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Cenizas de Colón

16 de enero de 2015

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colon_cristobalEl 20 de mayo de 1506 fallecía en Valladolid Cristóbal Colón, y 30 años después se trasladaban sus restos mortales a la isla La Española, de acuerdo a su última voluntad.
La guerra franco hispana, terminada con la paz de Basilea en 1795, cedía la parte española de Santo Domingo a Francia, y los peninsulares decidían traer a Cuba las cenizas de Colón.
El martes 15 de enero de 1796, desde el amanecer, miles de habaneros llenaban todos los espacios posibles entre el muelle de Caballería y la Plaza de Armas, en la mayor concentración vista hasta ese momento en la Villa.
Desde el buque San Lorenzo, procedente de Santo Domingo, se traerían a tierra los restos del Gran Almirante.
La caja fúnebre, fuertemente escoltada, fue llevada hacia el obelisco junto a la legendaria ceiba, en la plaza de Armas.
Se colocó sobre una mesa cubierta de terciopelo negro y rodeada de 36 hachones encendidos, y ante la presencia del Capitán General y de las más altas autoridades del país, se procedió a su apertura, para dejar ver pequeños fragmentos de huesos, polvo y cenizas.
Tras las primeras honras fúnebres, a cargo del obispo Trespalacios, partió el cortejo precedido de cuatro cañones de campaña y 16 mulas negras, hacia la Catedral.
Ya en el lugar y después de las labores eclesiásticas, todos hicieron silencio para escuchar el panegírico a cargo del doctor José Agustín Caballero.
La caja fúnebre fue colocada en una de las columnas del altar mayor y cerrada con una losa sepulcral.
De esta manera, la ciudad de La Habana se convertía durante todo un siglo en celosa guardiana de las cenizas del Gran Almirante,
Y más de dos siglos después, una incógnita permanece latente: ¿serían esas en realidad las cenizas de Colón?

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