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De la casa de Don Francisco Pons al Museo de la Música (II)

3 de octubre de 2016

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03Museo de la Música

 

Mientras la familia ocupó el palacete, la prensa supo describir hasta el detalle sus salones, su vida social y el esplendor de la residencia. Su hija y su yerno, Ernesto Pérez de la Riva, fueron quienes la disfrutaron como un verdadero regalo.
Sin embargo, distintamente a la fastuosidad  y el oropel de su vida, Francisco Pons pedía a sus familiares despedirse de la misma lo más austero posible, así lo expresó en su testamento: “Recomiendo a mis herederos muy especialmente, la mayor modestia en mi entierro pues es mi deseo esté desprovisto de toda vanidad y ostentación”.

 

01Antigua.Salón

 

De ese modo, en 1912, la señora Catalina Pons y Vidal de Pérez de la Riva, casada en únicas nupcias con el señor Ernesto Pérez de la Riva y Conill, inscribía a su favor el usufructo de esta finca hasta que sus menores hijos, Francisco y Catalina Pérez de la Riva y Pons, arribasen a la mayoría  de edad. Seis años más tarde, lo nietos de Don Francisco, representados por su padre y abogado Ernesto Pérez de la Riva, compran la casa Aguiar Nº 6 para ampliar su construcción, esta vez bajo la dirección facultativa del arquitecto Lorenzo Rodríguez y más tarde Arturo Marques.  Las obras consistían en la construcción de una casa baja con garaje y principal con habitaciones, anexa a la contigua, que mantendría además el mismo orden en fachada.  Se dice que las casas de Habana 5 y 7, antes 3 y 5, respectivamente, fueron reedificadas por Ernesto en igual fecha.
En mayo de 1918 concluyeron las obras de la referida ampliación y al mismo tiempo comenzó un litigio que puso en peligro la propiedad de la familia. Se había constituido hipoteca sobre la finca a favor del señor Aniceto Uraín y Bilbao, por la suma que quedaron debiendo al propietario de Aguiar 6  cuando la compra-venta de la misma.

 

02Museo de la Música

 

En noviembre de 1930 este señor hizo anotación preventiva de embargo sobre la casa y en 1931 la llevó a pública subasta sin presentación alguna de postor, por lo que Don Aniceto Uraín y Bilbao se adjudicó el título de la propiedad de este inmueble. En 1933 la señora Catalina Pons y Vidal cursaba un juicio contra el señor Uraín y Bilbao y sus hijos para anular las escrituras entre ambas partes, infiriendo con ello su contrariedad con las operaciones realizadas y el hecho de haber arriesgado el patrimonio construido por el patriarca familiar, Don Francisco Pons. Finalmente, esta demanda es anulada y en lo adelante la familia Pérez de la Riva y Pons hacía uso de parte de “su inmueble” en condiciones de arrendatarios.
Mediante una opción de compara-venta, la señora Catalina Pons y Vidal vuelve a inscribir el dominio de su finca de Aguiar y Habana, para traspasarlo, en marzo de 1936 y en condiciones de venta, al Estado Cubano. La residencia sería en lo adelante la nueva sede de la Secretaría de Estado, ubicada hasta entonces en el antiguo Colegio de Belén. El precio convenido fue el de $ 121.000, incluyendo parte del mobiliario y otros enseres, pagando una suma el día de la escritura y el resto constituyendo hipoteca voluntaria sobre el inmueble. El incumplimiento de dichos pagos hizo que la señora Catalina Pons y Vidal embargara la finca y no fue hasta que el Estado Cubano pagó la suma del capital de la hipoteca más los intereses incluidos, que volvió a registrar el dominio de la casa, constando así en los asientos del Registro de la Propiedad hasta octubre de 1959.

 

06Museo de la Música Salas

 

La familia se trasladó hacia otras zonas de mayor jerarquía residencial y cultural, como el Vedado, sitio al que se traslada la propia Catalina Pons y Vidal vecina ahora del Edificio “América”, en 27 y N. Sus hijos, principalmente los varones, fueron destacados intelectuales que hicieron valiosos aportes a las letras cubanas: Francisco, abogado y Juan Pérez de la Riva, historiador y geógrafo, ambos con importantes publicaciones de sus especialidades. Este último, no reza en la mayoría de los acontecimientos  plasmados en los  expedientes de archivo por ser  entonces el miembro más joven de la familia.
Luego del triunfo revolucionario de 1959 el inmueble es intervenido y se convierte en la sede de la Policía Marítima, más tarde Guardafronteras. Estas dependencias  del Ministerio del Interior realizaron transformaciones de modo indiscriminado, devaluando considerablemente el edificio. Las variaciones más violentas fueron el techado de los dos patios interiores, restando con ello ventilación y luz a todos los espacios  en su derredor, y la alteración de la carpintería original; igualmente presentaba subdivisiones interiores, sobrecarga de elementos agregados en azotea y la cúpula que se halla en dicho nivel sufría grietas y desplomes de la superficie casetonada que reviste su interior. En 1971 es propuesto para acoger el Museo Nacional de la Música, pero no es hasta 1981 en que abre sus puertas como tal, después de un proyecto de intervención dirigido por el Arq. Daniel Taboada. En esencia, se pretendía la recuperación de la distribución original de los locales, adaptándolos  a la nueva función, de manera que la planta alta quedara ampliamente dispuesta para las exposiciones y la baja para sala de conciertos, áreas de  circulación, oficinas y almacenes. Como carta de presentación del nuevo museo quedaban salvados sus portales como vía privilegiada para el tránsito público y su bella logia como infinito balcón a la ciudad y  el mar.

 

05Museo de la Música

 

Actualmente se encuentra en proceso de rehabilitación bajo la dirección facultativa de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Con ello le será devuelto al antiguo palacete su mejor esplendor, en tanto, sus salas seguirán ofreciendo al público un recorrido mágico por la historia de nuestra música y los instrumentos musicales desde el siglo XVI hasta el XX. Con un concepto museográfico renovador y ameno, esta hermosa residencia habanera de principios del siglo XX, que también aparece con la dirección postal de Capdevila Nº 1, exhibirá sus colecciones de instrumentos, libros y documentos relacionados con la temática, entre los que se destacan las partituras originales de Gonzalo Roig, Alejandro García Catarla y Amadeo Roldán., sin olvidar, el libreto de la ópera El Naúfrago, de Eduardo Sánchez de Fuentes y una réplica del más antiguo ejemplar del Himno Nacional. Por su parte, la sala Fernando Ortiz seguirá siendo una invitación al conocimiento de los instrumentos afrocubanos y el piano de Bola de Nieve una evocación al recuerdo de Mesiè Julián. Así, entre lo folclórico, lo clásico, lo raro y lo maravilloso, se develará una nueva etapa para el museo cuando este reabra sus puertas.

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