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La vendedora y sus palomas

4 de mayo de 2018

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Vi por TV un pequeño reportaje de una mujer que hace más de 40 años trabaja en el kiosco de un parque vendiendo alimento para palomas y expresaba abiertamente su orgullo y satisfacción, y por esta labor conoció a muchísimas personas, que siendo niños fueron al parque y que ahora de adultos llevan a hijos y nietos e incluso ha conocido a jefes de estados que han visitado el país.

Comienzo hoy con esta anécdota para decir que no hay trabajo pequeño y de poca importancia, sino lo que existen son personas desmotivadas e inconformes. ¿Qué pasa cuando tenemos una urgencia en la casa, ya sea por un salidero de agua, una cerradura trabada, una ventana con cristales rotos? Pues el plomero, el cerrajero, el cristalero son, sin dudas, las personas más importantes del planeta tierra. No es que yo esté en contra que queramos tener una profesión con reconocimiento social a “lo grande”, en cualquier área de la vida social, ya sean las ciencias, la artes, la política, en fin, en cualquier aspecto, sino lo que quiero es que seamos más analíticos y no nos pongamos las manos en la cabeza cuando la hija dice que no quiere ser médico, sino modista, y es un ejemplo de la vida real, y más que la joven ya había estudiado medicina por influencia familiar y después la abandonó por su verdadera vocación.

Las emociones tienen mucho que ver con la vocación. ¿Cómo? Sencillo, porque si al hacer algo te sientes feliz, logras entregarte con amor y disfrutas el tiempo que le dedicas y sientes que quieres hacerlo mejor, y claro, también que te sale bien lo que haces, entonces tienes vocación para esa actividad. Hay trabajos que tienen diferentes niveles de calificación, por lo que precisan de entrenamientos mayores, más complejos o menores y más sencillos, pero la importancia no estriba en esto, sino en cómo cada cual cumple y satisface los requerimientos para lograr la excelencia.

Las competencias emocionales también juegan un papel importante en cualquier tipo de trabajo, e incluso pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Por ejemplo, los vendedores tienen obligatoriamente que ser empáticos y poseer destrezas sociales, porque es lo que define la calidad del trabajo y su triunfo. Cualquier otro oficio que presta servicios; una peluquera, un albañil, un sastre, etc., precisan de autocontrol emocional que significa evitar que los impulsos conflictivos socaven el desempeño laboral y personal, ya que tiene que lidiar con muchas personas, algunas muy complejas y difíciles de complacer. Si no se tiene este control se puede perder clientela, y además se debe tener transparencia que significa actuar sincero, ético y responsable para que los que requieren de sus servicios le tengan confianza y estén seguros que cumplen con sus compromisos.

También se debe ser flexible ante los cambios y así poder adaptar tácticas y respuestas a nuevas situaciones, porque hay que ser capaz de entender tanto las exigencias sociales cambiantes, como las diferencias individuales. Claro que muchos se dirán que el técnico, obrero, profesional es quien sabe sobre la labor, cómo hacerla y qué se puede y qué no se puede hacer, y estoy de acuerdo, pero más allá de esto, quien requiere el servicio desea que el cabello se lo corten de una forma u otra, independientemente que la peluquera crea que le queda bien a su óvalo facial otro tipo de corte.

En términos personales recuerdo que un carpintero me hizo unos estantes para mi cocina y le pedí que los pusiera a una altura determinada y me contestó tajante que los pondría más alto “porque así es como van” y no crean, tuve que entablar una buena discusión para que cumpliera con lo que yo deseaba, porque era yo la que pagaba y la cocina era la mía, y quería la estantería a una altura a la que según mi estatura podría alcanzar.

En general, todas las personas, en su labor profesional deben tener tres competencias emocionales que no pueden faltar y que son: la motivación de logro que es la orientación hacia la mejora de resultados para satisfacer criterios de excelencia; la iniciativa que se refiere a la prontitud en aprovechar las oportunidades obviando rutinas que constituyen un obstáculo, y el optimismo que es actuar desde la expectativa del éxito, persistiendo ante los obstáculos. Creo que estas cualidades emocionales las posee la vendedora de alimentos para palomas, que debe ser un ejemplo para cualquiera de nosotros.

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