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Eduardo Arrocha recuerda a Alicia Alonso

22 de octubre de 2019

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Eduardo Arrocha realizó una extraordinaria como diseñador en Danza Contemporánea de cuba, pero antes colaboró con Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba. Aquí rememora algunos pasajes de su relación con la legendaria bailarina.

 

¿Cuál fue la primera obra que hiciste con Alicia Alonso?

Lo primero que hice con Alicia y el Ballet Nacional de Cuba fue La fille mal gardée, estaba recién graduado del curso de diseño que había dado Rubén Vigón. El decidió hacer en La Rampa, en un comercio fotográfico, una exposición de los trabajos de los diseñadores que habían tomado el curso, invitó a esa inauguración a directores teatrales y coreógrafos para que vieran el trabajo que habían hecho sus alumnos; se quedaron muy impresionados con ver que podíamos mostrar trabajos tan interesantes. Hasta ese momento, en la mayoría de los espectáculos que se hacían aquí todo se solucionaba con telonerías pintadas; como era habitual en el siglo xix, y en lo que se conoció aquí como la escuela catalana de escenografía, en eso se destacó mucho Luis Márquez.

Yo venía haciendo pininos en el espacio y en las formas, y el profesor Rubén Vigón, que había estudiado en la Universidad de Yale diseño escenográfico, nos inculcó los nuevos procederes, las nuevas materias, los materiales, cómo él entendía que debíamos trabajar en un futuro.

Esa imagen que dimos los diseñadores, entre los cuales se destacaron, modestia aparte, Rolando Moreno y yo, que presentamos proyectos muy interesantes, a muchas personas les llamó la atención. Entre esos estaba Alicia Alonso, quien se quedó muy impresionada por la gran cantidad de proyectos interesantes que habíamos concebido los diecisiete egresados.

 

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Alicia Alonso en “La fille mal gardée”

 

Pasado un mes y pico recibo una invitación del Ballet, quería que diseñara La fille mal gardée, porque ellos tenían un viaje al extranjero y su vestuario ya no era el adecuado. Hice los diseños, fueron de la satisfacción de Alicia, y aquí viene la primera anécdota: cuando le presenté los diseños del traje de Lissette, el personaje protagónico, me dijo: “El primero me encanta, pero el segundo no me gusta nada, nada, nada”. Le digo: “Ay, Alicia, ¿pero cuál es el motivo para que no?”. Me sorprendí que treinta diseños sí le hubieran gustado, le pareció muy gracioso el personaje del bobo, yo lo concebí con el vestuario del cuadro El niño azul, de Gainsborough, y ella lo reconoció enseguida. Le llamó la atención cómo había hecho esa fusión de un personaje de ballet con un cuadro famoso de la pintura inglesa, pero seguía insistiendo en que el traje del segundo acto no le gustaba, le dije: “Bueno, cuando usted lo vea sobre su figura verá que le va a gustar”. Ella lo acató sin reservas, y cuando se hizo la prueba me dijo: “Sigo diciéndole que no me gusta nada”. Entonces le dije: “Bueno, Alicia, yo lo siento mucho, estamos a dos días del estreno y no se puede cambiar un traje”. Me dijo: “Yo voy a bailarlo pero después tenemos que hablar”. Se estrenó y a los pocos días yo me olvidé por completo de aquello. Como a los dos meses me manda Alicia una nota: “Arrocha, reponemos. Tenemos próximamente una función y quiero ver el diseño que usted se comprometió a hacerme de La fille mal gardée”. Yo no había hecho nada, le dije: “Para este reposición no puede ser, pero le prometo que después se lo voy a hacer”. Como el diseño no llegaba me manda la nota que me dice: “He bailado en dos temporadas con un vestuario que no me gusta nada, si para la reposición que tenemos dentro de tantos meses, usted no me diseña otra cosa, Arrocha, me la voy a diseñar yo”. Ante esa nota yo dije: “Espérese, ahí va el diseño”, se lo hice, le gustó mucho y bailó con él.

Ella tenía unas funciones de Giselle pero el vestuario no le gustaba nada, preguntó si yo podía hacer algo, eran momentos en que no había nada y todo se hacía con material de vestuario de Recuperación de Valores del Estado. Podías tener una camisa cifrada con las iniciales de Batista en el brazo o en el puño, como eran los trajes de la alta burguesía que se fue del país. Traté de cambiar algunos tejidos, cambiar algunas cosas, y salió una Giselle decente, que queda patentado por el filme que hizo Pineda Barnet sobre la Giselle.

 

“Giselle”, Ballet Nacional de Cuba

“Giselle”, Ballet Nacional de Cuba

 

A los dos o tres años el ballet Nacional de Cuba recibe una invitación al Festival de París, y me dice Alicia: “Arrocha, queremos llevar Giselle, pero no con eso que usted hizo con retazos, quisiéramos una concepción a tono con el Festival”. Diseñé una puesta que fue muy bellamente concebida, ella hizo cosas donde resaltaba más el vestuario, y el resultado fue que ganó el Grand Prix como obra integral, no solamente por interpretación. Imagínate, Alicia en Giselle, Aurora Bosch como Reina de las Willis, estaba el trabajo mío de escenografía y Fernando Alonso hizo el Hilarión.

 

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Lo último que hice con el Ballet fue la puesta de El lago… que recibió el Grand Prix. Después alguien determinó que los diseñadores debían estar adscritos a los grupos y no a los talleres, en esa rebambaramba ellos pensaron que otro diseñador les gustaba más, y yo pensaba que a mí me gustaba más el Conjunto de Danza Moderna.

 

¿Qué recuerdas del carácter de Alicia?

Con Alicia, yo siempre la estaba provocando, porque ella es una persona de una agilidad mental proverbial, y cualquier cosa que uno le dijera ella tenía una respuesta pronta, inmediata y certera.

Cuando se estrenó aquí El lago de los cisnes, que fue muy aparatosa por la opulencia y las cosas que se vieron en escena, hablé con un teatrista que me dijo: “Ay, Arrocha, pero eso más que para un ballet, eso es un Shakespeare, tienes que diseñar algo para el teatro dramático que sea así”. Le digo: “Pero es que no me han llamado nunca para el teatro dramático”. A los dos o tres días voy al Ballet por no sé qué, y le digo: “Ay, Alicia, usted sabe que a un teatrista que fue a ver la función le gustó mucho la puesta suya y le agradó mucho el vestuario mío, y me dijo que era más propio para un Shakespeare que para un ballet”, y ella me dijo: “¿Qué Shakespeare, los que hacen aquí?”

11 de marzo de 2018, Alamar

 

Nota:

Fragmentos del diálogo con el maestro Eduardo Arrocha sobre su extensa obra como diseñador de danza y teatro. Aquella mañana del 11 de marzo de 2018, estuvieron presentes Thais Gárciga, Diane Martínez, Doria Alderete, Marilyn Garbey, Jorge Brooks, Lázaro Benítez, José Ernesto Mosquera.

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