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Andrés Vázquez de Sola: la censura es lo más estúpido del mundo

12 de febrero de 2016

Por: Eydi Sanamé Flores / Fotos: Alexis Rodríguez

 

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“Su vida es toda una novela”, así introdujo Magda Resik, la anfitriona del espacio “Encuentro con…” – el más importante dedicado a un autor durante la Feria del Libro –al pintor y caricaturista de Cádiz, exiliado a Francia, voluntario para defender a Cuba durante el ataque a Playa Girón y autodenominado “anarcomunista”, Andrés Vázquez de Sola.
“Vázquez de Sola es un solo apellido, eh… Lo digo para que no piensen que me las estoy dando de aristócrata”, aclaró el dibujante, a propósito de la presentación de su libro Cenizas de un mar en llamas en la Sala Nicolás Guillén de La Cabaña. “Llámeme Andrés, por favor”, pidió el escritor.
“Lo mío es la sátira política… Los políticos saben muy bien que la sátira política es un arma muy fuerte”, dijo Andrés, quien temprano en este mundo encontró su camino, aunque tuviese luego que dormir una temporada bajo el puente del Sena.

 

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Andrés Vazquez de Sola, pintor y caricaturista de Cádiz

 

“Comencé con la escultura de pequeño, luego hice algunos dibujos para adornar el estudio que mi padre me había hecho, pero la gente se reía más con mis dibujos, así que decidí dedicarme a la caricatura”, expresó.
Andrés ha dicho en numerosas ocasiones que define su obra como una lucha permanente contra la injusticia; en efecto, relató durante el diálogo que de pequeño, su primer maestro de escuela fue fusilado y luego su primo hermano, por militar “con los rojos”, “así que a los siete años yo no podía concebir que quien hiciese eso fueran los buenos”.
Aunque actualmente se desempeña como pintor de obras de gran formato – algunas de las cuales pueden apreciarse en la Sala Alejo Carpentier de la sede de La Cabaña durante toda la Feria –, el caricaturista no dedicaría tiempo a interpretar a ninguna de las figuras del escenario político español contemporáneo, según respondió a una de las preguntas desde el público.

 

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“Para mí, una caricatura es un homenaje, de modo que no torturaría a mi lápiz de esa manera”, dijo Andrés, quien entiende la caricatura como una interpretación de la personalidad, más que una exageración de los rasgos del individuo: “La caricatura es una interpretación de la persona. Le aconsejo a los dibujantes que no busquen parecido ni gracia, sino la verdad, la quintaesencia de la verdad”.
Esa “verdad” le ocasionó el despido de varios medios de comunicación españoles y el eventual autoexilio a Francia, debido a que sus obras “eran muy fuertes”, en una España bajo el dominio del régimen franquista.
En 1959 llegó a Francia solo con su talento y al inicio tuvo que dormir bajo los puentes del Sena, luego trabajó como peón de albañil, hasta que logró publicar la serie de caricaturas “La gran corrida franquista” que lo consagró en el diario galo Le Canard.

 

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“Lo curioso de esa corrida fue que no la hice con ‘conciencia política’. La hice dibujando en un bar, a donde iba todos los días a tomar café. Cuando los de Le Canard la vieron, dijeron que era la requisitoria más cruel que se había hecho sobre el régimen franquista”, cuenta Andrés.
Esos dibujos demandaron la impresión de más un millón de ejemplares, así que “empecé con un salario que… ¡en la vida imaginé yo que se podía ganar ese dinero!”.
Entre sus obras monográficas y sus exposiciones, Cuba es una de las grandes pasiones para Andrés.
“Cuando la Bahía de Cochinos, yo estaba en París, y ese día fui a la embajada cubana y me presenté de voluntario para venir a defender la Revolución, pero el embajador me dijo: lucha desde casa que aquí estás más seguro. Y desde entonces he luchado desde casa”.
Más adelante en la conversación, el caricaturista expresó pícaramente que le “encanta la belleza en todas sus formas, por eso cuando vengo a Cuba veo unas mujeres que: ¡Madre Mía! ¡La mía me quiere sacar los ojos!”.
Cenizas de un mar en llamas, el libro presentado, trata sobre la inmigración, los prejuicios raciales y los sexuales, entre otros tópicos, y aunque Andrés ha sido defensor de “dibujar con libertad” reconoce que hay muchos chistes que a veces “necesitan sacrificarse”.

 

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“En este libro hay dibujos que para alguien que no me conoce, podrían ser racistas. Por ejemplo, hay un negro comiéndose la pata de un blanco, pero es una sátira criticando el racismo idiota”.
En numerosas ocasiones, como señaló la periodista Magda Resik, Vázquez de Sola ha criticado la censura y la falta de participación, al respecto de lo cual el caricaturista aseveró que “la censura es lo más estúpido del mundo”.
A sus 88 años y luego de visitar muchísimas veces la Isla, Andrés Vázquez de Sola todavía sueña con conocer personalmente a Fidel, y lo explicitó justo al inicio de su conversación este viernes: “Yo soy amigo, hermano de Fidel Castro, pero a lo mejor él no lo sabe, y cuando se entere, me llama y me dice: ‘oye, Andrés, ven a mi casa que quiero darte un abrazo’”.

 

Disfrute de este Encuentro con Vázquez de Sola en el siguiente link:

https://www.youtube.com/watch?v=WetMfDCkgio

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