ribbon

Tras la guitarra la voz; tras la voz, Castellanos

9 de abril de 2013

|

 

Sin duda alguna, Orlando Castellanos (Ciego de Ávila, 1930 – La Habana, 1998) fue eso que algunos llaman “un periodista de raza”; y es que él —con gracia y sin pompa  — tenía el don de saber preguntar y, también, de escuchar.

Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, ha puesto a circular un libro —la selección del material le correspondió a Virgen Gutiérrez— titulado Tras la guitarra la voz,que compila ocho entrevistas realizadas a los destacados trovadores (integrantes del llamado Movimiento de la Nueva Trova) Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González, Noel Nicola, Vicente Feliú, Alberto Faya, Augusto Blanca y Amaury Pérez.

Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Pablo Milanés

 

Según las palabras introductorias —redactadas por Silvio Rodríguez— “esto es este libro: la obra y la voz de Orlando Castellanos, lanzador de señales al aire que conmovían en remotos parajes del mundo, como cuando aquella noche lloré  en alta mar, frente a las cosas de la legendaria Dakar, oyendo una tonada de Carlos Puebla y sus tradicionales tocadores de marímbulas y latas de betún. Artes de un viejo amigo inolvidable, excelencia de oficio que ahora nos permite recordar cómo veíamos las cosas en eras tan variadas como de 1976 a 1991.  Ocho muchachos trovadores salvados de las aguas y contándole cosas al Dios fonógrafo del tiempo: Orlando Castellanos”, asegura el reconocido trovador.

En este 2013 se cumplen quince años del fallecimiento de Castellanos y Tras la guitarra la voz constituye un meritorio empeño por llevar al papel esas palabras dichas y transmitidas por el programa Formalmente Informal, ideado y dirigido por él en 1971 y que  mantuvo al aire hasta 1986. Ese espacio emitido por la emisora internacional de onda corta, Radio Habana Cuba,estuvo, por años, entre los más escuchados de esa planta que, desde sus momentos fundacionales y hasta hoy, sostuvo y sostiene el marcado propósito de dar a conocer al mundo la realidad de nuestro país. Y en ese contexto, la cultura y sus protagonistas son elementos indispensables que Castellanos supo aprovechar.

En sus palabras Al Lector, Virgen Gutiérrez realizó el arduo trabajo de compilación y aseguró que todos los entrevistados “tienen en común la amistad con el periodista, algo que caracterizara la personalidad del entrevistador. Por su parte, los músicos comenzaron desde muy jóvenes, casi todos desde su primera infancia, a vincularse a diversas formas de hacer música y al ser coetáneos están, inevitablemente, influidos por el momento histórico que atravesaba el mundo así como por las diversas corrientes, géneros y grupos  musicales que circulaban en el país, entre las que destacan: la guajira, el son, el bolero, la guaracha, etc. así como norteamericanas -el filin- o anglosajonas -Los Beatles- y el reencuentro con lo mejor de la música latinoamericana, fundamentalmente de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay”.

Sara González, Vicente Feliú y Augusto Blanca

Afirma Gutiérrez que “aunque los músicos aquí reunidos tienen su propia personalidad es fácil percibir las influencias cruzadas entre algunos de ellos a través de un repertorio con temas comunes: el amor, la muerte, la poesía, los conflictos sociales; sin embargo, las canciones tienen un sello propio que permite distinguir a cada trovador”.

Finalmente asegura que este libro es “un pequeño homenaje a ese hacedor memorioso quien, con estas grabaciones impresas estará presente en este nuevo siglo ayudando consustancialmente a que las nuevas generaciones se nutran de su sabia inteligencia y tenaz capacidad intelectual. El elocuente diálogo que logra sostener con sus interlocutores permite alcanzar el disfrute y adquirir conocimientos acerca del rico legado cultural de nuestro país”, concluyó.

Amaury Pérez y Alberto Faya

El libro nos revela algunas de las interioridades de sus protagonistas; por ejemplo, publica el poema El estante, de Silvio Rodríguez:

 

En el estante junto, puse al bueno y al malo.
¿Fue intensión o fue soplo de esa tiniebla
que revela asombrosa certeza?

Allí en la madera misma, piel contra piel
se erguían diversas transpiraciones de la historia,
signos competidores en ternuras y odios.

Lo descubrí amaneciendo y desde entonces dormía apenas
porque de noche, el estante crepitaba fulgores de combates.
Ayer, tanto desvelo se hizo abismo y separé los libros,
pero anoche descansé tan profundo que casi no despierto,
por eso hoy los he vuelto a juntar.

 

Gracias a la entrevista realizada a Noel Nicola nos enteramos –por sus propias palabras- que tenía un carácter “agridulce” y de no haber sido músico lo que, definitivamente, le gustaría haber ejercido era la pedagogía: “maestro toda la vida”;de la conversación con Vicente Feliú uno se entera que de su conocida canción Créeme, “hay una versión hecha por mí y grabada incluso en un video-clip, en esperanto”.

Del diálogo con Alberto Faya nos llamó la atención la siguiente observación: “Los ecologistas están tratando de salvar las especies animales y vegetales que la llamada civilización está liquidando, y pienso que la llamada civilización también está liquidando especies culturales y especies musicales que nosotros queremos salvar y este evento, así como el trabajo tuyo en la radio, siempre ha tendido hacia la salvación de ella. Así que seguimos en esta trinchera”, mientras que Augusto Blanca revela su adicción al teatro y a proyectos como Teatrova que surgió en 1973.

De la entrevista a Amaury Pérez, que versó esencialmente sobre un trabajo que realizó el músico con la poesía de José Martí dijo: “yo quería tocar este aspecto del Martí humano, el Martí enamorado, el Martí amante de un amigo, el capaz de valorar todas esas cosas, eso fue lo que me propuse y por eso escogí esos poemas. De Sara González supimos que estudió en el Conservatorio Amadeo Roldán la viola: “Y era mala, yo era mala estudiando viola (risas). Mi maestra me quería mucho; es violista de la Sinfónica Nacional, MarivonneDrobache. Ella me quería mucho, me llevaba muy bien con ella, pero no me soportaba tampoco tocando la viola. Es que, realmente no era el instrumento que a mí me gustaba; yo quería estudiar guitarra, quería tocar la guitarra, aprende la guitarra popular”.

Pablo Milanés confesó que a los seis años empezó a cantar rancheras y que “tenía un notable auditorio” y que siempre ha sentido un profundo respeto por la rumba: “La rumba se ha quedado un poco atrás en honor a la verdad y esto, no sé, cualquier tipo de trabajo que uno pueda hacer para lograr que esta expresión se pueda conocer un poquito más de lo que se conoce, pues yo lo hago; y sí creo que en algo puedo colaborar, lo hago, independientemente de la admiración que profeso por esta manifestación”.

Tras la guitarra la voz —de 241 páginas y que incluye un anexo en el que se aparece una breve síntesis biográfica, los premios y condecoraciones recibidos y una muy completa discografía— reproduce imágenes del fotógrafo cubano Alain Gutiérrez y del español Juan Miguel Morales; fue editado, corregido y emplanado por Yoel Lugones y el diseño de cubierta le correspondió a Katia Hernández a partir del diseño original del cartel del también diseñador Enrique Smith.

La edición de este volumen ha sido financiada por el Fondo para el Desarrollo de la Educación y la Cultura y fue uno de los textos que Ediciones La Memoria del Centro Pablo presentó durante la Feria del Libro de La Habana, en febrero último.

Galería de Imágenes

Comentarios