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Ernestina Lecuona

14 de julio de 2017

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ernestina lecuona

 

Una vez que terminamos de publicar en esta sección la gran mayoría de las epístolas que figuran en nuestro libro Ernesto Lecuona: cartas, que aún se vende en varias de las librerías del país, procedemos a incluir en De Ayer y de Siempre muchas de las notas biográficas publicadas al final de la obra.

Ellas tienen como objetivo informar a los lectores quiénes son las personalidades citadas en las cartas.

 

Lecuona Casado, Ernestina (Matanzas, 1882-La Habana, 1951). Cuando todavía era una niña, su familia se radicó en La Habana, donde comenzó los estudios de piano en la academia del Centro Asturiano con el profesor Antonio Planas, y luego los perfeccionó bajo la supervisión de Lucía Calderón, egresada del Conservatorio de París.

Con quince años de edad compuso su primera obra: la habanera Luisa, que publicó la editorial de Anselmo López y se difundió ampliamente en Cuba y España. Por esa época inició en el aprendizaje musical y pianístico a su hermano menor, Ernesto, que posteriormente le dedicaría algunas de sus creaciones, entre ellas, Danza negra.

Muy joven aún contrajo matrimonio con el doctor Juan Bautista Brouwer Etchecopar, veterinario y profesor. Tuvieron cuatro hijos: Elisa, Julieta, Ángel y Juan, padre del guitarrista y compositor Leo Brouwer. La crianza de ellos la obligó al abandono de su labor musical durante largo tiempo. Su piano quedó al servicio del hermano menor: Ernesto Lecuona, cuyos estudios e inicial carrera de concertista apoyaron ella y su cónyuge.

Una vez encaminados sus descendientes, junto con Ernesto –ubicado entonces en la cumbre de la popularidad como pianista y compositor– Ernestina Lecuona retomó en 1928 sus faenas de autora, instrumentista o acompañante de prestigiosos cantantes líricos nacionales y extranjeros. Ese mismo año dio a conocer el bolero Anhelo besarte (L.: Miguel de Grandy), al que siguió, casi de inmediato, una criolla estrenada en La Habana por el tenor italiano Leo Micheluzzi: ¿Me odias? (L.: Fernando Lecuona), contestación al Te odio, del escritor y compositor cubano Félix B. Caignet.

A partir de entonces crecerá la lista de sus valses, criollas, boleros, canciones, congas, danzas y guajiras que, en diversos casos, trascenderían en Hispanoamérica y Estados Unidos. Aparte de las citadas partituras, entre otras de cierta notoriedad figuraron Jardín azul, Ahora que eres mía, Cierra, cierra los ojos, Cuando duermes, Junto al río, Ya que te vas, Te has cansado de mi amor, Dame otro beso, Solo a ti te quiero, Bésame con ternura, Tú serás en mis noches, ¿Por qué no me quieres?, No lo dudes

Además de textos suyos, empleó en sus piezas versos de los cubanos Gustavo Sánchez Galarraga, Mary Morandeyra, Esther Costales, Celia Pérez Belinchón, Rosa A. Cohalla, Luis Ángel de la Cruz Muñoz, Arturo Alfonso Roselló, Ernesto Montaner y de los argentinos Raquel Abrisqueta y Juan Clauso. Varias de sus páginas musicales tuvieron notables interpretaciones en las voces de Esther Borja, Juan Arvizu, Pedro Vargas, Tito Guízar, Pilar Arcos, Margarita Cueto, Rita Montaner, Adolfo Utrera, Miguel de Grandy, Hortensia Coalla, Maruja González, Tomasita Núñez, Fernando Albuerne, Daniel Arroyo, Mercedes Simone, Tito Coral…

En abril de 1929 Ernestina Lecuona ofreció varios conciertos en Estados Unidos junto con Margarita Cueto. El más importante fue el que –dedicado a la música hispanoamericana– realizaron el día 2 en la sede de la Unión Panamericana, en Washington, el cual transmitieron unas cincuenta radioemisoras. Después acompañó a su hermano en giras a México, Argentina, Perú, Chile, Uruguay, Puerto Rico y Estados Unidos, en las que, en reiteradas oportunidades, tocaron a cuatro manos el piano en radioemisoras y coliseos. Entre el 11 y el 17 de diciembre de 1936 presentó varias de sus composiciones en el neoyorquino teatro Cervantes, interpretadas por la Cueto; en ese período, en la radioemisora NBC, acompañó al piano al tenor mexicano Tito Guízar en su canción Cierra, cierra los ojos.

Participó al lado del maestro en numerosos conciertos de música típica patrocinados por él en Cuba, en los cuales Ernestina estrenó una buena parte de sus creaciones. El 7 de febrero de 1937 organizó un recital de ese tipo –en el teatro Alkázar– para el que fundó y dirigió desde el piano su Orquesta Femenina de Conciertos, integrada por doce profesoras. Según declaró cinco años más tarde a la revista Carteles, ese colectivo no pudo establecerse con carácter permanente a causa de “…la pobreza del medio artístico de aquella época”.

Integró Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), y en 1942 la proclamaron Hija Eminente de Matanzas.

Su muerte –el 3 de septiembre de 1951– provocó una de las etapas más tristes en la vida de Ernesto Lecuona, pues ella había sido su incomparable guía y confidente. A pocos días del sepelio, se afirmó en una crónica publicada en Carteles: “Con Ernestina Lecuona se van no solo la artista, sino cincuenta años de vida cubana, de ambiente musical, desde una Habana todavía romántica, que en el silencio de los atardeceres aprendía su lección de música igual que en los versos del poeta […]; una Habana de las tapias floridas y flamboyanes que enrojecían el cielo del crepúsculo, y que en la calma nocturna se congregaba en torno al piano familiar para oír la canción con azules relumbres de cocuyo y cadencias siboneyes. // Y así, al cerrarse el ataúd de Ernestina Lecuona, fue como esa tapa negra del piano que cae sobre el teclado cuando ha terminado la melodía. // Pero la música seguirá recordando a la hermana mayor…”.

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