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América Latina en el recurso sonoro. Retos y conflictos en el siglo XXl. (6)

23 de agosto de 2013

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Pienso que en Argentina, México, Venezuela y Puerto Rico, se estarán gestando instituciones afines. No es por gusto que el investigador cubano, Helio Orovio, en la introducción de su libro Música por el Caribe reseña: “(…) En más de una carátula de disco, tropecé de pronto, con un dato importante (…) Finalmente, la última palabra la dijeron las horas de audición y análisis –en vivo y en grabaciones- de la maravillosa música generada por los creadores e intérpretes de todo el Caribe (…)” [Las cursiva son mías JRF].
En atención al alto grado de acumulación de todo tipo de música latinoamericana grabada, existente en archivos (cientos de miles de registros), bibliotecas, fonotecas y otras dependencias afines a nivel mundial, quedará obligado a quien le corresponda la función de compilar, preservar y catalogar estas valiosísimas informaciones. Por lo que enfrentar el reto y desafío que deviene el recurrir a consultas multidisciplinarias y audiciones perentorias, junto a informáticos, discógrafos, musicólogos, etnomusicólogos, coleccionistas, músicos, sociólogos y otros especialistas.
De realizarse esto así en las instituciones latinoamericanas en formación, ¿Cuántos discos podrían procesarse diariamente? ¿Resulta posible el empleo de estos indicadores en su totalidad en los archivos latinos por crear o en instauración? Pensamos que por el momento resulta una labor casi imposible.
Entonces la catalogación sistemática de los registros sonoros históricos latinos, con relación a los de otros lugares, se torna harto complejo con relación, por ejemplo, a otros soportes informativos, como libros, partituras, u otros documentos que también recogen el patrimonio musical latino. Resulta entonces espinoso, cuando no complicado, el procedimiento de clasificación, o en su cualidad más ortodoxa, tal vez casi irrealizable.
Generalmente y a diferencia de lo que algunos creen, las etiquetas y portadillas de los discos latinoamericanos ofrecen muy poca información con relación a lo grabado; incluso las notas redactadas por reconocidos expertos, en ocasiones no constituyen verdaderas galaxias explicativas, pues en verdad, la propuesta de estos escritos, en ocasiones no se corresponde específicamente con lo grabado, y en ocasiones hasta cubren otra función.
Por otra parte, generalmente la consulta preliminar de viejos catálogos fonográficos comerciales, en ocasiones ofrece pobres resultados informativos, en principio, limitados a resúmenes de largas o medianas relaciones de puestas en circulación, para la comercialización de determinados discos prensados.
En muchas ocasiones, la búsqueda de viejos fonogramas latinos, con etiquetas desvaídas o borradas por el paso del tiempo, también nos enfrenta a un crucial dilema en ocasiones casi insoluble. Y algo aún peor: el encuentro con los discos u otros soportes fonográficos que por equis motivo, las disqueras latinas declararon como “fuera de catálogos”…
No obstante, la palabra de orden entre otros muchos retos y conflictos a enfrentar por la fonografía patrimonial Latinoamericana, es la de salvar para sí el mayor por ciento del patrimonio sonoro latinoamericano, cueste lo que cueste y a como de lugar como una posible configuración de archivos latinos y patrimoniales legítimos.

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