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José Martí sobre y la niñez y la juventud en los seres humanos

17 de noviembre de 2020

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José Martí le concedió una importancia vital a la debida formación de los seres humanos desde las etapas de su niñez y juventud.

Él enfatizó que cuando no se ha cuidado del corazón y la mente en los años jóvenes, bien se puede temer que la ancianidad sea desolada y triste.

Martí tuvo en cuenta que los niños y jóvenes constituían la mayoría de la población que habita en cualquier país y en el mundo en sentido general.  Precisamente en el trabajo titulado “Músicos, poetas y pintores”, publicado en la segunda edición de la revista La Edad de Oro, en agosto de 1889,   manifestó en forma categórica que el  mundo tiene más jóvenes que viejos y en correspondencia con esto no es de extrañar que se preocupase porque las más jóvenes generaciones se capacitaran y asimilaran los hábitos y costumbres que les permitiesen una debida preparación basada en sólidos principios.

En diversas ocasiones, en los trabajos que publicara en periódicos y revistas con los cuales colaboró, expuso otras significativas consideraciones en torno a los niños a los que consideró como la esperanza del mundo y a la juventud, la que catalogó como la edad del crecimiento y del desarrollo, de la actividad y la viveza, de la imaginación y del ímpetu.

Él planteó que la actividad es el símbolo de la juventud.

También señaló que cuando se es joven, se crea, en un comentario que hiciera sobre  la obra dramática “Los Maurel”, de Roberto Esteva.

Este comentario salió publicado en la  Revista Universal, de México, el 4 de enero de 1876.

Algunos años después en una de sus colaboraciones para el periódico norteamericano The Sun, en su edición correspondiente al 30 de octubre de 1881, en el trabajo titulado La carrera y las obras del español Eduardo Zamocaois, hizo el siguiente planteamiento: “La juventud  es una mariposa medio enloquecida; quema  en la primera luz sus  alas frágiles y la carga delicada de sus ensueños.”

Martí no sólo expresó conceptos generales en torno a lo que para él significaba la juventud, sino también se refirió a cómo debía actuar.

Y un ejemplo de ello fue  lo que patentizó en una de sus crónicas dirigida a La Nación, de Buenos Aires, Argentina, la reflejada en la  edición del 16 de agosto de 1889, en la que manifestó: “La juventud ha de ir a lo que nace, a crear, a levantar, a los pueblos vírgenes, y no estarse pegada alas faldas de la ciudad como niñotes que no quieren dejarle a la madre el seno.”

Durante su etapa juvenil de Martí ya había hecho realidad una gran parte de lo que después fuera capaz de plantear en torno a ese período de la vida de los seres humanos.

Supo incluso encarar con entereza momentos particularmente difíciles de su existencia, y ello se puso de manifiesto cuando tan sólo con 17 años padeció por sus convicciones patrióticas el presidio político y la realización de trabajo forzado en la entonces Canteras de San Lázaro, donde en la actualidad funciona el centro identificado como Fragua martiana.

Precisamente cuando iba a ser trasladado de la cárcel donde estuvo varios meses hasta que se le celebrara el juicio, hacia el Presidio Departamental de La Habana donde  debía cumplir la condena que se le había impuesto en un breve poema señaló:

                             Voy a una casa inmensa en que me han dicho

                             Que es la vida expirar,

                             La patria allí me lleva. Por la patria,

                             Morir es gozar más.

Esta firmeza y ese compromiso con la causa de su tierra natal lo patentizó en esa ocasión  así como en otros instantes de la etapa de su juventud puesto que desde la propia prisión en dedicatorias que le puso a retratos suyos dirigidos a su querida madre Leonor Pérez, y a su entrañable amigo Fermín Valdés Domínguez, haría reflexiones bastante similares a lo expuesto en el fragmento del poema citado.

Por ejemplo, en el caso de la dedicatoria en el retrato a  Fermín le manifestó:

                    Hermano de dolor, no mires nunca

                   En mí al esclavo que cobarde llora;

                   Ve la imagen robusta de mi alma

                   Y la página bella de mi historia.

 

Y a su querida madre le aseguró:

                    Mírame, madre, y por tu amor no llores;

                   Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,

                   Tu mártir corazón llené de espinas

                   Piensa que nacen entre espinas flores.

 

Meses después tras múltiples gestiones realizadas por sus familiares y un influyente amigo se logró la excarcelación de Martí, pero entonces con tan solo próximo a cumplir 18 años se vio alejado de su tierra natal, al haber tenido que marchar hacia España en calidad de deportado.

Fue otro período significativo de su existencia en el que nuevamente demostró la firmeza de sus convicciones puesto que aún en el seno de la metrópoli española publicó primero un folleto titulado El Presidio Político en Cuba en el que denunció las atrocidades que se cometían contra los prisioneros políticos en Cuba y dos años después, tras ser instaurada la República en España, patentizó en un trabajo el derecho que tenía el pueblo cubano que se respetase el derecho a la independencia por parte de las  nuevas autoridades españolas.

El joven Martí entonces resaltó en el citado trabajo que tituló “La República española ante la Revolución Cubana”: “Mi patria escribe con sangre su resolución irrevocable. Sobre los cadáveres de sus hijos se alza a decir que desea firmemente su independencia. Y luchan, y mueren. Y mueren tanto los hijos de la península como los hijos de mi patria. ¿No espantará a la República española saber que los españoles mueren por combatir a otros republicanos?”

Y más adelante  expresó: “Y si Cuba proclama su independencia por el mismo derecho que se proclama la República, ¿cómo ha de negar la República a Cuba su derecho de ser libre, que es el mismo que ella usó para serlo? ¿Cómo ha de negarse a sí misma la República? ¿Cómo ha de disponer de la suerte de un pueblo imponiéndole una vida en la que no entra su completa y libre y evidentísima voluntad?

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