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Palabra y acción: premisas de pueblos

16 de noviembre de 2019

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América Latina, aunque nos duela, está siendo «asaltada» por cuatro o cinco tendencias convertidas en personas, que se han propuesto cumplir al pie de la letra con las órdenes del gobierno de Estados Unidos, y lo hacen todo por acabar con los gobiernos populares y junto con eso —aunque perjudiquen horrendamente a los pueblos—, se olvidan de la palabra solidaridad y ponen fin a programas de colaboración encargados de salvar vidas, promover salud y sembrar esperanza en los más desposeídos de esta región.

Cuando personajes con grandes dotes de fascistas toman el poder como ocurrió en Brasil, o en otros casos por equivocadas opciones en unos comicios que permiten que traidores asciendan a la dirección de los destinos de un país, o por un golpe de estado como acaba de ocurrir en Bolivia, es como si se estuviera tocando al corazón de las personas, despertando del letargo a muchos, para que palabra y acción se conviertan en un todo y limpiemos el entorno de tanta podredumbre.

En esta última semana, un gobierno, el de Ecuador y una autoproclamada presidenta en Bolivia, han dado la espalda a millones de ciudadanos de esos dos países, beneficiados por la solidaridad médica cubana, y han provocado, como lo hizo Brasil antes, la salida de los galenos cubanos que durante años han llevado el peso de la aplicación de servicios médicos inclusivos y de alta calidad, y que llegan, como nunca antes, a los más intrincados parajes de la geografía de esos países.

En todos los casos, parece que el Departamento de Estado norteamericano ha repartido copias a todas sus embajadas en las naciones latinoamericanas para que, a cambio de alguna «ayuda» económica, reconocimiento diplomático, y una que otra migaja, influyan para que una vez sacados del poder los gobiernos populares, entre las primeras medidas a aplicar esté la de acabar con la colaboración médicas cubana.

Para ello crean matrices de falsedades que ni ellos mismos se creen, pero que van calando en oportunistas, confundidos y plegados. En Bolivia, por ejemplo, se ha divulgado que «los colaboradores cubanos estaban financiando» a grupos de los que se movilizan para exigir el regreso a la paz en esa nación.

Esa tamaña mentira no se la creen ni los impostores bolivianos que ahora usurpan el poder, ni quienes desde Washington le orientan la hoja de ruta a seguir.

Cuba, con su frente bien en alto, acoge de regreso a la patria a quienes han sabido cumplir con la más digna de las misiones: la solidaridad humana.

Corresponde ahora a los pueblos de esos países, los más afectados por las irracionales medidas de sus mandatarios, unir palabra y acción hasta que vuelva a imponerse el raciocinio y puedan revertirse momentos tan tristes como los que ya viven los pobladores humildes de Brasil y tendrán como presente y futuro los millones de beneficiados por la colaboración cubana y que ahora son despojados de ese derecho humano, por parte de gobiernos como el de Ecuador y por las nuevas autoproclamadas autoridades bolivianas.

Palabra y acción, es la premisa de esos pueblos para levantarse contra quienes lo llevan ahora a la desprotección y la miseria.

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