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Guardianes de la inspiración

14 de abril de 2013

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Eugenio Chávez

Aquel año 2002, cuando Eugenio llegó por casualidad al Festival Habana Vieja: Ciudad en Movimiento para diseñar la programación, solo participaban cinco compañías extranjeras y “todos nos estábamos volviendo locos con la organización”, recuerda quien actualmente es coordinador general de la cita de danza callejera. Por suerte para todos, ni Eugenio ni nadie se ha vuelto loco aún, o sí, llevan por dentro la irremediable locura del arte con la que impulsan este evento, que en su edición 18 recibió 90 compañías nacionales y extranjeras. En busca de una explicación para semejante boom en la participación, comenzó este diálogo.
¿Qué elementos han propiciado el aumento de participantes en el Festival?
En primer lugar, la magia del trabajo de tantas personas durante mucho tiempo y en equipo, que ha permitido que ganemos en experiencia y organización. Por otro lado, la réplica que tiene el festival en diarios, espacios web de la cultura y redes sociales propicia que durante todo el año nos contacten personas para sumarse. Y lo más importante: la satisfacción de quienes ya han participado se convierte en factor multiplicador.
¿Han pensado en nuevas estrategias de selección?
Queremos reducir, desde la convocatoria, el tiempo máximo de las obras participantes; porque una de las esencias del festival es el movimiento, la continuidad, y por eso es fundamental que las coreografías no sean tan extensas. En otros eventos de este tipo en el mundo se realizan acciones muy puntuales. No sucede como aquí, donde hay presentaciones sucesivas la mayor parte del tiempo. Eso es algo que nos distingue y que debemos mantener. Por otro lado, ya es momento de realizar una selección más rigurosa de las obras, sin que el festival deje de ser una oportunidad para los artistas jóvenes y un espacio donde la diversidad de propuestas continúe siendo tan amplia como el público que las disfruta. Pienso que esa variedad también favorece el crecimiento de quienes están en pleno proceso de aprendizaje.

Foto Néstor Martí

Este año el Comité Organizador se enfrentó a otro reto: la sustitución de las redes soterradas de la Habana Vieja y, con ello, la destrucción de las calles.
Aunque ha sido una situación algo incómoda, hemos encontrado mucha calidez y cooperación en el personal de trabajo de esta obra tan necesaria para el territorio. Han movido los equipos pesados para que los artistas y el público puedan pasar y han sido receptivos con nuestras peticiones en todo momento. Creo que los dos acontecimientos han logrado coexistir. Esto ha sido una suerte, pues nunca hubiéramos podido prescindir de este escenario. Durante años hemos luchado por romper el esquema de enfrentamiento tradicional entre el público y los intérpretes, para que sea tomado en cuenta el espacio urbano y se convierta en herramienta coreográfica. Los artistas que llegan a La Habana se dan cuenta de que es necesario mover su concepto e interactuar con los elementos del entorno. Aquí viven una experiencia inolvidable y abren la mente y el corazón a nuevas formas de crear, que a su vez generan nuevos retos para nuestro equipo de trabajo. Hemos aprendido que hay que dejar volar a los artistas; a nosotros nos toca hacer que ese vuelo sea seguro.

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Comentarios



juan carlos cuba / 11 de mayo de 2013

con un abrazo