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La vida como mercancía

27 de mayo de 2020

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Desde que Lenín Moreno se alió con la derecha y encadenó a Ecuador al Fondo Monetario Internacional, las corporaciones transnacionales han ocupado los espacios, las especies y los recursos, y, en esa comprensión, se traduce el problema actual de la pandemia del coronavirus, particularmente, porque la salud se ha convertido en una mercancía.

Lamentablemente, perdura el colonialismo y el monismo jurídico en el que se asienta el Estado moderno, donde surge el capitalismo, encasillándose el bienestar, pero del proyecto económico llamado “progreso”, nada más falso demuestra el acuerdo entre el FMI y Moreno.

Esto implica menos demanda (consumo) y un estancamiento o retroceso de la economía. El FMI estima, con cifras modestas, que para este año la inflación se colocará en 1,2 % (tres veces más que el pasado año) y el desempleo incrementará a 4,7 % (más que en el 2019).

Para suplir este desfase contable, el Estado, como lo advierte la carta de intención de Ecuador al FMI, tendrá que recurrir al bolsillo del ciudadano común y también obtener más deuda en un ciclo vicioso insostenible. Esto se debe a que, al liberalizar el sector externo, la relación deficitaria incrementará, ya que no hay razón por la cual creer que el Ecuador se convertirá, en tres años, en un exportador de bienes y servicios.

Al Estado entonces le quedarán dos opciones para ingresar capital a la economía: incrementar recaudación tributaria y/o adquirir deuda, o sea, más deuda; una tercera sería emitir moneda, pero Ecuador carece de esta opción.

Para el primer cometido, la carta de intención prevé ampliar la base impositiva, pero en vez de incrementar impuestos a los que más tienen, el orden será el de más impuestos a toda la población, en la que se verán más afectados quienes menos tienen.

Esto se realizará al revertir el sistema impositivo ecuatoriano de mayor tributación directa a indirecta, violando el art. 300 de la Constitución. Para entenderse, el impuesto a la renta, que grava la riqueza correlativamente, es un impuesto directo, mientras que el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que grava el consumo, es indirecto, ya que sin importar si se es pobre o rico se mercantiliza los aspectos sociales, sobre todo el de la salud, como también el de la educación, según se traduce del más reciente “paquetazo” neoliberal orientado por el FMI.

Lenín pudiera aliviar el estado caótico al que ha llevado su política a Ecuador, si reconociera la gravedad de la situación actual en lo referente a la crisis sanitaria, y no cerrando los ojos a las consecuencias sociales, políticas, económicas y ambientales.

Sin embargo, encontrar un punto de equilibrio implica repensar en nuevas lógicas de reconstrucción, un desandar y salir del acuerdo con el FMI, cuestión muy difícil para un presidente que se ha convertido por voluntad propia en un rehén de la oligarquía y el Imperio.

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