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Resistencia y dignidad: sinónimo de victoria

6 de junio de 2019

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Las costumbres hacen hábito, y es esto lo que pasa con los gobiernos de Estados Unidos y más cuando son fundamentalistas como el actual.

La presión a través de las sanciones y las amenazas, ya involucran a decenas de naciones. No importa sin soy muy pobres o menos pobres. Lo único que necesitan las administraciones estadounidenses es que se trate de países independientes, con políticas propias o simplemente que no se subordinen a los dictados imperiales. A esos hay que sancionarlos, agredirlos, asfixiarlos.

Por estos días Donald Trump y su equipo fascistoide  han desenterrado todos los mecanismos coercitivos en su afán por alargar la vida de un sistema decadente, el capitalismo, que revoletea en torno a su lecho de muerte.

Esta semana Cuba volvió a ser una de las piezas escogidas: ni viajes de cruceros, ni intercambios educacionales, ni…

Y dejo los puntos suspensivos porque se trata de copias de muchas otras aplicadas por los gobiernos de Washington —demócratas y republicanos— por más de 60 años con el objetivo de rendir al pueblo cubano por hambre..

Medidas tan obsoletas como crueles que, cada una de ellas, ha recibido la respuesta de la dignidad, la resistencia, el patriotismo.

Y es ahí donde está la equivocación mayor de Trump y su equipo y de las anteriores administraciones hasta 1959: desconocer que dignidad, resistencia y patriotismo, son baluartes intrínsecos a nuestro pueblo.

Hay otros muchos casos, pero solo me referiré a cuatro países: Siria, Irán, República Democrática de Corea, Venezuela, donde resistir, luchar y defender la independencia y la soberanía se han convertido en muros de contención de las amenazas norteamericanas.

Siria, ha mostrado la firmeza de su pueblo y gobierno. Todavía quedan focos terroristas armados por el Pentágono como es el caso del Grupo Al Nusra; y el país es bombardeado cada día por la aviación estadounidense que  mata niños, mujeres y ancianos, ataques dirigidos contra las fuerzas armadas sirias y con la intención de poner de rodillas al gobierno legítimo de Bashar al Asad. Pero se siguen equivocando los gobiernos de Washington.

Irán es un monumento a la resistencia donde, preparación para la defensa y diplomacia, van de la mano de las autoridades persas.

Ya son miles las sanciones contra ese país. Varios los ultimátum,  pero siempre se han encontrado con lo que para los yanquis es insólito: la resistencia y la victoria.

En el caso de la República Popular Democrática de Corea, la administración Trump ha empleado todo su arsenal, pero no ha logrado su objetivo.

Los norcoreanos no solo saben luchar en los campos de batalla, sino que son capaces de desarrollar armas que frenarían cualquier agresión foránea, y se han mostrado a una gran altura en el campo de las negociaciones, siempre sin ceder a sus principios.

Trump se ha cogido la nariz contra la puerta siempre que ha querido imponer condiciones a la dirección norcoreana. Y aunque el magnate-presidente de Estados Unidos un día se refiera al líder norcoreano con loas de todo tipo y al otro día anuncie desfachatadamente que Estados Unidos borraría al país asiático de la faz de la tierra, el líder de Corea Democrática ha sabido conversar, cumplir compromisos, pero nunca arrodillarse ante el enemigo de todo el mundo; Donald Trump.

En Venezuela, Trump y más que él su equipo de halcones, quieren convertir a la nación bolivariana en un polígono de ensayo de su arsenal mediático, económico y militar.

Washington ha usado mercenarios internos, gobiernos títeres refugiados en una desprestigiada OEA, políticos estadounidenses desesperados por hacerse de las riquezas petroleras; y hasta ha sumado a gobiernos serviles de Europa en su feroz ataque contra Venezuela.

Pero la nación bolivariana resiste, rectifica, y cada día, en mayor dimensión, recibe la solidaridad internacional. Sus Fuerzas Armadas, primer objetivo de la administración estadounidense para  dividirlas  y ponerlas contra el gobierno legítimo de Nicolás Maduro, han resistido, se han fortalecido y cohesionado, y hoy más que nunca constituyen un baluarte en la defensa de su país y su pueblo.

Estos cinco ejemplos —y hay otros muchos más— son los exponentes fundamentales de que se puede vencer a un enemigo por poderoso que sea, siempre y cuando haya dignidad, valor y resistencia.

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