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Pedro Albizu Campos

13 de enero de 2021

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El 10 de octubre de 1927 pronunciaba don Pedro Albizu Campos ante la estatua de José Martí en el Parque Central de La Habana, uno de sus encendidos discursos en que se preguntaba así: “¿Está Cuba contemporánea a la altura moral de los pies de esta estatua?” Y después de repetir una y otra vez la candente pregunta, añadía: “¡Señores, no lo está!”.

A las autoridades de Machado no le gustaron en nada aquellas frases encendidas del patriota puertorriqueño, y mucho menos su presencia en La Habana, de manera que don Pedro tuvo que refugiarse en la Embajada de México y abandonar el país.

Sin embargo, aquí quedó la Junta Pro Independencia de Puerto Rico, que presidía Enrique José Varona, con otros cubanos ilustres en importantes cargos. Viene al caso lo que de Pedro Albizu Campos escribió el ensayista Juan Marinello:

“Fue en verdad una singular coincidencia de nuestras virtudes esenciales, una exaltación superior, pero orgánica, del perfil de nuestras tierras. Don Pedro había nacido para encarar, en un enfrentamiento erguido y radical, el destino de sus islas en una de las más decisivas coyunturas americanas”.

De aquí de Cuba, partió el prócer boricua hacia México, Perú y Venezuela, como parte de su periplo continental en favor de la independencia de Puerto Rico. El 11 de mayo de 1930 don Pedro fue elegido presidente del Partido Nacionalista de su patria y dos años después decidió incorporar su partido a la pugna eleccionaria, gestión cuyo resultado no contribuyó sino a convencerlo de que la vía revolucionaria era el único camino ante sí. En adelante, Albizu se convirtió en vocero y representante de los obreros azucareros durante su huelga de 1934 contra las compañías norteamericanas. Convertido en símbolo de rebeldía, se le procesó y condenó a varios años de cárcel.

Don Pedro no regresó sino al cabo de once años de prisión y destierro. Pero cuando lo hizo, una enorme multitud lo aguardaba para aclamarlo. Entonces exclamó: “La ley del amor y del sacrificio no admiten de ausencias. Yo nunca he estado ausente de Puerto Rico.”

Vigilado, perseguido y vuelto a encarcelar, Pedro Albizu Campos pasó buena parte de su vida en prisiones. Solo a pocas semanas de su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1965, y hallándose muy enfermo, fue liberado. Sesenta mil compatriotas acompañaron sus restos al cementerio.

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