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Antonio San Miguel y Segalá

14 de marzo de 2019

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Antonio San Miguel. El Fígaro, 1909

Antonio San Miguel. El Fígaro, 1909

 

Antonio San Miguel y Segalá es reconocido esencialmente como director de La Lucha, periódico liberal autonomista que vio la luz en La Habana del siglo XIX y en el cual se publicaron artículos políticos de carácter autonomista, noticias internacionales importantes, así como trabajos de corte literario e histórico. San Miguel llegó a ser el Decano de los Periodistas Cubanos. Colaboró, además, en las revistas El Fígaro y Vida Catalana. De igual forma, era apreciado como un hombre de negocios cuyo patrimonio no solo lo empleó en bien propio, sino también, en pro de los ideales patrióticos de la Isla, a pesar de su origen catalán. Antes de adquirir la casa de Cuba No. 14 entonces, vivía en la calle Monte No. 11 y estaba casado en segundas nupcias con la señora María de los Dolores Pardo y Arango.

Nació en Barcelona en 1852 y en 1869 llegó a La Habana –cuando solo contaba 17 años–, en plena conmoción política e iniciada la Guerra de los Diez Años.

En la capital cubana se radicó definitivamente y poco tiempo después se inició en el periodismo como redactor de La Discusión. En 1883, al ser procesado este diario por el Tribunal de Imprenta, debido a sus posiciones políticas liberales y su inclinación al autonomismo para Cuba, San Miguel asumió la dirección del periódico que indistintamente, durante la década de 1880 y por causa de la censura, fue nombrado de manera diferente: La Libertad, –fundado en 1882 por el notable literato y abogado Adolfo Márquez Sterling–, El Palenque, La Protesta, El Palique, entre otros, hasta llegar a La Lucha, en 1885, aún calificado como uno de los más importantes periódicos de la primera década republicana, pues se editó hasta 1930.

 

Caricatura. El Fígaro, 1888

Caricatura. El Fígaro, 1888

 

Por sus agudas críticas al sistema colonial español La Lucha sufrió varias multas y numerosas amonestaciones, a pesar de ello, su Redacción fue círculo donde se reunieron los líderes de las guerras por la independencia de Cuba como los Maceo, los Sanguily, los Collazo, entre otros. El propio José Martí publicó en sus páginas en 1887.

 

Redacción del periódico "La Lucha". "El Fígaro", 1909

Redacción del periódico “La Lucha”. “El Fígaro”, 1909

 

En sus talleres se imprimieron, entre 1888 y 1893, valiosos textos de autores cubanos como A pie y descalzo, de Ramón Roa; Episodios de la Revolución Cubana y Cromitos cubanos, de Manuel de la Cruz; y Desde Yara hasta el Zanjón, de Enrique Collazo, por solo mencionar algunos.

Instalado en edificio propio, ya para 1909 La Lucha poseía completos y modernos talleres, con departamentos de linotipias con once máquinas, de grabado y de estereotipia, y hasta una rotativa “Scott” en colores. Tenía un servicio exclusivo de cable que le proporcionaba las mejores informaciones mundiales del momento, y una sucursal en New York.

 

Caricatura de Antonio San Miguel. El Fígaro 1888

Caricatura de Antonio San Miguel. El Fígaro 1888

 

Las enérgicas campañas de La Lucha le valieron a su director varias causas así como depósitos en metálico y en bienes para fianzas. Aún así el periódico fue aumentando en popularidad y prestigio.

Como órgano eminentemente político, La Lucha defendió la cubanidad y la independencia plena de Cuba, reafirmando su posición, tanto en el primer período de intervención norteamericana como en las décadas siguientes. Sus editores representaron una corriente ideológica contraria al conservadurismo predominante en la esfera del poder político, al momento de la inauguración de la República en mayo de 1902.

 

Antonio San Miguel. El Fígaro, 1918

Antonio San Miguel. El Fígaro, 1918

 

Aparejada a su labor periodística y su entrega en las páginas de La Lucha, Antonio San Miguel invirtió en el renglón de los ferrocarriles y los tranvías, obteniendo con ello fama y fortuna en los primeros años del siglo XX. Asimismo incursionó en la política, y en las elecciones de 1908 obtuvo el acta de Representante por la Coalición Liberal en nombre de la provincia de Pinar del Río, cuyo sueldo lo dedicó a la educación de ocho niños de esa localidad. De ahí que en su tiempo también se le estimara como un hombre altruista, noble y generoso. Murió en La Habana el 8 de agosto de 1940.

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