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Erick Kleiver: Voluntad y carácter (IV)

5 de diciembre de 2014

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En 1943, Kleiber es invitado a Cuba para dirigir la Orquesta Filarmónica de La Habana, luego de la salida del director italiano Máximo Freccia, a petición del Patronato Pro Música Sinfónica de Cuba. El debut en La Habana se produjo el 25 de marzo con un programa compuesto por obras de Mozart, Stravinsky y Weber.
Desde su primera presentación en Cuba, quedó tejida entre Kleiber y sus músicos una fuerte corriente de simpatía y respeto. Su amplio concepto de la disciplina, apoyado por un sólido concepto de fraternidad entre director y músicos, fraguó un entramado perfecto que devino el inicio de una nueva etapa para la Filarmónica de La Habana, tanto en el carácter estético como en el aspecto institucional.
Fue con Kleiber que la Orquesta Filarmónica de La Habana, incluyera en su repertorio obras de compositores cubanos, entre otros, Ardévol, Roldán Caturla y Ruiz Castellano, con las que el director puso un especial interés, para que quedasen grabadas en placas fonográficas no comerciales.
Estos y algunos otros conceptos de carácter estético manejados por el gran director, le provocaron serias discrepancias con la alta directiva del Patronato Pro Música Sinfónica, organismo configurado por rancios elementos, que desdeñaba de manera abierta la creación de los compositores cubanos. La situación entre Kleiber y el Patronato llegó a alcanzar tal tirantez, que en 1947 el director decide abandonar su cargo en la Filarmónica y abandona a Cuba. Muy pronto se le pudo ver en Londres  contratado por algunas semanas  para dirigir la Orquesta Filarmónica de Londres. Después vendrían ofertas desde Budapest, Bruselas, Dresden, Berlín y Moscú.

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