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Paraguay hace agua

3 de septiembre de 2015

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Hace rato que la nave paraguaya se hunde en las aguas de la impunidad y la corrupción, víctima de ese mar embravecido que es el latifundio, donde los poderosos de siempre, internos y externos, explotan a diestra y siniestra, bajo el manto de la represión oficial.
Esta cuestión toma especial trascendencia en estos días, cuando se acaba de suspender por sexta vez el juicio a 13 campesinos acusados de dar muerte a seis policías, de un total de 300 que fueron a desalojar a unos 60 ocupantes de un latifundio en Curuguaty, hizo tres años el 15 de junio último.
Solo se imputa a campesinos de un hecho no esclarecido, pero no se establece juicio alguno contra los uniformados que mataron a 11 en el lugar, a lo que hay que sumar otros seis sacados de sus casas en horas de la noche y asesinados. “Casualmente”, todos eran líderes comunitarios.
Lo escandaloso del hecho no pudo ser ocultado mediáticamente, por lo que surgieron diversos movimientos de protestas contra el trato dado a los presuntos culpables de una acción aprovechada por los enemigos políticos del presidente Fernando Lugo, el único con mentalidad progresista llegado al poder en Paraguay en el curso de los últimos años.
El ilegal juicio en el Congreso -efectuado en 24 horas y no en cinco días como está determinado legalmente- fue un virtual golpe de Estado al entonces presidente, lo cual acabó con la única oposición a la concentración de la tierra en pocas manos.
En ese momento habían tensiones: el Ministro de Agricultura y Ganadería, el liberal Enzo Cardozo, permitió la siembra comercial de la semilla de algodón transgénico Bollgard BT de Monsanto; pero el funcionario Miguel Lovera, del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas, no la inscribió como cultivable por carecer de aprobaciones.
Esto generó que días previos al 15 de junio, grandes empresarios productores organizados en la Unión de Gremios de la Producción intentaron destituir a ese funcionario, organizando un “tractorazo” para el 25 de junio. Hay que tener en cuenta que en Curuguaty, Monsanto y otras empresas sojeras continúan operando.
Por aquel tiempo, los campesinos venían organizándose para luchar para que les otorgaran tierras, tras las promesas de una Reforma Agraria por el gobierno de Lugo. Y por eso venían ocupando tierras del Estado, del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra, como son las de Marina Kue en Curuguaty, y, a pesar de que en forma ilegal la empresa Campos Morombi, del fallecido Blas Riquelme (empresario y dirigente stronista y del Partido Colorado), intentó adjudicárselas.
Muchas de estas tierras, los grandes empresarios agrícolas las habían obtenido ilegalmente, beneficiados por la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).
Lo cierto en que en Curuguaty, más de 260 jóvenes se quedaron sin tierras por un solo acaparamiento, sin que el sucesor de Lugo, Federico Franco, y el actual mandatario, Horacio Cartes, hayan hecho algo al efecto.
En los últimos 10 años, el geofaguismo y la falta de apoyo estatal han expulsado del campo paraguayo a cerca de 600 000 jóvenes, en tanto una sola empresa produce soja transgénica producida por Monsanto, una empresa norteamericana, en unas 2 000 hectáreas, para exportarla a países que la utilizan como agrocombustible, forraje para animales y consumo humano.
Con la asunción de Cartes, el modelo extractivista se profundizó con leyes privatizadoras, como la de Alianza Público-Privada, y la ley de Seguridad Interna, permitiendo usar a las Fuerzas Armadas, sin la aprobación del Congreso, para militarizar más el país con el apoyo de la Asociación Rural de Paraguay.
Además, se siguió subiendo los impuestos a los campesinos y muy poco a los grandes empresarios, fomentándose las relaciones con la Agencia de Estados Unidos para la inversión y el Desarrollo, e impulsando la instalación de bases militares
Hoy Paraguay tiene un 92% de su tierra destinada a cultivos exportables con maíz y soja transgénica y el 2,6% de los empresarios posee el 85% de la tierra cultivable.
Es por eso que la Masacre de Curuguaty representa uno de los mayores ejemplos de las injusticias que cometen constantemente el poder político, la justicia y los empresarios, junto con el imperialismo, contra los campesinos, y que día a día se profundiza en una nave paraguaya que hace agua y amenaza hundirse irremisiblemente.

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