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Bolivia sin mucho ruido

1 de noviembre de 2017

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Recuerdo, hace unas décadas, ver el nombre de Bolivia en la lista de países más empobrecidos del mundo.
También recuerdo la marca registrada de malos gobiernos que generalmente duraban poco porque no hacían nada al servicio de aquella población.
Pero Bolivia enrumbó hacia un presente estable y un fututo promisorio a partir del liderazgo de Evo Morales, ese presidente indígena que ha sabido llevar las riendas políticas a la vez que fomentar el desarrollo económico y hacer de los beneficios sociales el principal contenido de su agenda.
Evo, identificado con su pueblo, lo mismo conduce planes de desarrollo que baila junto a las comunidades pobres que van saliendo de ese marasmo para encontrarse con un presente estable y trabajar por un futuro mejor.
Él, como nadie, ha sabido conformar ese amasijo de ideas que ha dado pureza y a la vez dureza al propio desarrollo, hoy considerado como irreversible.
Su firmeza antiimperialista y su cualidad de político capaz de dialogar y convencer, le ha permitido vencer en batallas internas aupadas por intereses oligárquicos y en un horizonte exterior donde ha puesto a prueba su capacidad de resistencia y su lucidez de líder.
No es para nada fácil lograr un 5% de crecimiento promedio en la economía boliviana en algo más de una de una década. Tal desempeño fue bastante alto si lo comparamos con Estados Unidos, que apenas creció 1,5% y con Latinoamérica en su conjunto que sufrió una contracción de 0,9%, dicen especialistas citados por BBC Mundo.
Vale destacar, además, que el auge en la economía y el alcance social de Bolivia contrastan con el neoliberalismo como expresión de mal gobierno, que se ha vuelto a asentar en algunos países del área.
Un desalentador decrecimiento económico y social es ya presente en muchos países de la región donde el neoliberalismo se apodera del entorno político.
Crecer un 5% es una cifra superior a la del resto de las naciones sudamericanas y hasta de los propios Estados Unidos y no es más que el resultado en el que a todas luces prevalecen el sentido responsable y creador del Presidente y su equipo de trabajo.
Se destaca que, aún cuando el precio de las materias primas se ha ido desplomando, el país sudamericano ahorró, no despilfarró su dinero y en 2006 se tomó la medida ejemplarizante de nacionalizar los hidrocarburos para beneficio total de Bolivia.
La venta de gas natural a Brasil y Argentina y los esfuerzos que ya exhiben algunos logros en la diversificación de la economía, han sido sustentos de ese crecimiento estable.
Los reportes de prensa reflejan que más de 10 multinacionales han hecho contratos con la empresa estatal boliviana Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, con las que se acordó el pago de un tributo sobre el valor de la producción de entre el 50 y el 85%.
Tanto los expertos del FMI, como analistas locales, coinciden en que la estabilidad social ha contribuido al crecimiento económico, señala la citada agencia de prensa.
Tal situación ha favorecido el hecho de que la pobreza haya bajado entre 2004 y 2015 de un 63% a un 39%.
Así progresa Bolivia con su presidente indígena Evo Morales al frente, sin que esté reflejada su prosperidad en la agenda mediática internacional. Yo diría que avanza sin mucho ruido pero con suficiente fortaleza.

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