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El Gabo sí tuvo quien lo filmara en Cuba

22 de abril de 2014

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Vivir con el cine o sin el cine que le enseñó a ver en imágenes,  es un dilema confesado por Gabriel García Márquez, que por su tremendo poder visual lo conceptúa como «el medio expresivo perfecto». Este Premio Nobel de Literatura 1982 tuvo mayor número de hijos cinematográficos que los diecisiete concebidos por Aureliano Buendía en esa novela fundacional que es Cien años de soledad. Rendimos tributo de recordación a esta figura cimera de la literatura universal, a propósito de su reciente desaparición física, a través de este recorrido por sus vínculos con la cinematografía cubana.

Gabriel García Márquez en el rodaje de Cartas del parque

Gabriel García Márquez en el rodaje de Cartas del parque

El cineasta chileno Miguel Littin, luego de traducir a la pantalla la novela El recurso del método, de Alejo Carpentier, tentado por la literatura garciamarquiana, filmó su versión del relato La viuda de Montiel (1980) en coproducción entre compañías de México, Venezuela y el ICAIC. Littin vistió a Geraldine Chaplin con el luto de esa viuda, frágil, lacerada por la superstición, la única que no se sintió vengada por la muerte de don José Montiel. Por la parte cubana figuró en el reparto el actor Reynaldo Miravalles, mientras que en el equipo técnico tres créditos fundamentales correspondieron a profesionales nuestros: el editor Nelson Rodríguez, el sonidista Raúl García y el compositor Leo Brouwer. La hija del gran Charlot siempre ha lamentado que en aras de la difusión internacional su personaje no lo interpretara la actriz cubana Daysi Granados.
Fue precisamente el notorio editor Nelson Rodríguez quien obtuvo el premio Coral en su categoría en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por su labor en la coproducción colombiano-cubana Tiempo de morir (1985), realizada por Jorge Alí Triana en 1985. Era una nueva versión, dirigida previamente en televisión por el propio cineasta, del primer guión escrito expresamente por García Márquez para el cine, que señaló en 1965 el debut como realizador de Arturo Ripstein, quien aún hoy no descarta la posibilidad de retomarla con mayor fidelidad al espíritu original y menor aliento de Western.
Juan Sáyago regresa a su pueblo después de cumplir una condena por matar a Raúl Moscote. Vuelve a su pueblo y busca a su novia, pero ella se ha cansado de esperarle. El sentimiento de venganza alimentado durante todos esos años por los hijos del muerto, que le acosan implacablemente y lo retan a duelo, obligarán a Sáyago a ceder a sus asedios, aunque se resiste a enfrentarse con el hijo mayor de su anterior víctima, y conducirán a un final en el que se refleja la violencia que ha caracterizado la vida en Colombia en las últimas décadas.
La participación cubana fue determinante en esta coproducción, al abarcar, además: a los productores Santiago Llapur y Camilo Vives, el director de fotografía Mario García Joya, el compositor Leo Brouwer y el sonidista Raúl García en el equipo de realización. En el reparto intervinieron: el desaparecido Enrique Almirante como el alcalde y Reynaldo Miravalles en el personaje de Casildo.
Locaciones cubanas sirvieron como locación para dos de los seis filmes que conformaron la serie Amores difíciles, sobre historias de García Márquez, coproducidas por TV Española e International Network Group con el auspicio de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano entre 1987 y 1988.
En El verano de la señora Forbes, dirigido por el mexicano Jaime Humberto Hermosillo, una institutriz alemana es contratada para cuidar a dos hijos de un matrimonio que emprende un viaje. Su temperamento autoritario y complejo y sus deseos reprimidos hacen de esta cinta una exploración a un mundo de sueños, fantasías y sorprendentes realidades. El productor Evelio Delgado, el editor Nelson Rodríguez, el compositor Sergio Vitier, el sonidista Carlos Fernández y los actores Francisco Gattorno y Roberto Perdomo figuraron en este fallido filme en representación del ICAIC.
Cartas del parque (1988), el aporte de Tomás Gutiérrez Alea a esta serie, se inspiró en un pasaje de la novela El amor en los tiempos del cólera, trasladado por Titón y el guionista Eliseo Alberto Diego desde Cartagena de Indias a la ciudad de Matanzas en 1913. Narra la historia de dos jóvenes enamorados que solicitan los servicios de un escribano para comunicarse mediante las cartas que este redacta. Los sentimientos del escribano van a imponerse y terminará por prendarse de la joven.

Cartas del parque

Cartas del parque

Rodada en Matanzas y sus alrededores, Cartas del parque sumó en el equipo al fotógrafo Mario García Joya, la editora Miriam Talavera, el compositor Gonzalo Rubalcaba y el sonidista Germinal Hernández, mientras que Santiago Llapar asumió la responsabilidad de la producción por el ICAIC, como productora asociada. Protagonizada por el actor argentino Víctor Laplace como Pedro, el escritor y escribano público), le secundó un elenco íntegro de intérpretes cubanos: Ivonne López, Miguel Paneque, Mirtha Ibarra, Adolfo Llauradó, Elio Mesa, Paula Alí, Amelita Pita, Dagoberto Gaínza Elvira Valdés y Raúl Eguren, entre muchos otros.
Tres años más tarde, en 1991, Tomás Gutiérrez Alea retomó el aliento garciamarquiano en el cortometraje Contigo en la distancia, que realizara en México. Forma parte de la trilogía «Con el amor no se juega», serie televisiva integrada por textos del taller de guiones dirigido por García Márquez, en este caso uno original firmado también por Eliseo Alberto Diego. En él, una mujer mayor, ya casada y con hijos y nietos, recibe al cabo de muchísimos años una carta de su novio de adolescencia en la cual la citaba para escapar de sus padres para ser felices… y que no llegó a tiempo porque le puso tanto pegamento que quedó adherida al buzón. Titón realizó una fugaz aparición como el pianista en la secuencia en la que el actor mexicano Roberto Cobo (el Jaibo de Los olvidados, de Buñuel) interpreta la canción titular.
A lo largo del año 1988, el cineasta argentino Fernando Birri, entonces primer director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión, convirtió a locaciones de la isla en el poblado pesquero imaginado por el novelista en su relato Un señor muy viejo con unas alas enormes. La adaptación fílmica, rodada en coproducción por el ICAIC junto a firmas de España e Italia, relata lo que ocurre después de la caída durante un ciclón en la costa próxima a un caserío de un viejo señor provisto de dos enormes alas. Pelayo y Elisenda lo acomodan en el gallinero de su casucha. A partir de ese momento ocurren hechos insólitos que transforman la vida de la pareja y de todos los habitantes del lugar.
El ICAIC aportó al equipo de realización al productor Miguel Mendoza, el fotógrafo Raúl Pérez Ureta y muy especialmente al compositor José María Vitier, quien concibió una serie de excelentes temas incluso antes de ser filmada la primera imagen y por los que fuera laureado en el Festival de Venecia con la Osella de Oro. El venezolano Asdrúbal Meléndez y la brasileña Marcia Barreto se incorporaron al nutrido reparto encabezado por el propio Fernando Birri y Daisy Granados, y en el que figuraron además: Luis Alberto Ramírez, Adolfo Llauradó, Silvia Planas, María Luisa Mayor y la veterana actriz camagüeyana Parmenia Silva.
También en coproducción entre el ICAIC, la Televisión Española y el International Network Group, fue filmada íntegramente en La Habana entre 1991 y 1992 la serie Me alquilo para soñar, dirigida por el cineasta de origen mozambicano Ruy Guerra, coautor del guión junto al brasileño Claudio Macdowell. El guión es original de Gabriel García Márquez, Eliseo Diego y el Taller de guiones impartido por el novelista en la Escuela Internacional de San Antonio de los Baños.
Una extraña mansión habanera es el escenario perfecto para el universo claustrofóbico y delirante de Alma Kréstshmer, la enigmática mujer cuyos sueños deciden el destino de los otros. Esta historia que pone al desnudo la tenue separación que existe entre sueño y realidad fue remodelada posteriormente por su autor y publicada en el libro Doce cuentos peregrinos. Con la actriz germana Hanna Schygulla y los españoles Fernando Guillén y Charo López como protagonistas, la serie está integrada por seis capítulos de 52′ cada uno, en formato de 35 mm. Cuenta con fotografía de Raúl Pérez Ureta, música compuesta por el desaparecido Mario Daly y entre los intérpretes intervinieron los cubanos: Jorge Luis Álvarez, Leonor Arocha, Elvira Valdés, Alicia Bustamante y José Antonio Rodríguez.
Como puede apreciarse por los títulos citados, la filmografía garciamarquiana debe no poco a la contribución del cine cubano. Pero incuestionablemente, el mayor lazo de Gabriel García Márquez con nuestro cine fue a través de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, que presidió desde su creación en 1985, y un año después, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. La escuela de todos los mundos, concebida para materializar su sueño de lograr la integración del cine de la región, siempre contó con su decisivo aporte y aliento, en especial por medio del Taller de guiones Cómo se cuenta un cuento.

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