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Bobby Maduro y su legado al béisbol

27 de septiembre de 2013

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Roberto “Bobby” Maduro fue uno de los mayores promotores que tuvo el béisbol profesional cubano, durante las décadas del cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Este empresario estuvo vinculado a varios momentos inolvidables de la pelota nacional, como la construcción del Gran Stadium del Cerro, en 1946, y la formación de los Cuban Sugar Kings que jugaron en la Liga Internacional Clase AAA.
Maduro nació el 27 de junio, en 1916, en La Habana, y su familia, de origen judío, tenía mucho dinero, por diversos negocios, desde la producción azucarera hasta la propiedad de una línea de ómnibus. Esto le permitió a Bobby estudiar en Estados Unidos, primero para culminar el preuniversitario, en Carolina del Norte y, luego, en 1934, entró en la Universidad Cornell, en la carrera de ingeniería; aunque no llegó a terminarla.
En su juventud, como sucedía con casi todos los jóvenes de las familias ricas, Maduro se inscribió en uno de los clubes más aristocráticos, el Vedado Tennis Club. Allí jugó béisbol amateur, como primera base del equipo “Los Marqueses del Vedado”.
No obstante, el legado de Maduro al béisbol cubano no fue como jugador, sino como empresario. Su dinero, junto al de sus amigos Miguelito Suárez y Emilio de Armas estuvo detrás de la corporación que financió la construcción de una nueva y moderna instalación: el Gran Stadium del Cerro, un proyecto terminado en octubre de 1946 y que costó casi 2 millones de pesos, una cifra que representaba una enorme fortuna para ese tiempo.
El interés de Maduro por los negocios vinculados con el béisbol lo llevó a convertirse, antes del comienzo de la temporada 1949-1950, en copropietario de los Elefantes de Cienfuegos, junto a Emilio de Armas y otro millonario, Luis Parga, quien era el dueño de la empresa de venta de productos deportivos, conocida como “Casa Tarin”.
Los negocios continuaron creciendo y, en mayo de 1953, Maduro pasó a ser el dueño mayoritario de los Havana Cubans, un equipo que participaba en la Liga Internacional de la Florida. Por esta operación Maduro pagó 40 mil dólares a Clark Griffith, propietario de los Senadores de Washington, en las Grandes Ligas; pero Bobby tenía mayores aspiraciones y su siguiente paso fue todavía más atrevido: logró el control económico sobre una selección que participaba en la Liga Internacional Clase AAA y luego la trasladó hacia La Habana. Así nacieron los Cuban Sugar Kings o los Reyes Cubanos del Azúcar.
La idea de Maduro, al colocar en la capital cubana a una franquicia de AAA, era, en un futuro quizás no tan lejano, convertir a esa selección en un club de Grandes Ligas. El eslogan utilizado por los Cuban Sugar Kings ilustra perfectamente ese plan: “Un paso más y llegamos”.
La influencia y, lógicamente, el dinero de Maduro posibilitaron, en 1954, el viaje a La Habana de los Gigantes de Yomiuri, el primer equipo japonés que vino a Cuba. Por esa fecha, Maduro vendió a los Elefantes de Cienfuegos, probablemente con el objetivo de concentrar todos sus esfuerzos en el desarrollo de los Sugar Kings.
En agosto de 1954 se concretó un acuerdo entre los Sugar Kings y los Rojos de Cincinnati, de la Liga Nacional. De esta manera, los Reyes prácticamente se convirtieron en una sucursal de los Rojos. Además, el acuerdo también abrió las puertas para que varios peloteros cubanos militaran, en los años siguientes, en las filas de Cincinnati.
El momento más memorable para los Cuban Sugar Kings ocurrió en 1959. Un año antes, el equipo finalizó en la última posición de la Liga, pero en la siguiente temporada logró el tercer puesto, con récord de 80 triunfos y 73 fracasos. En los playoff venció primero a Columbus y luego a Richmond, por lo que ganó el derecho a disputar la Pequeña Serie Mundial, contra los Minneapolis Millers.
La Pequeña Serie Mundial fue espectacular y terminó con el triunfo de los Sugar Kings, en el final del noveno inning, del séptimo encuentro, desarrollado en el Gran Stadium del Cerro. La victoria provocó una gran celebración en la capital, pues aunque en el equipo militaban varios peloteros estadounidenses, los fanáticos cubanos lo sentían como una selección local.
La historia de los Sugar Kings no concluyó de la mejor manera. El 8 de julio de 1960, Maduro expresó su decisión de mantener al equipo en La Habana, aunque las autoridades de la Liga Internacional tenían otra idea, en un momento en que había escalado el tono ofensivo y las acciones de Washington sobre el gobierno revolucionario.
El 9 de julio, la Liga Internacional, a través de su presidente, Frank Shaughnessy, anunció el movimiento de los Sugar Kings hacia Jersey City para, supuestamente, “proteger a los jugadores”. De acuerdo con Maduro, este fue un gran error, porque el béisbol establecía un fuerte vínculo entre los dos pueblos.
Maduro se radicó definitivamente en Estados Unidos en 1961. Allí se mantuvo vinculado al béisbol, como propietario de los Jacksonville Suns, que también jugaban en la Liga Internacional y, luego, como Director de la Oficina de Relaciones Interamericanas de las Grandes Ligas, donde trabajó como “coordinador entre las ligas profesionales latinoamericanas y el béisbol organizado estadounidense”.
En octubre de 1986, poco después de cumplir 70 años, un tumor cerebral inoperable terminó con la vida de un hombre que, junto a Abel Linares, puede ser considerado como uno de los empresarios más reconocidos en la historia del béisbol cubano.

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