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Mentiras peligrosas

1 de agosto de 2014

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Es una realidad triste, pero realidad al fin, ya sea un país, una región o continente, o el planeta todo, vive pendiente de grandes mentiras o verdades a medias, o manipulaciones burdas que desde el mayor centro de poder, Estados Unidos, trazan pautas del destino de la humanidad.
De esa forma y con la contribución de un poder mediático al que solo le interesa el dinero, se hacen guerras, bloqueos militares, económicos y financieros; se dictan sanciones al margen de la ley internacional; en fin, hablamos de un mundo que se apresura en dejar de serlo.
Con estas apreciaciones quiero llegar a uno de los frentes abiertos por Occidente en esta batalla por el control geopolítico: Ucrania.
Ya nadie habla del golpe militar que se dio allí instigado y financiado por Washington. Tampoco de unas elecciones donde ni siquiera un quinto de la población votó por el actual presidente. Ahora Ucrania es noticia en cuanto a lo que siempre interesó e interesa al gobierno de Obama y a sus socios europeos: Rusia.
Un avión civil derribado, lo más probable por efectivos de Kiev, ha servido como anillo al dedo de Washington para levantar más banderas anti rusas —y más que todo anti Putin—.
A Obama no le ha importado lo declarado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos en cuanto a que “Washington carece de prueba alguna que involucre al gobierno ruso en el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Ailines”.
Mientras esto sucedía, el Consejo de Seguridad de la ONU había aprobado la resolución para la investigación internacional de la catástrofe, y las cajas negras de la nave aérea eran entregadas por las autoridades de la autoproclamada República Popular de Donetsk, al representante del Gobierno de Malasia, el coronel Mohd Saqri, quien confirmó que las cajas negras no habían sufrido ninguna “manipulación externa”.
Con estos elementos, todo parecía indicar que las investigaciones seguirían un cauce sin contratiempos y sin factores externos que las afectaran. Pero nada de eso, Estados Unidos sigue en sus acusaciones a Rusia; aumentó sus sanciones a empresas y autoridades de Moscú e incrementa sus amenazas, seguido, como es lógico, por la genuflexa Europa, fiel cumplidora de sus órdenes.
El gobierno ruso, por su parte, hace uso de una calmada y firme política, sin dejarse provocar, y contribuye con todo aquello que puede dar luz al tema del avión derribado en Ucrania.
Entre sus más recientes pasos está la transferencia de Rusia a las organizaciones internacionales, entre ellas a la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), de los datos de observación objetiva del área donde fue derribado el avión de Malaysia Airlines, en la región ucraniana de Donetsk.
Antes, el Ministerio de Defensa ruso había publicado una serie de datos sobre las circunstancias del accidente aéreo, entre ellos, la presencia de un caza Su-25 de la Fuerza Aérea de Ucrania en la misma trayectoria del avión malasio.
Mientras Rusia facilita todos los datos y brinda todo tipo de colaboración, las autoridades de Ucrania hacen lo contrario con la clara intención de destruir las evidencias en tono a la catástrofe.
Y aunque parezca una simple investigación sobre un accidente aéreo, detrás de este peligroso juego de mentiras que quieren imponerse sobre la verdad, está la mano, la intención y el poder mediático al servicio de Estados Unidos, como ya antes se hizo en otras regiones y países donde luego Washington llevó sus tropas junto a una OTAN a su servicio.

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