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Bartolomé Crespo Borbón

28 de febrero de 2018

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El-Teatro-bufo-cubano

 

El nombre del escritor y dramaturgo español Bartolomé Crespo Borbón puede resultarnos hoy prácticamente desconocido, salvo para los amantes del teatro bufo, pues se trató nada menos que del creador del personaje del negrito en los cuadros del teatro costumbrista del siglo XIX.

Crespo nació en La Coruña, Galicia, en 1811 y a Cuba no arribó hasta diez años después. Llegó recomendado al comandante general de la Marina, Ángel Laborde. En la Isla hizo estudios y fue discípulo del maestro don José de la Luz y Caballero. Se graduó de bachiller en el Seminario de San Carlos y comenzó estudios (inconclusos) en la Real y Pontificia Universidad de La Habana. Hasta ese momento nada hacía imaginar el rumbo que tomaría, ni se había proyectado su vocación literaria.

Todo comenzó por sus colaboraciones, que se publicaron en buena parte de la prensa cubana, que de cubana no tenía mucho porque la metrópoli colonial la controlaba. El Nuevo Regañón, La Gaceta, La Prensa, Noticioso y Lucero, El Faro Industrial y hasta el Diario de la Marina abrieron espacio a sus textos, de manera que se hizo conocido entre el público lector.

En el último de los periódicos citados, el Diario de la Marina, donde firmaba con diversos seudónimos, en especial el de Creto Gangá, ganó cierta notoriedad, pues fue bajo esta identidad que Crespo Borbón construyó el personaje de un negro pobre, antes esclavo, que hablaba en lengua bozal, aquella que con elementos de español y otras incorporaciones utilizaban los negros como forma de expresión y constituía una suerte de habla criolla. Sin duda que Crespo Borbón poseía el don de la observación y el de escuchar, porque una y otra virtud son indispensables para quien pretende escribir.

Su obra Apuros de Covarrubias fue puesta en escena por el propio Francisco Covarrubias en 1840. Otras piezas suyas fueron igualmente llevadas a las tablas, aunque no podemos ser muy exigentes con él si aceptamos como válida la opinión del crítico Max Henríquez Ureña, quien asegura no es de gran valor literario.

Sin embargo, la nueva visión aportada por el autor gallego a la literatura costumbrista cubana mediante la incorporación del personaje del negro bozal, que en modo alguno pretendía hacer críticas ni tener aires liberales, sí abría las puertas del teatro a la presencia del negro humilde. A partir de Creto Gangá, otros negros bozales se atrevieron a abrir sus bocas en personajes y situaciones teatrales, con lo cual se fueron perfilando los rasgos identificativos del negrito que desempeñaría un rol importante dentro del costumbrismo y el bufo cubanos.

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