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Eloy Palacios

26 de abril de 2013

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Escultor venezolano Eloy Palacios

El escultor venezolano Eloy Palacios vivió en Cuba por varios años y en la Isla murió. Llegó al cabo de una larga carrera en la cual se contaban importantes obras: la estatua de José María Vargas en el hospital del mismo nombre, en Caracas; el monumento del campo de Carabobo, inaugurado en 1911; el de José Félix Ribas, en La Victoria; la estatua de Simón Bolívar, en la plaza homónima de Maracaibo; la de José Antonio Páez en la plaza que lleva su nombre, en Caracas; el monumento a La India, en la parroquia El Paraíso, en la capital venezolana.

Nacido en Maturín, el 25 de junio de 1847, y con estudios realizados en la Academia de Bellas Artes de Munich, Alemania, a su regreso a Venezuela regentó por un corto tiempo la escuela de arquitectura en la Universidad de Caracas. Al servicio de su país fue cónsul en Baviera. La Escuela Técnica de Artes Plásticas de Maturín, su ciudad natal, fundada en 1955, lleva su nombre.

El nombre del artista permaneció olvidado, al menos para los cubanos, hasta que en 2007 vio la luz un libro que recoge las memorias del poeta y periodista José Zacarías Tallet, titulado Cosas jocosas en poesía y en prosa, del escritor Fernando Carr Parúas. Entre los muchos detalles de interés que contiene el libro figuran pasajes de la vida de Eloy Palacios en Cuba. De allí extraemos este retrato del escultor, que tuvo su domicilio en un hotel de la calle Zulueta, de La Habana:

“Usaba un levitón negro larguísimo, que siempre llevaba abierto, y cuando caminaba —como siempre lo hacía con apuro—, el aire le levantaba los lados del abrigote aquel y daba la sensación que era el mismísimo diablo en persona, con alas negras y largas. Pero lo más simpático fue el día que le hicimos referencia al gigantesco abriguito que llevaba día y noche, y nos dijo: ¡Esto me acompaña desde hace treinta años!

Por cierto, Palacios fue autor del trabajo escultórico en memoria del general Francisco Carrillo, en Villa Clara, y trabajó en un proyecto-concurso de monumento al Generalísimo Máximo Gómez, que finalmente se adjudicó a otro extranjero, el escultor italiano Aldo Gamba.

El distinguido escultor que tan honda huella dejó en el Tallet adolescente murió en Camagüey, donde preparaba un proyecto de monumento al Mayor General Ignacio Agramonte, el 12 de diciembre de 1919, a la edad de 72 años.

 

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