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Christine Jorgensen

21 de febrero de 2018

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Las primeras noticias llegaron en 1951 y provenían de Copenhague, la capital de Dinamarca, donde al ex soldado norteamericano George William Jorgensen Jr le practicaron varias cirugías, incluidas las de carácter genital, para en adelante convertirse en Christine Jorgensen, como era su deseo.

La historia de Christine, de 25 años, dio la vuelta al mundo, traída y llevada por los cables de prensa, acompañada de numerosas fotografías. Jorgensen dejó de tener vida privada para convertirse en una celebridad pública, si bien esto parecía estar dentro de los planes de la muchacha, quien había crecido como varón en el Bronx, Nueva York.

En su autobiografía de 1967, el autor-autora se describió como “un muchacho frágil, rubio, introvertido, que huía de las peleas a puñetazos y los juegos rudos”. Sin embargo, en 1945 se alistó en el Ejército de los Estados Unidos y participó en la Segunda Guerra Mundial. Una vez cumplido su servicio asistió a varias escuelas y tuvo diversos trabajos. Entonces supo acerca de la posibilidad de someterse a cirugía para cambiar de género. Solicitó un permiso especial, viajo a Europa y en Copenhague se sometió a las operaciones exitosas que comenzaron en 1951. Una vez conseguido este propósito lógicamente también cambió su nombre y pasó a ser Christine Jorgensen. Ciertamente toda su vida cambió en adelante. A su regreso a Estados Unidos y dada a conocer la noticia en diciembre de 1952, esta se convirtió en titulares de la primera plana de los diarios.

Christine Jorgensen puso su fama y sinceridad al servicio de aquellas personas interesadas en cambiar su género. También inició una carrera artística que la llevó al cabaret, en clubes nocturnos y a grabar varias canciones. A La Habana llegó en 1953, invitada por el empresario y coreógrafo de Tropicana Roderico Neyra, el célebre Rodney. La prensa del 17 de octubre de aquel año informa que arribaba procedente de Miami. Hubo más expectación y especulación al respecto que interés real en comprobar las facultades artísticas de Christine Jorgensen, cuyas fotos alcanzaron gran despliegue en revistas como Bohemia.

Y aunque prevaleció la curiosidad, se impuso un invariable respeto a la artista, lo cual no fue óbice para que la Orquesta Aragón pusiera música a un chachachá cuya letra humorísticamente advertía que “pa´su escopeta yo no voy a Dinamarca, porque me cambian la marca…”

Murió el 3 de mayo de 1989, a los 63 años. Sobre Christine Jorgensen se han escrito libros, se han filmado películas, se han impartido ciclos de conferencias. No hay duda de que se trató de una mujer valiente, decidida y que no solo abrió el camino a las operaciones transgénero sino que alertó sobre la necesidad del respeto a la diversidad y la tolerancia entre los seres humanos.

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