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Objetivos cumplidos

30 de abril de 2018

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Ni los halcones estadounidenses pensaban que la cumbre intercoreana saliera tan bien, especialmente porque el líder norcoreano, el joven Kim Jong-un, y el veterano del Sur, Moon Jae-in, demostraron voluntad política y su deseo de cumplir una agenda que se centró en tres puntos básicos: la desnuclearización de la península, un acuerdo de paz permanente que alivie drásticamente la tensión militar, y progresos claros y frescos en las relaciones intercoreanas.

No sé hasta qué punto Estados Unidos podrá boicotear este más serio e inigualable intento de desbrozar el camino hacia la paz, como ha hecho en otras ocasiones, pero ahora la situación se presenta con el compromiso del presidente Donald Trump de tener una reunión con Kim a fines de mayo o principios de junio, con un asesoramiento de un gabinete integrado por halcones, encabezados por John Bolton y Mike Pompeo.

Algunos analistas han dicho que EE.UU. ya había previsto lo que saldría de esta tercera cumbre intercoreana, pero, realmente, las expectativas optimistas desbordan lo pactado, como podremos apreciar en este resumen al respecto, en el que sólo falta el reiterado deseo norcoreano de reunificación pacífica, tal como recordó el colega Cubasi:

Los mandatarios afirmaron ante los coreanos que a partir del 27 de abril no habrá más guerras en la península y se abrirá una era de paz, confirmaron la importancia de decidir de manera independiente el destino de la nación y acordaron organizar lo antes posible negociaciones al más alto nivel y entablar un diálogo en varios ámbitos para garantizar la aplicación de lo acordado durante la cumbre.

Entre otras cosas, se abordará la creación de un centro de coordinación en la ciudad fronteriza norcoreana de Kaesong, donde habrá de manera permanente funcionarios norcoreanos y surcoreanos. Además, se intensificarán la cooperación y las visitas e intercambios entre representantes coreanos de distintos ámbitos.

Las dos Coreas se comprometieron a suspender cualquier actividad hostil en tierra, mar y aire. En particular, está previsto dejar de emitir propaganda en la zona desmilitarizada a partir del 1 de mayo. Asimismo, ambos países tomarán medidas para convertir una parte de las aguas del mar Amarillo cerca de la línea de separación del norte en una “zona de paz” y prevenir los posibles enfrentamientos militares accidentales. Además, se prevé poner en marcha una serie de intercambios y visitas en el ámbito militar.

Ambos países van a colaborar de manera activa para crear en la península un sistema de paz duradera y permanente. Asimismo, demostrarán un firme compromiso con los acuerdos de no agresión. También van a realizar un desarme gradual con el fin de reducir la tensión militar en la región.

En el aniversario 65 de la firma del Acuerdo de Armisticio de Corea, Pyongyang y Seúl declararon oficialmente el fin de la guerra. Asimismo, van a promover activamente la convocatoria de una reunión a tres bandas con EE.UU. y a cuatro con China, para convertir el acuerdo de armisticio en uno de paz duradero y permanente.

Los líderes de ambos países afirmaron que su objetivo común es desnuclearizar plenamente la península de Corea y acordaron que las medidas tomadas por Pyongyang para desnuclearizar la península “son muy importantes”.

En el futuro, tanto la República Popular Democrática de Corea como la República de Corea harán todo lo posible para cumplir con sus compromisos. Los líderes de los dos países también consensuaron usar regularmente una línea telefónica directa para resolver cuestiones importantes para la nación. En particular, convinieron en estudiar la visita del presidente surcoreano, Moon Jae-in, a Pyongyang en otoño –entre los meses de septiembre y diciembre.

 

Firmeza y destreza

Sería imperdonable comentar el exitoso resultado de esta cumbre sin destacar la firmeza y destreza de ambos mandatarios coreanos.

Moon Jae-in tuvo que luchar durante años contra quienes preconizaban una guerra abierta de destrucción contra Corea Democrática, y nunca dejó de afirmar que la reconciliación era posible, por lo cual había que mantener un espíritu de diálogo.

Su hasta ahora proceder incorruptible, libre de cualquier sospecha sobre cuestiones corruptas y de abuso de poder –en lo que sí incurrieron sus antecesores–, el Presidente surcoreano se enfrentó a los halcones locales y supo manejar inteligentemente las ínfulas guerreristas norteamericanas para que dejaran de obstaculizar el diálogo con el Norte.

A su vez, Kim Jong-un, pese a la falta de experiencia internacional, de destacó, subrayo, por su destreza diplomática –en el tono y en los tiempos– que está desplegando desde el primero de enero, con motivo de su discurso de Año Nuevo,

Desde ese momento, anunció una nueva era en la que la congelación de las pruebas balísticas y nucleares servirían para evitar una guerra que afectaría la vida de su pueblo y otras naciones, a la par que salvaguardaría la construcción de un socialismo con características específicas en la RPDC., el cual, pese a persecuciones y sanciones imperialistas, ha mantenido una política social que mantiene gratuitas la educación y la salud y el respaldo masivo de un pueblo bien preparado militarmente.

También hay que remarcar la confianza que deposita en su estructura de poder, dado que, con sus principales asesores, viajó a Beijing, en un periplo en tren que le llevó cuatro días consumar, pese a la campaña tergiversadora de los medios al servicio de Occidente acerca de que no cruzaba las fronteras por la posibilidad de sufrir un golpe de Estado.

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