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Aniversario 125 de La Edad de Oro

3 de octubre de 2014

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Valoraciones expuestas por José Martí sobre los anamitas

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En la parte inicial de la cuarta edición de la revista La Edad de Oro José Martí incluyó un  trabajo titulado Un paseo por la tierra de los anamitas, en el que antes de ofrecer una caracterización acerca de ese pueblo expuso una serie de consideraciones teniendo en cuenta la historia de cuatro ciegos hindúes que llegaron hasta el palacio del rajá con el deseo expreso de conocer cómo eran los elefantes.
Describió como cada uno de los cuatro ciegos, situados en diferentes lugares ofreció una versión completamente distinta acerca de las características físicas del elefante y que todos  defendían con vehemencia su criterio.
Comentó de inmediato que así eran los hombres, que cada uno creía que sólo lo que él pensaba era la verdad.
Seguidamente Martí se refirió a las características y otros aspectos de la cultura de los anamitas, acerca de los cuales precisó que vivían del pescado y arroz y se vestían de seda.

Señaló además que durante muchos años habían tenido que defenderse de distintas agresiones y en relación con esto igualmente detalló que a los pueblos pequeños les cuesta mucho trabajo vivir.
Detalló que el pueblo anamita se ha estado siempre defendiendo y que los vecinos fuertes, el chino y el siamés, lo han querido conquistar.
Y seguidamente añadió: “Para defenderse del siamés, entró en amistades con el chino, que le dijo muchos amores, y lo recibió con procesiones y fuegos y fiestas en los ríos, y le llamó “querido hermano”. Pero luego que entró en la tierra de Anam, lo quiso mandar como dueño, hace como dos mil años: ¡y dos mil años hace que los anamitas se están defendiendo de los chinos!”
Martí también expuso que a los anamitas les sucedió algo similar  con los franceses.
Más adelante comentó que los anamitas se paseaban, callados, con las manos en los bolsillos de la blusa azul y que trabajaban mucho y precisó: “Parecen plateros finos en todo lo que hacen, en la madera, en el nácar, en la armería, en los tejidos, en las pinturas, en los bordados, en los arados.”
Martí igualmente  trató sobre el dios de los anamitas, el gran Buda.
Y al contar su historia dijo  que no fue dios cuando vivió de veras sino un príncipe bueno, fuerte de cuerpo y hermoso.
Además señaló  al resumir su inteligencia que los doctores no podían discutir con él porque de niño sabía más que los doctores más sabios y viejos.
Detalló que luego se había casado y que quería mucho a su mujer y a su hijo, pero que después al apreciar mientras paseaba en su carro de perlas y  plata a un pobre viejo, vestido de harapos, se sintió muy triste.
Expuso que otra tarde vio a un moribundo y no quiso pasear más y en otra ocasión al ver a un monje que pedía limosnas su corazón le dijo que no debía andar en carro de plata y de perlas sino pensar en la vida, que tenía tantas penas, y vivir solo, donde se pudiera pensar, y pedir limosna parta los infelices, como el monje.
Martí contó que Buda decidió irse del palacio en lo oscuro de la noche y se dirigió hacia el monte.
Algún tiempo más tarde retornó al palacio pero en forma constante predicó en defensa de los desposeídos.
El rey llegó a comprender la influencia  que ejercía la prédica de Buda y quiso utilizarla en su provecho y fue así como se lanzó a la conquista de otros pueblos con la supuesta intención que conocieran el legado de Buda.
De esta forma se construyeron pagodas con torres en las que se puso en el altar la imagen de Buda como un  Dios.
En la parte final de este trabajo Martí hizo referencia a las características del teatro de los anamitas, acerca del cual señaló que ellos van al teatro para que no se les acabe la fuerza del corazón.
Martí señaló al describir dónde y cómo los anamitas realizaban las actividades teatrales: “Porque el teatro es un salón abierto, sin las bambalinas ni bastidores, y sin aparatos ni pinturas: sino que cuando la escena va a cambiar, sale un regidor de blusa y turbante, y se lo dice al público, o pone una mesa, que quiere decir banquete, o cuelga una lanza al fondo, que quiere decir batalla, o sopla el alcohol que trae en la boca sobre una antorcha encendida, lo que quiere decir que hay incendio.”
Una gran enseñanza se deriva de la lectura de este relato que Martí insertó en lo que fue la última edición de La Edad de Oro, la que cómo un hombre  bueno que se sensibilizaba con los problemas de su pueblo podía llegar a ser un gobernante muy respetado.

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