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José Martí y sus dedicatorias en retratos enviados desde el presidio

7 de agosto de 2015

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f0027252Desde el presidio José Martí envió el 28 de agosto de 1870 dos fotos suyas con sendas dedicatorias a su querida madre, Leonor Pérez, y a su gran amigo Fermín Valdés Domínguez.
Primero haré referencia a lo que Martí le señaló a su madre en el retrato que le envió, en el cual aparece con el traje de presidiario y el grillete en uno de sus pies. Martí le patentizó a Leonor Pérez en emotivos versos:


Mírame, madre, y por tu amor no llores:

Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mártir corazón llené de espinas,
Piensa que nacen entre espinas flores.

 

Como se puede apreciar, Martí trataba de darle el ánimo necesario a su madre que, lógicamente, sufría por la situación que se hallaba su hijo desde hacía varios meses. Les recuerdo que Martí había sido detenido en octubre de 1869. Las autoridades españolas habían hecho un registro en casa de Fermín Valdés Domínguez, en la cual ocuparon una breve carta en la que Martí y Valdés Domínguez enjuiciaban a uno que había sido condiscípulo de ambos en la escuela de Mendive, por haberse enrolado en las filas del Cuerpo de Voluntarios, una fuerza militar auxiliar al servicio del régimen colonial.
Bastó la ocupación de dicha carta para que ambos fuesen sometidos a un proceso judicial. En el juicio, tanto Martí como Valdés Domínguez trataron de asumir la máxima responsabilidad al declarar cada uno, en forma respectiva, ser el autor de la citada misiva.
Finalmente tal vez por la vehemencia de su planteamiento se demostró que había sido Martí quien había redactado la carta y sobre él recayó la mayor condena.
Fue entonces trasladado al Presidio Departamental de La Habana donde lo identificaron como el recluso número 113 de la primera brigada de blancos.
Cabe destacar que desde su detención, Martí enfrentó con firmeza el rigor del presidio y la posterior realización de trabajo forzado. Quiero ejemplificar lo anteriormente señalado recordando algo que él escribió tras ser condenado en el juicio y unos instantes antes de ser trasladado hacia el Presidio Departamental.
Martí entonces haría la siguiente reflexión:

 

Voy a una casa inmensa en que me han dicho
Que es la vida expirar,
La patria allí me lleva. Por la patria
Morir es gozar más.

 

Precisé que Martí el 28 de agosto de 1870 envió dos retratos suyos con sendas dedicatorias a su querida madre y a su amigo Fermín Valdés Domínguez, respectivamente.
A Fermín le manifestó:

 

Hermano de dolor, no mires nunca
En mi al esclavo que cobarde llora;
Ve la imagen robusta de mi alma
Y la página bella de mi historia.

 

Cuando Martí escribía estos versos que acompañaban la foto suya con traje de presidiario tenía tan solo 17 años.
Ya desde hace varios meses estaba padeciendo el encierro, primero en la cárcel de La Habana y después en el Presidio Departamental.
A ello se le añadía que desde que fuera condenado en abril había tenido que enfrentarse además a la gran pesadilla del trabajo forzado en las Canteras de San Lázaro.
Pero ni el encierro ni el trabajo forzado habían podido doblegar su entereza. Es más, hay que resaltar que esta etapa de la vida de Martí sirvió para que creciera en él su amor por su tierra natal y reafirmara su convicción de ser solidario con el dolor ajeno más que con el propio dolor que debía encarar y sufrir a título personal.
Para ejemplificar esto basta tener en cuenta lo que señalara algún tiempo después cuando al escribir sobre sus vivencias en el “Presidio Político en Cuba”, detalló que si los dolores verdaderamente agudos pueden ser templados por algún goce, olo puede templarlos el goce de acallar el grito de dolor de los demás. Precisó seguidamente: “Y si algo los exacerba y los hace terribles, es seguramente la convicción de nuestra impotencia para calmar los dolores ajenos”.
Y además en este trabajo publicado en España, algún tiempo después de haber salido de la prisión, Martí patentizó al evocar a sus compañeros que habían quedado en el presidio en Cuba: “¿A qué hablar de mí mismo, ahora que hablo de sufrimientos, si otros han sufrido más que yo. Cuando otros lloran sangre, ¿qué derecho tengo yo para llorar lágrimas?”.
Con respecto a la etapa de José Martí en el presidio y cómo fue capaz de encarar la realización de trabajo forzado en las Canteras de San Lázaro, e igualmente sobre cómo evidenció su solidaridad con los que padecían similar situación, el investigador cubano Jorge Mañach en su libro titulado “Martí El Apóstol”, publicado por la Editorial Ciencias Sociales, en el 2001, expuso: “Sintió él mismo la mordedura de cal y del sol y del látigo. Cavó con el agua a la cintura. Arrastró hierros que le royeron el tobillo”.
Y añadió más adelante: “Más que esta fruición de martirio, le gana el ánimo una piedad amarga hacia toda aquella miseria Don Nicolás y Lino y todos supieron de su palabra alentadora, de sus manos generosas que ayudaban a aupar el cajón, ceñían el vendaje o rociaban a tiempo la piel abrasada”.

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