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El gran valor que José Martí le concediera al cumplimiento del deber

28 de marzo de 2014

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martiA través de su existencia José Martí actuó en plena correspondencia con lo que debía hacer para cumplir cabalmente con el deber que tenía con la causa de la independencia de su tierra natal del dominio colonial español.
Él supo encarar múltiples sacrificios. Con particular devoción hasta padeció incompresiones de sus familiares más cercanos y privaciones de índole material por su decisión de poner su vida al servicio de su pueblo y de otros, porque no sólo pensó en su tierra natal sino además en garantizar la independencia conquistada por otros países y el necesario equilibrio del mundo.
En relación con esa devoción por el sacrificio llegó a exponerle consideraciones muy elocuentes a su querida madre en las dos últimas cartas que le escribió. En la  penúltima, fechada el 15 de mayo de 1894, le expresó: “Pero mientras haya obra qué hacer, un hombre entero no tiene derecho a reposar. Preste cada hombre, sin que nadie lo regañe, el servicio que lleve en sí.”
Y tras asegurarle que su pluma corría de su verdad le planteó en la citada misiva al detallar como concebía su vida: “Mi porvenir es como la luz del carbón blanco, que se quema él, para iluminar alrededor. Siento que jamás acabarán mis luchas.”
Y le añadió seguidamente: “El hombre íntimo está muerto y fuera de toda resurrección, que sería el hogar franco y para mí imposible, adonde está la única dicha humana, o la raíz de todas las dichas. Pero el hombre vigilante y compasivo está aún vivo en mí, como un esqueleto que se hubiese salido de su sepultura; y sé que no le esperan más que combates y dolores en la contienda de los hombres, a que es preciso entrar para consolarlos y mejorarlos.”
Estos criterios fueron, de hecho, nuevamente reflejados, por supuesto de otra forma, con el empleo de palabras distintas, en la última carta que le escribió a su querida madre desde Montecristi el 25 de marzo de 1895. Se hallaba ya desde hacía algo más de mes en esa ciudad norteamericana desde la cual anhelaba salir en unión de Máximo Gómez hacia Cuba para participar de modo activo en la guerra por la independencia que ya se había reiniciado desde el 24 de febrero.
Y en la carta a Doña Leonor le expresa a la vez con cariño y firmeza: “Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Ud. Yo sin cesar pienso en Ud. Ud se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber  de un hombre está allí donde es más útil.”
Ese mismo día que le escribe a Doña Leonor, Martí también se dirigió a su amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal. En una carta que ha sido considerada por diversos especialistas como una especie de testamento político, reflexiona en torno a su deber para con la causa de la independencia de su tierra natal.
Y le comentó a Henríquez y Carvajal lo siguiente: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria, no será nunca triunfo; sino agonía y deber.
No es de extrañar que Martí hiciera ese planteamiento puesto que hay que  en cuenta que él desarrolló su vida sobre la base de principios éticos muy firmes y al respecto puede decirse que  apreció que el deber había de cumplirse sencilla y llanamente. Por ejemplo en algunos  fragmentos de apuntes suyos reflejados en el tomo 22 de sus Obras Completas, se puede apreciar una definición que hizo en torno a este tema. Al respecto Martí enfatizó: “Cuando se conoce la vida, sólo el deber es grato; sólo él es digno de obediencia, sólo él da fuerzas para afrontar la malignidad de los hombres.”
También Martí señaló que ver un deber y no cumplirlo es faltar a él y en este caso en uno de sus trabajos publicados en la Revista Universal, de México, en la edición correspondiente al 7 de agosto de 1875, resaltó además: “ … no es la nobleza de corazón cosa exigible; harta pena tiene con olvidarlo aquel que olvida su deber.”
Para Martí sólo había verdadera grandeza en el hombre que actuaba en forma honesta y desinteresadamente. Él también destacó  que sólo en el cumplimiento del deber estaba la verdadera gloria y precisó además que el deber ha de ser cumplido en beneficio ajeno porque si va con él alguna esperanza en bien propio, por legítimo que parezca, o sea, ya se empaña y pierde fuerza moral.
Como proclamara en varias oportunidades en sus cartas,  trabajos periodísticos  y discursos José Martí puso su vida al servicio de la causa de su tierra natal. Para él ese fue un deber supremo. En función de la causa independentista declinó posibles honores y bienestar material ya que obviamente atendiendo a su talento y capacidad si  tan sólo se hubiera dedicado a publicar libros o  escribir para distintas  publicaciones,  por supuesto hubiese tenido una vida más  holgada y obtenido mucha más fama en el campo de la literatura ó el periodismo. Pero Martí apreció que su deber con su Patria oprimida lo obligaba moralmente a asumir otra actitud y por ello pensó primero en los intereses de su pueblo antes que en los suyos e incluso en los de su familia.
Y en correspondencia plena con lo que  consideraba fuese su deber retornó a Cuba el 11 de abril de 1895 para con la fuerza de su ejemplo continuar dando su contribución  al desarrollo de la guerra por la independencia que tras años de intensa labor logró hacer que se reanudase.
Puede asegurarse que Martí tuvo una vida en la que se correspondió plenamente su predica con su modo de actuar. Con hechos concretos demostró cómo fue capaz de señalar en sus cartas y trabajos periodísticos, así como en los discursos que pronunciara en reiteradas ocasiones ante los emigrados  cubanos residentes en distintas ciudades de los Estados Unidos.
Martí se sintió plenamente motivado en todo lo que hizo en primera instancia no sólo por el gran amor que sintiera por su tierra natal y la causa de su independencia, sino también por  sus principios y los conceptos que fue capaz de exponer a través de su existencia, como fue el caso de lo relacionado con el cumplimiento del deber.
Precisamente en el discurso pronunciado en el Hardman Hall de Nueva York el 10 de octubre de 1890 expuso al hacer referencia al regocijo que puede experimentarse ante el cumplimiento del deber y lo que ello significaba: “…el porvenir, sin una sola excepción, está al lado del deber. Y si falla, es que el deber no se entendió con toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores, o no se ejercitó con desinterés y eficacia.”
El doctor Gaspar Jorge García Galló en un trabajo titulado Prerrequisitos de la Revolución. reflejado en el libro Martí americano y universal,  señaló que el sentimiento del deber que guía la acción de Martí poniéndola al servicio de las masas oprimidas, se nutre de la fe inquebrantable que tiene en los hombres de su patria. Y agregó: “No es una fe que cierra los ojos a la realidad. Es, por el contrario, la confianza profunda que nace del conocimiento real de la historia y de la vida del pueblo en que se cree. José Martí paseó la bandera de esa fe por todos los ámbitos y por todos los medios a su alcance. No perdió ocasión para expresarla y para infundirla a los demás.”

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