. 95.

En 1894 Emilio Reyling falleció y sus herederos y nuevos propietarios decidieron vender la casa en subasta pública, la que fue realizada el 6 de septiembre de 1897. La finca fue adjudicada al mejor postor, Ángel Alonso Diez, quien ofreció por ella 34 000 pesos. Este señor ya era dueño de una casa sin número en la calle Zulueta –luego sería la No. 34–, y las unificó, conformando un solo inmueble. Sobre esta refundición fabricó un tercer piso, entre 1897, cuando compra la casa de Prado No. 95, y 1908, pues falleció en 1909 –induce Andino. A partir de esta fecha nuevas obras y diferentes propietarios cambiarían la imagen y funcionamiento del hotel Pasaje.

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Comentarios



Mario Marti-Brenes / 11 de septiembre de 2021

Tengo material sobre el "pasaje" del hotel que le puede ser muy util. Como se lo mando?