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Estorbo a la política imperial

16 de mayo de 2018

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Ni con sus tropas de ocupación y los elementos que empleó para dividir a los iraquíes pudo Estados Unidos doblegar a la poderosa milicia encabezada por Moqtada al-Sadr, cuya coalición Sairoon fue la ganadora en las recientes elecciones de carácter parlamentario celebradas en Iraq, la primera luego de la derrota del Estado Islámico, organización terrorista creada y ahijada por el imperialismo.

Empero, aunque la organización ganó el mayor número de escaños, 54 de los 329 del Parlamento, tendrá que gobernar en coalición, y el propio Al-Sadr no podrá ocupar cargo alguno, por no haberse postulado oficialmente.

Tras él surgieron airosas otras entidades antiimperialistas cercanas a Irán, mientras la agrupación favorita para ganar los comicios, la del presidente Haidar al-Badi, quedó relegada a un quinto puesto.

Moqtada al-Sadr baso su triunfo en la fuerza que tiene principalmente en Bagdad, la capital, y en la numerosa masa pobre, además de que recibió el respaldo del Partido Comunista de Iraq, cuyos miembros han sido asesinados masiva y sistemáticamente antes, durante y después de la agresión y ocupación de Estados Unidos.

Víctima de propaganda adversa relacionada con su presumible enemistad hacia Irán y culpa en la lucha entre facciones religiosas, este dirigente, por el contrario,  ha tratado de poner de acuerdo a las diferentes facciones chíitas, de la que es clérigo, y sunita, y ha viajado a Riad con el fin de limar las asperezas entre Irán y Arabia Saudita.

Pertenece a una influyente familia chíita. Su padre fue el Gran Ayatolá Mohamed Mohamed Sadeq al-Sadr, asesinado en 1999. También otro familiar, Mohamed Baqir al-Sadr, filósofo y pensador chííta, fundador del Partido Islámico Dawa fue asesinado en 1980.

 

Consecuente

El perfil público de este clérigo de 43 años se forjó a partir del 2003, durante la invasión y ocupación imperialista. Fue uno de los líderes de la insurgencia más relevante y su milicia, El Mahdi, que se hizo fuerte en Ciudad de Sadr en Bagdad, golpeó duramente tanto a las fuerzas de la coalición liderada por EE.UU., como al ejército iraquí. También se enfrentó a los grupos de poder sunitas que avivaron los enfrentamientos sectarios.

En el periodo de ese fraude que llaman reconstrucción de Iraq, su partido ha participado activamente en la política. En el 2006 apoyó al primer ministro Nouri al Maliki, también chíita, del partido Dawa, y varios miembros de su entidad fueron ministros, pero se retiraron en el 2007 del gobierno. En el 2010 volvió a apoyar a Al Maliki, dándole una ventaja decisiva sobre sus rivales.

Situado en primera línea política, en el 2016 lidera la oposición al premier Haidar al Abadi, a quien reclama un gobierno justo frente al reparto tradicional de poder por cuotas de clanes y partidos, en tanto su milicia, junto con otras fuerzas, descollaban en el enfrentamiento al terrorista Estado Islámico.

En mayo del 2014, antes de la celebración de las elecciones, critica al primer ministro Al Maliki, le llama “tirano” y “dictador” y dice que no debería presentarse para un nuevo mandato.

El 26 de febrero del 2016 Al Sadr convocó a un millón de personas que se manifestaron en la Plaza Tahrir de Bagdad para protestar por la corrupción en Iraq y el fracaso del gobierno para reformar el país. La protesta fue considerada como una de las más masivas en la historia moderna de Iraq. En su intervención, exigió a Abadi reformas profundas y animó a los manifestantes a “alzar la voz y gritar para que los corruptos tuvieran miedo”.

El 18 de marzo los seguidores de Al Sadr organizaron una protesta en el exterior de la Zona Verde de Bagdad, donde están ubicadas las embajadas y los edificios oficiales después de que denunciara que tal lugar era “el bastión de apoyo a la corrupción”.

El 27 de marzo viajó a Bagdad desde su residencia en Nayaf y entró en la Zona Verde, desde donde realizó un discurso exigiendo cambios políticos. En este caso pidió a sus seguidores que se quedaran fuera de la zona. Cuando Al Sadr cruzó la barrera de seguridad, los responsables militares y policiales del acceso, lejos de impedirle el paso le saludaron con honores.

El 30 de abril centenares de sus seguidores irrumpieron en la Zona Verde y asaltaron la sede del Parlamento exigiendo a Abadi un gobierno que acabe con la corrupción. Durante la noche decidieron acampar en la plaza principal de la Zona Verde, la plaza Al Ihtifalat (Celebraciones), y quedarse allí hasta ser escuchados.

Finalmente el 1 de mayo se retiraron con la amenaza de regresar y ocupar las sedes de la Presidencia, del Primer Ministro y del Parlamento otra vez, si no se cumplen sus exigencias.

Para Estados Unidos, subrayo, es un duro golpe la victoria de la coalición dirigida por este clérigo chíita, y no nos extrañemos que reinicie los intentos para eliminarlo físicamente.

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