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América y José Miguel II

15 de marzo de 2013

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José Miguel Gómez

Nombrado general de brigada en abril de 1896, general de división en enero de 1898 y mayor general en agosto de ese mismo año,  José Miguel Gómez integró la Asamblea de Santa Cruz del Sur en representación del 4to Cuerpo de Las Villas. Ese organismo, lo eligió para formar parte de la delegación presidida por Calixto García con la misión de viajar a Washington en diciembre de 1898; el objetivo en ese momento era lograr el reconocimiento de la Asamblea y los recursos monetarios suficientes para el licenciamiento del Ejército Libertador. Los otros miembros de la comisión, eran Manuel Sanguily –coronel de la Guerra de los Diez Años, el coronel José Ramón Villalón y el ex jefe de la junta separatista de La Habana, José A. González Lanuza.
El caudillo espirituano, estuvo también presente en el acto de traspaso de poderes de España a Estados Unidos el primero de enero de 1899, realizado en el Palacio de los Capitanes Generales. A esa ceremonia, asistieron en total nueve generales cubanos, invitados por el gobernador militar norteamericano John R. Brooks; allí estuvieron,  además de José Miguel, el mayor general –ingeniero– Mario García Menocal, matancero; el general de división –ingeniero– Alberto Nodarse, pinareño; el general de brigada –estomatólogo–, Francisco de Paula Valiente, santiaguero;  el general de  brigada –médico cirujano–, Eugenio Sánchez Agramonte, camagüeyano; el general de división –abogado– Rafael de Cárdenas, habanero; el mayor general José María (Mayía) Rodríguez, santiaguero; el  general de división José Lacret, santiaguero y el general de brigada Francisco Leyte Vidal, granmense.
Dividida la Isla por los interventores en las mismas seis provincias españolas, fue nombrado José Miguel Gómez como gobernador civil de Santa Clara en marzo de 1899; este cargo, debía ejercerlo –al igual que los otros cinco gobernadores–  junto a un gobernador militar norteamericano. No obstante, Gómez crea un escenario propicio para conformar el Partido Republicano Villareño, grupo político liderado por él como indiscutible caudillo y militado por figuras como Gerardo Machado, José de Jesús Monteagudo –jefe de la guardia rural–, Orestes Ferrara, Federico Laredo Bru y Carlos Mendieta, entre otros.  Con el apoyo de este grupo, fue ratificado por el voto popular en las elecciones de diciembre de 1901.  Ese año, participó como delegado en la Asamblea Constituyente, reunión en la que votó a favor de la Enmienda Platt, dando apoyo a los argumentos de Manuel Sanguily a favor  de ese apéndice constitucional.  Consideraba el espirituano, según Rolando Rodríguez García, que: “Desde el punto de vista cubano, precisa no olvidar que Cuba está indisolublemente unida a los Estados Unidos en lo económico, que nuestro futuro bienestar depende, en gran parte, de ese país, que es casi nuestro único mercado y nuestro principal abastecedor, y de su influencia comercial jamás podríamos sustraernos, so pena de vernos sumidos en la miseria.” Afirma el autor de Las máscaras y las sombras. La, primera ocupación que José Miguel probó más de una vez el amargo sabor de la enmienda cuando llegó a la presidencia. La primera, al tratar de contratar  un empréstito en Europa, le dijeron desde Washington que sólo podía hacerlo con la casa Speyer, de Wall Street; en otra ocasión, se interesó en la compra de fusiles alemanes Mauser  y recibió la negativa y la indicación de que debía ser Springfield estadounidenses.

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