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La inseguridad nuclear

5 de abril de 2016

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La pomposamente llamada Cumbre de Seguridad Nuclear, celebrada en Washington bajo los auspicios del gobierno de los Estados Unidos, aparentemente cumplió su propósito de marcar la hegemonía imperial sobre los restantes asistentes mediante la presentación de una estrategia que de manera supuestamente conjunta sea capaz de enfrentar con efectividad la amenaza terrorista de apoderarse de armamento nuclear para llevar a cabo sus ataques.

Significativamente, ni Rusia ni Irán –dos países que se consideran claves en la lucha antiterrorista y que han demostrado en la práctica saber hacerlo–, se hicieron presente en la susodicha Cumbre. La primera decidió no asistir y la segunda no fue siquiera invitada.

Aprovechando la situación de repulsa generalizada al terrorismo, acentuada como consecuencia de los ataques en París y Bruselas –sede de la Unión Europea y la OTAN–, y apoyándose en la vulnerabilidad e ineficiencia demostrada por sus aliados europeos, el gobierno estadounidense pasó una vez más sobre la actuación de las Naciones Unidas, a quién en realidad debía corresponder la más alta función en la coordinación y enfrentamiento al flagelo terrorista, con la autoridad que emana de la propia Carta de Naciones Unidas y la posibilidad de concertación total de las naciones representadas en la ONU, lo cual le conferiría a esta lucha un carácter verdaderamente universal y general, sin dobles raseros, oportunismos ni dobleces, como ocurre en la actualidad.

Durante la citada Cumbre, por supuesto, nadie recordó que fueron precisamente los Estados Unidos y algunos de sus más cercanos socios allí presentes quienes organizaron, financiaron y lanzaron a esas mismas bandas terroristas que hoy dicen combatir con el propósito de satisfacer sus intereses geopolíticos y económicos

La destrucción de la convivencia pacífica entre los países del Medio Oriente y de varias de las naciones que integran esa región y el norte de África, ha sido la obra criminal no solo de los grupos terroristas actualmente extendidos e incontrolados, sino también de los poderes imperialistas y capitalistas que los engendraron y ahora aparentan preocuparse por su diseminación y peligroso acercamiento a los arsenales nucleares.

El drama de los refugiados que ya pasan del millón y huyen hacia Europa es otro de los inesperados resultados que los mismos azuzadores de la crisis no esperaban, y hoy se instala en el seno de la UE para poner fin al hipócrita discurso de los derechos humanos mantenido unilateral y selectivamente contra los países del Tercer Mundo.

Mientras la lucha antiterrorista se intente monopolizar por los mismos que generaron y auspiciaron el terrible flagelo, con imposiciones y exclusiones antidemocráticas y al margen de las organizaciones internacionales establecidas, todo se diluirá fatalmente en retórica y manipulaciones políticas.

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