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Incierta travesía

24 de abril de 2015

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Las aguas del Mediterráneo se han convertido, más que en el elemental tránsito de buques con carga o pasajeros, en una incierta travesía en la que mueren miles de personas.
La pesadilla tiene el nombre que le pongan los hambrientos y desplazados de tierras de África y el Medio Oriente, que en busca de una vida mejor se proponen llegar hasta una Europa, también llena de incertidumbre y donde no pocas veces se les reprime o ignora.
El pasado año 2014 fueron 3 224 las personas muertas en esa bochornosa tragedia. Y en lo que va de 2015, la cifra se ha disparado y ya son más de 1 600 los ahogados sin poder llegar al destino europeo.
De acuerdo con datos de la Organización Internacional de las Migraciones, el 66% de las personas que fallecen en el mundo al tratar de llegar desde los países pobres a los industrializados, corresponde al Mediterráneo.
Instituciones de derechos humanos critican la falta de una verdadera política por parte de los países de la Unión Europea, para al menos amortiguar tanta tragedia que están convirtiendo al Mediterráneo en una auténtica fosa común.
Para uno de estos organismos, el dossier apunta claramente a la responsabilidad europea en las muertes producidas a las puertas de su fortaleza: La UE no mueve un dedo para resolver esta crisis humanitaria, ni desde las políticas desarrolladas respecto a los procesos migratorios, ni desde la puesta en marcha de planes de salvamento y socorro en las situaciones de emergencia, aseguran.
En particular los analistas vinculan el auge de la migración a través de esa vía marítima con la situación de inestabilidad y guerra en Libia, principal centro desde donde salen los migrantes, luego de pagar grandes sumas de dinero a traficantes de seres humanos que se enriquecen con esa tragedia.
Informes recientes señalan que las declaraciones de gobernantes europeos sobre el drama de la guerra en Siria y los millones de personas desplazadas, también reflejan la falta de coherencia por cuanto, los países vecinos a Damasco han dado refugio al 97% de los desplazados mientras que los de la Unión solo han dado albergue a un 1,7% de ellos.
Testimonios de personas que han utilizado el Mediterráneo para emigrar, recogidos por BBC Mundo, señalan que los traficantes cobran hasta 2 500 dólares por montar en las muchas veces frágiles embarcaciones a desesperados seres que para llegar a territorio libio han tenido primero que cruzar cientos de kilómetros de desierto.
Algunos de los que han llegado hasta la ciudad de Gao, en el noreste de Mali, luego de un viaje en camión durante seis días, refieren que el desierto del Sáhara puede ser tan mortífero como el Mediterráneo.
Otros de los que han arribado a Italia luego de la letal aventura mediterránea, manifiestan que Libia, luego de la muerte de Gadafi y en medio del caos de inestabilidad que allí se vive, ha hecho florecer el tráfico de personas, negocio que ha enriquecido a no pocos inescrupulosos traficantes que hacen subir a los migrantes desesperados a barcos que, en muchos casos, no cumplen las condiciones para completar el viaje.
Cuando alguno de esos seres humanos pone pretextos para embarcarse en la aventura, los negociantes lo suben a punta de pistola, cuenta una mujer venida a Europa desde Eritrea, quien había trabajado en condiciones de semi esclavitud para recaudar los 2 500 dólares que le exigieron para montar en la embarcación.
Toda esta historia de tragedia humana tuvo su punto extremo cuando en días pasados más de 800 personas fallecieron tras naufragar el barco que los trasladaba a Europa.
Ahora las alarmas están disparadas, pero, que se conozca, no existe ninguna solución por parte de los países ricos y a nivel internacional solo declaraciones y llamados surcan el éter, mientras una incierta travesía espera los empobrecidos y refugiados que tratan de encontrar un sentido para sus vidas.

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