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Bolivia, fraude a la vista

20 de marzo de 2020

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No es un secreto para nadie que Estados Unidos selecciona, prepara y manipula a personajes locales de la política o la sociedad, para utilizarlos en su momento como líderes potenciales que luego les sirvan incondicionalmente. El venezolano Juan Guaidó es el caso más notable de los últimos tiempos.
Analistas de la realidad boliviana aseguran que el proceso electoral en marcha en la nación andina solo es una nueva fase de la acción golpista que derroco al presidente constitucional, Evo Morales, en noviembre del pasado año.
Personajillos como la presidenta interina, Jeanine Añes Chávez, Luis Fernando Camacho Vaca, elemento clave en los planes que llevaron a destituir a Evo y otros como Jorge Fernando Quiroga Ramírez y Carlos Diegos de Mesa, forman parte del entramado que jugaron y determinan en la realidad política actual nacional.
Varios meses de un desgobierno que se dice democrático y utiliza la fuerza bruta para reprimir a los manifestantes opositores evidencia el posible escenario para unos comicios donde el fraude y la presión para que no gane la izquierda está a la orden del día.
Las fuerzas políticas llegan a estos comicios con una polarización entre el Movimiento al Socialismo (MAS) y el resto de las agrupaciones políticas, que se oponen a este partido-movimiento pero que no logran ponerse de acuerdo entre ellos.
Para la derecha es primordial llegar a la segunda vuelta y aglutinar las fuerzas que hoy se encuentran diseminadas en cinco o seis agrupaciones políticas distintas. Por ahora esto parece un poco complicado ya que las disputas y divisiones están a la orden del día.
Luis Fernando Camacho cuestiona al gobierno transitorio de Jeanine Añez y califica como malo su trabajo, no viendo posibilidades de unidad entre los diferentes frentes políticos de la derecha. La disputa en realidad es mostrarse ante los ojos imperiales como los más indicados para tener en sus manos las riendas del poder.
La presencia de los Estados Unidos en todo lo que ha ocurrido en Bolivia no fue solo por el accionar de sus diplomáticos acreditados sino también de los agentes de los servicios especializados en operaciones especiales en la preparación del golpe de estado de noviembre último, como ha sido denunciado.
Lo que se jugará en Bolivia en estas elecciones es más que tener un gobernante legítimo. Sin un proceso justo y confiable que brinde certidumbre sobre el resultado no habrá paz para el pueblo boliviano que, en silencio, observa y pudiera reaccionar finalmente en defensa de la verdadera democracia eliminada por el golpe del pasado año.
Quizá lo más preocupante de las elecciones del 3 de mayo sea el proceso electoral mismo, ya que no habrá difusión de resultados provisorios. Se tomarán diez días, sin ningún conteo previo, hasta que se conozcan los resultados finales. ¿Se podría fraguar un fraude en este lapso y modificar la voluntad popular? ¿Tal medida no es una muestra del intento de legalizar el fraude que se espera?

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