Tenían algo que decir y lo dicen
2 de septiembre de 2014
|Por: Rebeca Chávez
Veo a Santiago Álvarez que aplaude y salta de alegría en su luneta. Acabamos de asistir al estreno del documental de Alejandro Ramírez Anderson. Durante 80 minutos han vuelto sus noticieros y las bandas sonoras con Silvio. Solo han pasado 25 años pero esta noche han regresado sus temas y sus inquietudes por el entorno social.
Durante dos años y en 34 conciertos de Silvio y un pequeño grupo de músicos, Alejandro y su equipo de creadores filmaron doscientas horas y, sin embargo, ninguno de estos datos revela la naturaleza del documental “Canción de Barrio”. Lo primero que sobresale en este filme es que no se trata únicamente de documentar los conciertos, o testimoniar la intensa y auténtica entrega de público y músicos. Tampoco busca evidenciar la capacidad de convocatoria de Silvio con los públicos de la periferia. Nada de eso. “Canción de Barrio” es una excusa para acercarse a un entorno social duro y áspero, nadie se lo imagina pero está ahí y nos emplaza.
Aunque se ligan las intenciones creativas hay una autonomía en los propósitos de Silvio y sus músicos y la expresa claramente: acercarse y cantar a barrios y gentes menos favorecidas, cultivar el espíritu con canciones que fueron creadas en otras circunstancias y que, sin embargo, ahora adquieren una actualidad sobrecogedora.
El equipo de rodaje no evade ese escenario de carencias materiales, al contrario está ahí, pero lo que subrayan es el factor humano y la cámara no se endulza con las texturas que abundan. Sobresale el uso del plano general (PG) que testimonia sin enfatizar. Uno de esos planos captura el momento en que se desata una riña confusa entre mujeres, e interviene la policía, pero la cámara no subraya nada, solo muestra y en este PG podemos descubrir una violencia subyacente. Igual pasa con ese sorprendente momento de un hombre que sostiene la mirada de su perro. ¿Habrá mejor solución fotográfica que esta para apresar el drama de la soledad o de la desesperación?
Que ha vuelto con esplendor el cinema verité o free cinema lo atestiguan las entrevistas directas y esenciales cuando sacan a la luz las causas de unos y otros (quiero decir de Silvio, Niurka, Tony Ávila), del que nació hace 41 años allí y no ve “la luz al final del túnel”, o de la que protesta por el café mezclado llena de risas y sarcástico humor (también nuestro) o de aquel otro que en medio del público dice que le reclamará a Silvio que no interpretó “… la ciudad se derrumba y yo cantando”.
Hasta este punto se han ido conjugando emoción, reflexión y, sobre todo, información. Todo este universo avanza, trenzando las canciones de Silvio dichas, saboreadas, memorizadas por la gente del barrio, por niños y adolescentes, blancos y negros, de pechos descubiertos y bien torneados, peinados y vestidos a la moda… hasta un clímax: Omara Portuondo y “…la era está pariendo un corazón…”, que nos llama a acudir por cualquier casa, cualquier hombre… como aquella primera vez en que perdíamos al Che.
(Tomado de Cubadebate)
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