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La ética martiana, su significación y vigencia en el siglo XXI

24 de febrero de 2017

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José Martí le atribuyó una gran relevancia a los principios en el modo de actuar de los seres humanos.

Durante su breve pero fecunda existencia tanto en cartas, trabajos periodísticos, discursos así como en poemas y otras obras, fue detallando conceptos en torno a disímiles temas, tales como el sentido que le concediese a la propia vida acerca de la cual aseguró que es sutil, complicada y ordenada, aunque parezca brusca, simple y desordenada al ignorante.

Con respecto a ello igualmente enfatizó en el trabajo identificado como En los Estados Unidos, reflejado en La América, Nueva York, en mayo de 1884 que “la vida es una agrupación lenta y encadenamiento maravilloso”, y además resaltó que “la vida es un extraordinario producto artístico.”

Martí concibió que los hombres y mujeres debían ser capaces de llevar adelante una vida digna, útil y virtuosa y por eso no es de extrañar que expresara que la vida es inspiración, fraternidad, estímulo, virtud.

José Martí luchó igualmente en forma ardiente por hacer comprender la importancia que tenía para los seres humanos que prevaleciese la virtud, como algo esencial para el propio desarrollo de la vida.

Y llegó a señalar con particular relevancia que “es preciso leer, con los ojos sagaces, el diario que no se publica, el de la virtud oscura…”

De manera muy específica más allá de estas consideraciones acerca del modo adecuado de actuar de los hombres y mujeres en general, con independencia del lugar donde hubiesen nacido o desenvolvieran su existencia, Martí se preocupó por la imagen que reflejaba su pueblo y se esforzó porque ésta estuviera en correspondencia con aspectos morales de especial trascendencia.

En un trabajo que publicara en el periódico “Patria”, el 30 de abril de 1892, hizo un análisis acerca de los diarios más solicitados en La Habana, y señaló que las citadas publicaciones no ofrecían una imagen integral del alma del pueblo cubano.

Además manifestó que los lectores de dichas publicaciones sólo podían percibir una imagen negativa, ya que preferentemente se trataban temas relacionados con robos, vicios, ambiciones y otras cosas que manchaban la imagen de la sociedad cubana.

Más adelante, en el citado artículo, puso un ejemplo de verdadero corazón de cubano al hacer referencia a la actitud de una anciana llamada Carolina Rodríguez, que había perdido en la guerra su familia y su hogar. Destacó que ella vivía en un pequeño cuarto, y que parte del poco dinero que ganaba trabajando lo empleaba en hacer obras caritativas con algunos cubanos que se hallaban presos o enfermos.

Expuso, además, que a pesar de sus limitaciones económicas, ella daba aportes de vez en cuando a un club de carácter patriótico. Y resaltó con estas palabras las cualidades de esta anciana que a su juicio representaba las virtudes y abnegación características del pueblo cubano: “Con ojos de centinela y entraña de madre vigila la cubana de setenta años por la libertad; adivina a sus enemigos, sabe donde están todos los cubanos que sufren, sale a trabajar para ellos, en la mañanita fría, arrebujada en su manta de lana.”

Resumió de inmediato en una frase breve, pero llena de simbolismo, la emoción que lo embargaba ante ese ejemplo que serviría como fuente de motivación para él y otros patriotas en pos de seguir trabajando en aras de la causa independentista: “¡Esa es el alma de Cuba!”.

De las virtudes de su pueblo Martí trataría en distintas ocasiones. Cabe recordar tan sólo a manera de ejemplo lo que él señalara en un trabajo publicado en Patria el 7 de mayo de 1892 en el que aseguró que el cubano ama la gloria porque es capaz de ella y agregó: “…ama a los que pasean por el mundo la gloria de su patria.”

Puede decirse que José Martí sintió un gran orgullo por saberse cubano, hijo de un pueblo virtuoso y como tal proclamó la necesidad de luchar en forma constante porque prevaleciese entre los seres humanos, la virtud, la dignidad plena y otras cualidades esenciales que enaltecen y propician el desarrollo de los hombres y mujeres en particular y de la humanidad en sentido general.

Algo significativo al respecto planteado por Martí sería lo reflejado en un trabajo publicado en el periódico Patria el 18 de junio de 1892 en el que expresó que el deber del hombre virtuoso no está sólo en el egoísmo de cultivar la virtud en sí y añadió de inmediato lo siguiente: “… falta a su deber el que descansa mientras la virtud no haya triunfado entre los hombres.”

También Martí aseguró en un trabajo titulado “El día de Juárez” publicado en el periódico Patria el 14 de julio de 1894 que un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército

Estos y otros principios detallados por Martí en torno a cuestiones tan esenciales como el gusto por hacer buenas acciones, la generosidad, el agradecimiento, la solidaridad, la amistad, el sacrificio, el amor a la Patria y a la humanidad, así como otros valores, siguen constituyendo fuente de motivación y enseñanza tanto para el pueblo cubano como para múltiples hombres y mujeres que en diferentes partes del mundo aprecian el tesoro que representa la ética martiana.

El investigador cubano Rolando López del Amo destacó que entre los aspectos más relevantes de la herencia cultural que nos legó José Martí está su pensamiento ético, avalado siempre por una conducta ejemplar. Martí creía en el valor de las ideas, pues sabía que sin un pensamiento correcto no puede haber una conducta correcta. Pero el pensamiento sólo no basta: debe completarse en la práctica, en el hacer.

También precisó: “Para Martí el hombre era el centro de su preocupación. Es por ello que su pensamiento político y social contiene la enjundia de su visión del mundo. No se trata de que no se interesara por otros temas, pero el ser humano es el centro de la atención, porque él es el protagonista de la experiencia de la vida.

Martí cree en la capacidad del ser humano para forjar su destino y sabe que esto sólo puede lograrlo como parte de la sociedad de la que es parte. El hombre como ser social es lo que a Martí preocupa. No el individuo aislado, sino el hombre como parte de la humanidad. Y la humanidad está por encima de las preocupaciones de aldea y los nacionalismos. Martí es internacionalista a la par que patriota.”

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