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Aniversario 220 de las primeras observaciones barométricas realizadas durante un huracán en Cuba

5 de septiembre de 2014

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Este fin de semana conmemoramos el aniversario 220 del huracán que azotara la región occidental de Cuba entre agosto 25y 28 de 1794, cuya historicidad no solo se vincula al paso del meteoro y sus efectos, sino al hecho de que en ese episodio de mal tiempo se tomaron las primeras observaciones barométricas documentadas en la historia de Cuba.
El capitán español Tomás Ugarte, al mando del navío San Agustín, realizó en la bahía de La Habana las primeras observaciones instrumentales documentadas al paso del huracán de San Agustín. Sus datos fueron publicados posteriormente con el título de Observaciones meteorológicas hechas en el Puerto de La Habana en el Segundo Uracán Experimentado sobre esta costa. No existen referencias concretas sobre los instrumentos utilizados por Ugarte, aunque todo indica que empleó en lo fundamental un barómetro holostérico.
Ugarte no se limitó a realizar únicamente lecturas barométricas, y agregó a ellas los valores de la temperatura y la humedad, añadiendo además anotaciones sobre la dirección y velocidad del viento y apuntes sobre la intensidad de la lluvia y la dirección de las nubes.
La diligencia y precisión mostradas por el observador, nos han conducido a pensar que quizás no era esta la primera vez que el marino español se encontraba en el escenario de un ciclón tropical.  Otro elemento que parece apoyar esta hipótesis, es el cambio efectuado por Ugarte en la periodicidad de sus observaciones, que comienza anotando cada 4 horas entre los días 25 y 26 de agosto, pero que decide reducir a un intervalo de 2 horas en la madrugada del 27, y a sólo media hora durante la mañana de ese mismo día, cuando el continuo descenso del barómetro en las 48 horas anteriores, y el incremento en la fuerza del viento y la lluvia, se convierten en claras señales de mal tiempo.  ¿Sospechó acaso del extraño cambio en la dirección del viento que había comenzado a “rolar hacia la derecha”?.
No conocemos cabalmente los parámetros técnicos de los instrumentos utilizados por el Capitán para sus observaciones; ello nos impide evaluar las correcciones relativas a los errores de ajuste en el barómetro.  Asimismo, desconocemos si las lecturas fueron corregidas posteriormente a la gravedad, altura y temperatura estándares.  Sí se sabe que se trataba de un barómetro marino de mercurio, “tipo Dollond”, seguramente de cubeta fija, graduado en pulgadas inglesas (1 pulgada inglesa  33,86395 hPa).
En cuanto al termómetro empleado, llevaba escala Farenheit, por ello suponemos que era también de fabricación británica.  No es improbable se tratara de un termómetro de alcohol.  Del higrómetro cuyas lecturas aparecen en su reseña, nada sabemos.
En relación con la estimación de la velocidad del viento y su rumbo, Ugarte emplea la terminología usual entre los marinos españoles.  Aun faltaban varios años para que se comenzara a utilizar la escala de 12 puntos ideada por el inglés Beaufort en 1805.
Solo diremos para concluir que, en la bahía de La Habana, 76 buques recibieron daños de diversa magnitud, y que la velocidad del viento se desconoce, dada la inexistencia de anemómetros por entonces. Finalmente, es necesario apuntar que los daños en la ciudad no fueron de consideración, salvo los ya citados en el área de la bahía.
Queda, pues, para la memoria, esta efeméride que enaltece a la vez a la meteorología y la metrología, en el sentido inaugural de una medición esencial para el conocimiento de la climatología ciclónica cubana.

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