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Significado histórico de la ruta y la franja

7 de mayo de 2019

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Recién concluyó en Beijing la segunda Cumbre del mega proyecto mundial conocido como Ruta Marítima y Franja de la Seda, inspirado y organizado por la República Popular China y más de cuarenta naciones ya asociadas en las diferentes regiones del orbe, a partir del inmenso país asiático.

Conocida popularmente como “la ruta y la franja”, pretende revivir en las condiciones del mundo contemporáneo la vieja vía que enlazó siglos atrás al Lejano Oriente con los territorios y mercados occidentales y viceversa, lo que en sus tiempos fue una hazaña que abrió como nunca en ocasiones anteriores los caminos al comercio mundial, introduciendo componentes de progreso y desarrollo aún con las limitaciones científicas y técnicas de aquella época.

El regreso de “la ruta y la franja” tiene hoy un significado histórico distinto, pues no se circunscribe a una simple muestra de progreso comercial para beneficio de sus participantes. Para ello hizo falta que tuviera lugar un acontecimiento de dimensiones, profundidad y trascendentales consecuencias de todo tipo como fue el triunfo de la Revolución China –hace 70 años– que inició un arduo y difícil camino para el pueblo chino, hasta entonces explotado, saqueado y humillado por los grandes poderes imperialistas, pero que finalmente llegó a los planos de segunda potencia económica y científica del planeta, donde se encuentran actualmente.

La incorporación al proyecto de “la ruta y la franja” como hoy lo propone China significa efectivamente un desafío audaz a los intentos hegemónicos del capitalismo mundial en su fase voraz de neoliberalismo financiero y es una oportunidad para todos los países, pero especialmente para las naciones en vías de desarrollo de Asia, África y América Latina, aunque ya cuenta también con participación europea.

En sus delirios megalómanos, la Administración Trump ha amenazado a socios y aliados para que no se incorporen a la atractiva iniciativa de China, pero ha fracasado estrepitosamente, como en tantas otras cosas donde intenta ejercer el poder imperial más grotesco.

Más de cuarenta jefes de Estado y representativos de todos los continentes asistieron a esta  Cumbre de la Ruta Marítima y la Franja de la Seda y renovaron allí la decisión de seguir impulsando y ampliando este mega proyecto que beneficia a todos por igual y no implica los condicionamientos políticos que, por ejemplo, imponen el FMI y el Banco Mundial, como algunos de ellos ya han padecido.

Poco a poco, sin prisa pero sin tregua, cada vez más pueblos y gobiernos van hallando alternativas que les permitan salir del mundo unipolar; “la ruta y la franja” es una de ellas.

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