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Pérdida irreparable

7 de octubre de 2016

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El pasado mes de septiembre, la cultura musical cubana sufrió un inesperado revés: la desaparición física de Leonardo Acosta, lo que constituye una irreparable pérdida. A él dedicaré mi comentario de hoy.
Nacido en La Habana el 25 de agosto de 1933, Leonardo Acosta fue un hombre excepcional. No por gusto el escritor y ensayista, Reynaldo González escribió en el Prólogo de los Ensayos Escogidos:

“Nunca sabremos si entramos en una cueva musical o en una biblioteca /…/ sin alejarnos de una vida vivida con intensidad envidiable, una memoria de privilegio y una ansiedad de conocimientos que no se aquieta ni cuando duerme, porque se le encima un aluvión de sueños pendientes”.

Y en ese párrafo, González define muy bien quien fue en realidad este músico, escritor, ensayista, crítico, periodista, cuyos más de veinte libros son de consulta obligada.
Sus primeros pasos dentro de la música lo llevaron a tocar el saxofón dentro de diversas agrupaciones del país, donde el jazz era su género preferido. Cuando Leo Brouwer formó el Grupo de Experimentación Sonora del ICAC, fue uno de los seleccionados. Pero la literatura también era vocación innata aunque –como expresó cuando le otorgaron el Premio Nacional de Literatura, en el año 2006– “La literatura nunca fue una opción para mí, y tampoco la arquitectura; yo entré en la Universidad porque tenía un equipo de pelota en la Liga Amateur y lo mío era la segunda base. Pero la pelota ya ocupaba el segundo lugar entre mis obsesiones. El jazz era la primera”.
En la Universidad se vinculó a la banda musical de esa institución y conoció a José Antonio Echeverría, que se convirtió en su mejor amigo y con quien colaboró hasta que cerraron ese centro de estudios, en 1954, luego de lo cual empezó a tocar en orquestas y con los ahorros que logró, viajó a Nueva York en1955, donde tuvo la oportunidad de escuchar a los más grandes jazzistas: Count Basie, Stan Kenton, Woody Herman, Dizzy Gillespie, Chet Baker, Lee Konitz, J.J. Johnson, Oscar Pettiford, Billy Taylor y tantos otros. Esta experiencia fue decisiva en su futuro profesional dentro del jazz.
Como hombre de grandes inquietudes intelectuales, Leonardo Acosta se convirtió en investigador de diferentes ramas del conocimiento humano, labor que le permitió escribir ensayos de carácter histórico, como: “Martí e Indoamérica: la concepción histórica martiana”, “Occidente y los inicios del colonialismo musical”, “Medios masivos e ideología imperialista”, España e Hispanoamérica en la literatura norteamericana”, “Medio milenio: esclavitud y ecocidio, antropofagia e identidad”…
Leonardo también estuvo vinculado a la radio y la televisión. “En la radio me llegó la síntesis de lo popular y lo culto: Cascarita y Beethoven, y lo afrocubano de la calle, el Cerro, el Canal con todos esos rumberos y la comparsa El Alacrán. Fue asesor de espacios musicales de la televisión
Aunque era un jazzista de excelencia, también tuvo estrechos vínculos en el mundo del feeling y, en especial, con el grupo Loquibambia de José Antonio Méndez.
La lectura era prioridad para Leonardo Acosta, aunque decía que su incursión en la literatura se inició a través del periodismo, y en ambos casos siempre tuvo criterios propios muy firmes y lejos de dogmatismos y la censura que, a su modo de ver: “Es la enfermedad más corrosiva que puede sufrir el periodismo”
Entre sus múltiples galardones, no puedo dejar de mencionar: Distinción por la Cultura Cubana, Medalla Alejo Carpentier, Orden Félix Varela de Primer Grado, Premios de la Crítica y Premio de la Academia Cubana de la Lengua, por su libro: “Alejo en Tierra Firme: intertextualidad y encuentros fortuitos”.
La desaparición física de Leonardo Acosta constituye una gran pérdida para la cultura cubana, pero ha quedado su obra, que lo inmortaliza.

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