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Espadero no fue solo un romántico

1 de abril de 2016

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Cuando era estudiante de música, conocía muy poco sobre el gran músico que fue Nicolás Ruiz Espadero, el profesor más cotizado de su tiempo entre cuyos alumnos se menciona a Ignacio Cervantes, entre otros. Pero años después tuve la oportunidad de leer el libro del pianista Cecilio Tieles quien, luego de una rigurosa investigación de quince años,nos muestra un excelente ensayo donde descubrimos a un Espadero diferente, que aunque cultivador del romanticismo del siglo XIX, hizo importantes aportes a la creación nacional. A él dedicaré mi comentario de hoy.
Nace este ilustre músico habanero, el 15 de febrero de 1832 y fallece como consecuencia de un accidente en el que sufrió graves quemaduras, a los cincuenta y ocho años. Compositor, pianista y profesor, al decir de Tieles, “…el fenómeno de Espadero se escapa a la definición corriente de lo cubano y, por lo mismo, se le define como extranjerizante […] pienso que la eurocubanía o hispanocubanía de Espadero lo hace acreedor del respeto y admiración de los amantes de la música española, como parte entrañable, esencial, no como algo ajeno y distante”.
Y por coincidir con la opinión de Cecilio, aquí quiero detenerme, porque en las últimas décadas, cuando se habla de folclore cubano, solo se menciona nuestra indiscutible raíz africana cuyo ejemplo más evidente es el evento FOLKCUBA, donde se omite la presencia hispánica. Pero no voy a analizar los diferentes criterios que se manejan en el asunto, ya que el tema de hoy es Nicolás Ruíz Espadero quien, dotado de una extraordinaria sensibilidad y gran talento, pudo alcanzar los estadíos más altos en la música cubana del siglo XIX, por lo que sus obras han sido editadas en Cuba, España, Francia, Estados Unidos de América y Alemania, no solo por su calidad, sino por los aportes que hizo para el establecimiento de nuestra identidad musical. Y no podemos olvidar su labor como formador de profesores, compositores e intérpretes cubanos y españoles.
Algo muy importante que destaca Tieles en su libro sobre Espadero, es el entorno que le tocó vivir, lleno de contradicciones sociales, políticas, estéticas…en medio del cual utilizó un lenguaje musical criollo y –pese a su carácter tímido e introvertido– se incorporó a la vida habanera para defender la nueva corriente artística., aunque la realidad fue más fuerte que su voluntad. Al respecto dice Tieles: “La conmoción y la profunda revisión que implicó la independencia, arrastró la obra de Espadero que se vio relegada al olvido por ambas pates: ni los cubanos ni los españoles se reconocieron en su música. Así pasó al olvido y menosprecio de los investigadores, intérpretes y público en general aquende y allende el océano, uno de los compositores más reconocidos de su momento”.
Realmente es muy triste que, hasta la última década del siglo XX, ningún músico o investigador se haya interesado en profundizar sobre la vida y obra de Espadero, sacando a la luz la verdadera historia, y recatando su archivo para las generaciones futuras. Ni siquiera la casa natal (Calle Cuba número 154) donde vivió hasta su muerte fue rescatada, por lo que debido a su total estado de deterioro fue demolida. Y esa ausencia de información, creó una aureola de equívocos en torno a este gran músico cubano. Aún recuerdo que Alejo Carpentier, en su libro La música en Cuba, titula el capítulo dedicado a él: “Espadero, el romántico” y, entre otras cosas dice: “…pasó su existencia en un largo sueño romántico, poblado de imágenes distantes, sin relación con la realidad sonora que hervía al pie de sus ventanas cerradas por rejas”. Más adelante expresa: “No salía, no aceptaba invitaciones, no frecuentaba los paseos. […] Su neurosis de adolescencia se acentuaría con los años, llevándolo a mostrarse huraño, hosco, raro. Tenía un amor desmedido por los gatos. […] Muy escaso lugar ocupa el sentimiento amoroso en este gran solitario, para quien la madre representaba la sublimación del ideal femenino”. Una buena parte del capítulo está dedicado a su amistad con Gottschalk y, en cuanto a la valoración de Carpentier sobre su música: escribió: “El espíritu que anima la etapa más conocida de la obra de Espadero se expresa por una mera cita de títulos: Vals satánico, Tarantela furiosa, El lamento del poeta, Ossián, Canto del alma, La caída de las hojas, Recuerdos de antaño, Barcarola, dos Baladas, Voces de Sión cautiva (para dos pianos). Hizo, desde luego, fantasías sobre “Puritanos”, “Norma” y “El trovador”. Títulos que dicen mucho, que dicen demasiado. Sin embargo, Carpentier consideraba que en Espadero había un excelente músico pero con una aceptación inconsciente de tendencias europeas.
Como estoy segura de que el lector (o lectora) está interesado en conocer un poco más sobre Nicolás Ruiz Espadero, continuaré ofreciendo otras informaciones en mi próximo comentario.

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