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Aceptar los errores

16 de noviembre de 2018

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RHX

 

Con mucha frecuencia en mis conversaciones, ya sea en lo personal, como en lo profesional o en cualquier otra circunstancia digo una frase que me parece esencial y es que “todos debemos ser responsables de nuestros actos”, y si mal no recuerdo hace algún tiempo escribí algo sobre el tema, pero lo retomo –como en otras ocasiones– porque hay más cosas que decir.

Expresar esta frase es fácil, pero ser consecuente resulta mucho más complicado, además existen las consecuencias inmediatas y las que pueden aparecer a largo plazo y en las que tal vez no recordamos el origen de la misma y le achacamos la responsabilidad o la culpa a otras personas, a la vida, a que los padres no nos enseñaron, a que el entorno nos fue hostil o simplemente acudimos a la tan manida “mala suerte”, lo que resulta muy efectivo porque la mala suerte no se puede defender y entonces nos sentimos aliviados porque “yo no fui la culpable, es que yo tengo mala suerte” y eso trae un alivio para los que gustan de análisis superficiales o sencillamente no la piensan bien, lo cual, a la larga o la corta perjudica más de lo que beneficia.

¿Por qué digo esto? Veamos las consecuencias inmediatas de nuestros actos y que podría parecer que no se podría evadir la responsabilidad; Dejamos un recipiente con agua caliente en la meseta de la cocina y alguien se quema. El evasivo tendrá una actitud extrapunitiva y en vez de aceptar que cometió un error, culpa a la víctima que “no se fijó que había agua caliente“ y si es un niño el afectado, pues allá va a decirle a otro adulto que debió supervisar al menor e incluso si ese niño es su hijo es capaz de decirle “yo te he dicho que no te acerques a lugares donde hay peligro” Conclusión, que la evasión entraña el peligro del “no aprendizaje” y de repetir los mismo errores, y en términos de estrés a esta conducta se le denomina “estilo de afrontamiento dirigido a las emociones”, porque se libera de las emociones negativas que genera al culpa de ser responsable de algo como eso. Pues si eso ocurre en una conducta evidentemente del tipo “estímulo-respuesta”.

Ahora bien, la situación es mucho más complicada cuando lo que origina una consecuencia se encuentra lejos en el tiempo, porque ahí resulta mucho más fácil impugnar a otros que tal vez ni se encuentran para defenderse y a esto se le suma que el tiempo puede distorsionar la realidad. Así, que las razones que un hijo adolescente delinque y donde el origen puede hallarse en que la educación que recibió tuvo un peso muy importante en el que cometiera delito. Hay padres que buscan las causas en las malas compañías, en que el muchacho no sabía, es muy ingenuo, además que también minimizan el hecho y lo catalogan como un error o injusticia de la justicia. Las conclusiones son las mismas de la negación de las consecuencias a corto plazo y es que no se aprende. Y si no se aprende, no se mejora, no somos capaces de aprender de los errores, y esta frase que dice que los errores enseñan es muy popular y muy sabia.

La evasión puede que funcione en algunos momentos de la vida, si por ejemplo se evade una pelea porque se sabe de antemano que no va a beneficiar el enfrentamiento o me alejo de personas que me afectan, que no me ayudan, pero de los que hacemos, ya sea por inexperiencia, por mala actitud, por indiferencia, por irresponsabilidad, ciertamente que “duele” aceptarlo y muchas veces hasta hay que pagar las consecuencias, porque otras personas nos ponen sanciones afectivas, se alejan de nosotros, nos critican, pero definitivamente es mucho más sana la aceptación y el análisis de porqué nos equivocamos, ya que es el principio que nos permite aprender a no hacerlo más de esa forma, y eso da mayor felicidad porque pensamos en los demás, en no hacerles daño y en su felicidad, lo que es muy altruista.

Si esos errores y sus consecuencias nos afectan a nosotros mismos, como puede ser una inadecuada elección de pareja, de trabajo, de amigos, queda claro que ver, analizar en que nos equivocamos, va en beneficio personal y nos permitirá tomar decisiones más inteligentes y felices.

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