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La última temporada de la Liga profesional cubana de béisbol

28 de noviembre de 2014

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Por más de ochenta años la Liga profesional cubana de béisbol reunió a varios de los mejores peloteros del país, agrupados en diversos equipos, aunque solo dos, Habana y Almendares, lograron mantenerse en todos los campeonatos.

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La Liga comenzó en 1878 y en el primer partido, efectuado el 29 de diciembre, los Leones del Habana derrotaron a sus eternos rivales, los Alacranes de Almendares, por un marcador que se parece más a un juego de balonmano, 21 a 20. Los Leones, dirigidos por su también receptor, Esteban Bellán, finalizaron invictos con 4 triunfos, por delante de Almendares y Matanzas.

A partir de aquel campeonato, la Liga, con sus altas y bajas, interrumpida en sus primeras ediciones por las disputas internas entre los clubes y luego por la Guerra de independencia, fue conquistando el favor del público y se convirtió en el principal espectáculo deportivo que se desarrollaba en la capital cubana.

Entre los hechos más curiosos y brillantes vividos en la Liga se pudieran mencionar los tres jonrones en un juego conectados por Jimmy Bell en 1928, la racha de 30 partidos consecutivos bateando al menos un jit de Alejandro “el Caballero” Oms también en 1928, las 39 entradas sin permitir carreras por Ramón Bragaña en 1942, los dos triunfos en tres días del zurdo Max Lanier contra el Habana que le dieron el triunfo final al Almendares en 1947 o los 16 cuadrangulares conectados por Lou Klein, en 1953.

Los campeonatos de la Liga comenzaban en diciembre, se extendían aproximadamente por 3 meses y terminaban siempre antes del inicio de la temporada de las Grandes Ligas norteamericanas. Cuando se menciona la Liga, muchos solo reconocen la participación de los cuatro equipos clásicos:  Leones del Habana, Alacranes del Almendares, Tigres del Marianao y Elefantes de Cienfuegos; pero también participaron otras selecciones que hicieron historia, en épocas diferentes, como los Leopardos de Santa Clara, el Fé, el Matanzas y el San Francisco.

La década de los cincuenta fue una de las más pródigas de todos los tiempos de la Liga y comenzó con los tres campeonatos en línea ganados por los Leones habaneros, bajo el mando de Miguel Ángel González. Luego, en 1954 y 1955 llegaron dos títulos consecutivos de los Azules del Almendares, con Bobby Bragan al frente.

El Cienfuegos rompió años de sequía sin campeonatos y ganó el torneo de 1956, mientras los Tigres de Marianao, con Napoleón Reyes como director, vencieron en 1957 y 1958. En 1960 nuevamente los Elefantes, dirigidos por Antonio “Tony” Castaño, conquistaron el banderín y salieron como favoritos para la temporada de 1961.

La tensión y el deterioro en las relaciones entre el joven gobierno revolucionario y el norteamericano se trasladaban hacia el béisbol. Quizás uno de los acontecimientos que más marcó la hostilidad estadounidense en el campo deportivo resultó el triste final de los Reyes Cubanos del Azúcar. En 1959 los Reyes, sobre la grama del por entonces Gran Stadium del Cerro, se habían proclamado como campeones de la Pequeña Serie Mundial de la Liga Internacional, al derrotar en el séptimo juego a los Minneapolis Miller.

Decenas de miles de cubanos asistieron a los partidos de aquella Serie y el triunfo de los Reyes tuvo una amplia repercusión en todo el país. La temporada de 1960 de la Liga Internacional se inició con un juego entre los titulares y Rochester, en el Gran Stadium, y el Comandante en Jefe Fidel Castro lanzó la primera bola. A principios de julio de 1960, las amenazas se convirtieron en realidad y el presidente de la Liga Internacional, Frank Shaugnessy, decidió reubicar a los Reyes en Jersey City, para supuestamente “proteger a los jugadores”.

Este fue un burdo pretexto que nadie en Cuba aceptó y, en señal de protesta, el director de los Reyes, Tony Castaño renunció a su puesto. El béisbol organizado norteamericano elevó todavía más el conflicto y dejó sin efecto el acuerdo con la Liga, firmado en 1948 y que tantas críticas recibió. Poco después, la Liga anunció que no contrataría a ningún pelotero estadounidense.

La temporada cubana de 1960-1961 se jugó, por primera vez en décadas, solo con jugadores nacionales. Algunos apocalípticos se alarmaron y predijeron un fracaso. Se les redujo el salario a los peloteros y hubo que devolver las pelotas que caían en las gradas, porque la compañía norteamericana que las comerciaba se negó a venderlas y las que estaban en los almacenes no eran suficientes. A pesar de estas noticias, la última Liga fue una de las más reñidas de todos los tiempos.

Entre los cuatro clásicos equipos que tomaron parte en aquel torneo, Cienfuegos, campeón de la edición anterior, era el favorito. Tony Castaño se mantuvo como el director de los Elefantes; mientras Regino Otero condujo a los Alacranes de Almendares; José María Fernández a los Tigres de Marianao y Fermín Guerra a los Rojos del Habana. Desde su posición de dueño, Miguel Ángel González observó cómo sus Leones terminaban en la tercera posición.

El campeonato llegó a su último día, el 8 de febrero de 1961, con un empate en la primera posición entre Cienfuegos y Almendares. En esa situación, Castaño llevó a la lomita a su gran estrella, Pedro Ramos quien dominó sin problemas a los Alacranes y Cienfuegos izó, por última ocasión, la bandera de campeón.

La gran figura de la Liga aquel año resultó Pedro Ramos con 16 triunfos y 150 ponches. El habanero Julio “Jiquí” Moreno fue el de mejor promedio de carreras limpias con 2,03; mientras, en la ofensiva, sobresalió el título de bateo para Octavio “Cookie” Rojas con 322 de average y los 15 jonrones de Julio Bécquer de Marianao.

La última Liga demostró que Cuba tenía suficientes peloteros para llenar las nóminas de los cuatro equipos y mantener una excelente calidad. Además, la Liga salió de los terrenos del Gran Stadium del Cerro y regresó, al menos por unos días, al Palmar de Junco matancero, también fue a Cienfuegos y a Remedios.

Dos días después de terminada la Liga estaba previsto que comenzara, en La Habana, la Serie del Caribe. Un año antes, los Elefantes de Cienfuegos habían dominado con amplitud la Serie; pero en 1961 no pudieron ni siquiera intentar revalidar su título, pues las demás Ligas de la región no quisieron romper con el béisbol organizado norteamericano y la Serie fue cancelada. Era el principio del fin.

La Resolución 83-A del Instituto Nacional de Educación Física y Recreación, terminó, en 1962, la práctica del deporte rentado en Cuba y así desapareció, oficialmente, la Liga profesional cubana. Los jugadores que quisieron continuar con sus carreras en diferentes partes lo hicieron. Una etapa del béisbol cubano había terminado. Otra estaba por comenzar.

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