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Alcohol y género: ¿hay diferencias?

1 de agosto de 2014

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alcohol (Custom)Tradicionalmente el alcoholismo, se ha planteado como una adicción del hombre, pero hoy en día no es así. ¿Cuáles serían entonces, las causas principales que han llevado a este aumento del alcoholismo en la mujer a nivel mundial?
Las cifras actuales de alcoholismo en el mundo para la mujer, en comparación con el varón, hablan por sí solas, ya que están en una proporción de uno a tres, cuando hace dos décadas eran de uno a 10. Este hecho responde a múltiples factores que tipifican la enfermedad para el sexo femenino, sobre todo, a partir de una serie de causales, que no son precisamente, las que caracterizan a la misma en el caso de los varones.
El alcoholismo se puede presentar de forma temprana o tardía, el primero cuando se inicia antes de los 25 años, y el segundo, cuando se inicia y se aumenta el consumo a partir de esta edad.
En la etapa temprana, es decir antes de los 25 años, las motivaciones que llevan a los más jóvenes, al inicio de la adicción, hay que buscarlo en aspectos tan cotidianos en la vida de los seres humanos, como puede ser, la curiosidad, la rebeldía, esa que se presenta con frecuencia desde la misma adolescencia, es la búsqueda de libertad y de  disfrute de esta. En el orden de la sexualidad, existe también el aquello, de darle importancia en el mejoramiento del desempeño sexual frente a su pareja.
En lo referente al alcoholismo tardío, prevalecen como causas, los desordenes psicológicos, como pueden ser, las depresiones, la ansiedad, la baja autoestima, la presencia de crisis de sentimientos de culpa ante los más diversos eventos vitales, que la persona no ha sido capaz de asumir y de enfrentar, como puede ser el fenómeno del nido vacío, producido por el abandono del hogar por parte de  los hijos, divorcios o separación de la pareja; vida privada y familiar disfuncional.
El estrés mantenido, puede llevar también al inicio en la adicción al alcohol, sea motivado por una sobrecarga de responsabilidad en el trabajo profesional, acompañado del estrés que le produce su rol social.
En el caso de las mujeres hay una agravante que incide en la situación y es la tendencia a ocultar los síntomas de la enfermedad dada la represión socio moral que aun se establece para la mujer alcohólica, a pesar de que en ella, por sus peculiaridades bioquímicas, hay una mayor predisposición a desarrollar la misma con mayor rapidez que en el hombre. Asimismo, la tendencia a considerar la enfermedad como típicamente masculina, limita el diagnóstico. Las pacientes solicitan ayuda en estadios avanzados de deterioro, o solo cuando aparecen las complicaciones tardías, cuando ya son  irreversibles, es decir, que ya han terminado en una cirrosis hepática, una pancreatitis aguda, o una vasculitis, entre muchas otras.
Por todo ello, no solo es importante divulgar las características y causas típicas de la enfermedad en el sexo femenino, con vistas a desarrollar una correcta labor preventiva, sino también, se impone y se hace necesario y urgente romper con los tabúes y tradiciones que todavía persisten con relación a la mujer y el alcohol.
Tanto en el varón como en la hembra, ha de ser igual el proceder, porque incluso, las motivaciones casi siempre son las mismas, pero las tradiciones culturales, el machismo, y toda una serie de prejuicios sociales que existen, hacen verlo en la mujer como algo pecaminoso, mientras que en el hombre, es la misma sociedad, los que le rodean, quienes le justifican, hasta cierto punto su adicción, no sin dejarlo de rechazar, pero cuando se valora cualquier adicción en la mujer, se hace de forma más severa.
Te pueden decir del hombre, es un mal padre, siempre esta borracho y no atiende a los hijos, todo se lo gasta en alcohol, pero no con la severidad que se producen estos juicios cuando se trata de que es la mujer la del problema de alcohol, o de  otras adicciones.
En la mujer, que tiene la misma obligación de atender a los hijos como el hombre, las expresiones son más duras, la sanción es más violenta, y casi nunca la clasifican como la infeliz que desesperadamente terminó en el alcohol, sino como la desvergonzada que ha terminado siendo una alcohólica, la mala madre. La percepción que hay en la sociedad de ella, es mucho más terrible, más oscura que con el hombre, independientemente de que uno y otra se rechace y hagan daños iguales a los hijos, a la familia y a la sociedad.
Definitivamente los problemas culturales y de género, determinan no solo en la prevención, sino también en el diagnóstico a tiempo, en la recuperación, y sobre todo en la aceptación de la mujer que padece de alcoholismo, pero dentro de todo esto, el origen de la prevención o del control cuando ya existe está precisamente en la familia. De ello estaremos conversando la próxima semana.

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