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El fonógrafo en La Habana

3 de julio de 2015

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fonografoTodo indica que el año preciso donde se conoce en La Habana de la presencia de grabadores de fonogramas es el de 1893. Resulta posible que, en alguna columnilla de algún diario habanero quedara al descubierto la actividad de estos “cazadores de talento musical” en la ciudad, luego de ser registrados en primitivos cilindros de cera con una marcada propuesta comercial, eran enviados a Estados Unidos para ser comercializados en los ya notorios asentamientos hispánicos entonces reconocidos en esa nación.
En verdad esta información nos llegó de manos del maestro Odilio Urfé, quien tuvo la oportunidad de visitar la Biblioteca del Congreso de Washington y escuchar algunos fonogramas grabados en La Habana por esa época. Estos hallazgos quedaron plasmados en su ensayo Coincidencias e interacciones musicales entre Cuba y Norteamérica. Cronología de un proceso 1978. En estos añejos soportes sonoros, quedaron atrapadas importantes expresiones de nuestro rico quehacer guarachero y de una lánguida y enunciada cancionistica de largos textos formuladas en compás ternario –tan en boga en La Habana de entonces. Tampoco se descarta la posibilidad de fonogramas prensados con la impronta guarachera del habanero Ramón Ramos, conocido artísticamente por “Ramitos”; del viejo Sansirena, legendario y reconocido cantador; Concepción Cirártegui, primera cantante profesional de Cuba, y otros importantes exponentes del arte musical de la época, registrados en los desiguales surcos de esos primitivos soportes fonográficos.
Como una reafirmación a la presencia en La Habana en fechas muy tempranas de máquinas grabadoras de música, citamos fragmentos de una columna del diario puertorriqueño La Correspondencia de Puerto Rico, de fecha 5 de octubre de 1895, donde se puede leer “(…) Don José Martínez acaba de llegar de La Habana con un magnifico fonógrafo, y en estos días saldrá de esta capital [se refiere a San Juan de Puerto Rico] para exhibirlo en los pueblos de Luquillo, Fajardo y otros de la isla. Ofrece audiciones muy originales y curiosas (…) un aguinaldo jíbaro, un baile de garabatos con gritos y música brava, guajiras, guarachas y décimas (…)”. [Los subrayados son míos J.R.F.]. Odilio Urfé nos llegó a confirmar personalmente, que en la fonoteca del Congreso de Washington, se guarda una grabación realizada en 1896 a un barítono desconocido que grabó, en un cilindro USPC Unnumbered (de 2 minutos de duración), un tema titulado “La mulata”, con el respaldo musical de ¡castañuelas y tambores!, pero que él casi no pudo definir el género ni la pieza en general por estar casi inaudible el cilindro receptor; entonces: ¿de qué tambores se está hablando?
Muy interesantes resultan las relaciones de fonogramas que emite el investigador norteamericano Richard K. Spottswood en su enjundioso y abultado catálogo Ethnic Music on Records (ocho amplios volúmenes), donde en el cuarto volumen, dedicado a las músicas españolas, portuguesas, filipinas y vascas, relaciona a un “cantante desconocido” que se hacía llamar “Sr. Poncí”, y del cual añade que, para el año 1896, este había grabado en Estados Unidos para los cilindros USPC Unnumbered dos temas musicales titulados “La Mulata” y “La Camagüeyana”, de los que no se especifica el género musical ni el autor o autores.
Pero más adelante, este abultado texto consigna que Poncí había grabado, también en 1896, –parece que después se haría una regrabación en 1898– en un cilindro de cera marca Consolídated, un tango titulado “El negrito y la mulata”.
¿A qué “tango” se refiere el autor? A caso se alude al patrón rítmico que en Cuba se conoce como “tango-congo” y que resulta evidente en la contradanza, la danza y la habanera. O el tango-congo luego influyentemente en New Orleáns en los blues grabados por William Christopher Handy –quien afirma haberlo escuchado en su viaje a La habana en 1900– y luego en los ragtime registrados en discos al famoso pianista Jelly Roll Morton, de quien se dice fue el primero en New Orleáns en sacar a relucir este “patrón rítmico cubano”.
Pero surgen otras interrogantes, por ejemplo ¿Dónde realmente grabó este Sr. Poncí estas piezas? ¿En La Habana? ¿En Estados Unidos? Quién lo sabe… Lo cierto es que estas grabaciones abren otra posibilidad de tributo a las interinfluencias  entre las músicas de Cuba y Estados Unidos.

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