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Edward G. Robinson

30 de marzo de 2021

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Edward-G-Robinson-Getty

 

Seguramente ni el más asiduo de los cinéfilos lo reconocería hoy por el nombre que recibió al ser bautizado, Emanuel Goldenberg, aunque sí muchos recuerdos en los más veteranos traerá su nombre artístico, el de Edward G. Robinson, con el cual filmó infinidad de películas que le dieron celebridad.

El inolvidable protagonista de El pequeño César, cinta rodada en 1930 y que conserva su encanto, visitó La Habana en 1945. La revista Bohemia lo dio a conocer en su edición de febrero de aquel año, en exclusiva para los admiradores del actor, especializado en la caracterización de tipos duros.

A Edward G.Robinson, quien por aquellas fechas tenía más de 50 años (nacido el 12 de diciembre de 1893), lo acompañaba su esposa Gladys Lloyd, actriz del teatro neoyorquino. Las fotografías muestran al visitante con su habano, sonrisa a medio esbozar y porte chaparrito. Tal y como lo recordamos a través s de la pantalla chica. Solo que en la vida real, míster Robinson era un hombre de extremada delicadeza y cultura, con buena disposición para el diálogo con los periodistas.

Don Galaor, popular periodista de la revista Bohemia, lo entrevistó con una estilográfica (nada de grabadoras por aquellos tiempos). La conversación se desarrolló en el Hotel Nacional, donde se hospedó el protagonista de Pasaporte a la fama, La mujer del cuadro, El lobo del mar, La historia del doctor Ehrlich y otros muchos filmes.

– Diga usted, declaraba Robinson, que yo hago fumar a mis personajes porque no puedo prescindir del tabaco mucho rato. Claro que los autores ya cuentan con ese detalle. De ahí que los personajes que me confían sean todos fumadores consuetudinarios. Soy americano naturalizado. Nací en Bucarest, pero mi familia se trasladó a Estados Unidos cuando yo era niño. Me eduqué en las escuelas públicas de Nueva York.

Confesó que en cierto momento de su vida quiso ser ministro de la Iglesia, pero luego encauzó la vocación hacia la actuación. Dijo sentirse feliz en el escenario del teatro y ante el set de filmación, donde explotó su facilidad para encarnar los personajes malos, al extremo que se le encasilló en dichos roles, desaprovechando en parte sus condiciones histriónicas para otros desempeños, pese a lo cual interpretó cintas como El rosal de la vida y Su mayor anhelo, en que caracterizó personajes bondadosos… aunque pocos lo recuerdan.

Edward G. Robinson fue recibido en Cuba por el presidente Ramón Grau San Martín, en Palacio.

Intervino en algo más de 100 películas y en 1973 se le concedió un Oscar póstumo (había muerto dos meses antes) por su contribución al desarrollo del séptimo arte.

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