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Temor en Kiev

11 de abril de 2014

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El grupo que tomó por la fuerza el poder en Ucrania siente ya que el suelo en que se asienta se estremece por la inconformidad popular, y el sentimiento antirruso que manejó para deponer al anterior gobierno de Yanukóvich, no funciona plenamente, a pesar del apoyo económico y militar recibido directa e indirectamente de Estados Unidos, la Unión Europea y los organismos internacionales que responden a la implementación y asentamiento de los intereses neoliberales.
En todas las vertientes, dentro y fuera de la capital, Kiev, el inconformismo sigue tomando vuelo, sin que ahora se pueda culpar a los posibles errores de la anterior administración, que se mostró débil, ingenua y vacilante ante los neofascistas que encabezaron las manifestaciones en su contra.
Fuerzas militares han sido enviadas a diversas zonas del país, para que no se repita el ejemplo de Crimea, que regresó a la Federación de Rusia por voluntad propia, en plena libertad de expresión, cuyo referendo al efecto, como era de esperar, no fue avalado por la mayor parte de los países que integran la Organización de Naciones Unidas, manipulada por la propaganda de Occidente y desconocedora de la historia regional.
Detenciones, amenazas de ataque a entidades ministeriales ocupadas y otras acciones punitivas se han sucedido a los deseos mayoritarios de proclamar repúblicas y posibles adhesiones a Rusia en Donetsk, Járkov, Lugansk y otras zonas del este ucraniano, con mayoría rusoparlante e igualitario deseo de rechazo al gobierno golpista de Kiev.
En Járkov, las fuerzas antidisturbios y parte de la policía abandonaron la plazoleta delante de la Administración provincial aplaudidos por los manifestantes, que entonaban el lema: “¡La Policía está con el pueblo!”.
Dentro del Parlamento imperan los métodos fascistas, con golpizas a los legisladores que reprochan la política que en muy poco tiempo ha llevado al abandono y elevado el desempleo e índice de la pobreza en la nación, especialmente en el oriente ucraniano. Así le pasó, entre otros, al Secretario General del Partido Comunista de Ucrania.
En esta línea, el Canciller interino, Andréi Deschitsa, amenazó con “una respuesta más severa” a los acontecimientos en el este de Ucrania que a los que tuvieron lugar en Crimea, pero, más sutil, sin olvidar el lenguaje antirruso, la ex primera ministra de Ucrania y una de los candidatos a la presidencia, Yulia Timoshenko,-quien guardó anteriormente prisión por corrupción y otras irregularidades- se desplazó a Donetsk, donde prometió aprobar un nuevo código de impuestos para conceder a las regiones más libertad presupuestaria, y consideró importante que los poderes en las regiones no sean designados por Kiev.
El presidente autoproclamado de Ucrania, Alexánder Turchínov, también prometió mano dura contra los separatistas y represalias a quienes manejen armas, aunque no ha procedido con las denuncias contra miembros de los elementos neonazis que encabezaron la violencia para deponer a Yanukóvich y se niegan a desarmarse.
Pero no todo es manifestación separatista en respuesta al régimen kievita de perseguir todo lo ruso. Miles de los vecinos de la ciudad sureña de Odessa, situada en la costa del mar Negro, se congregaron para un mitin no autorizado contra la represión por motivos políticos. Muchos de los participantes acamparon en una plaza céntrica de la ciudad e iniciaron la recolección de firmas en pro de un referéndum sobre la concesión a la lengua rusa de un estatus oficial, la descentralización del poder y un cambio de rumbo en la política exterior de Ucrania.
Lo más significativo ha sido la quema de muñecos que representan a Stepan Bandera, ultranacionalista y régimen del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, alabado por algunos sectores de la población en el oeste de Ucrania y varios líderes del régimen golpista.
En las tres provincias del este de Ucrania exigen la federalización del país, mientras que la Constitución pisoteada por la revuelta de febrero pasado en Kiev suponía la organización territorial unitaria. Instan también a que las autoridades otorguen el estatus oficial a la lengua rusa y anulen las elecciones presidenciales convocadas para el 25 de mayo por ser ilegítimas.
Más claro ni el agua: lo que hoy sucede en Ucrania no es muy diferente de lo ocurrido en la Alemania de los años 1930 con el ascenso de Hitler. al poder. Son las mismas estratagemas políticas que en aquel entonces. Y se están imponiendo las mismas limitaciones. Un tercio del nuevo gobierno ucraniano se compone de nazis, y los otros dos tercios son representantes de los grandes capitalistas de Ucrania.
Lo increíble es que Occidente, en su odio a Rusia, consiente lo que moleste al que sigue considerando su principal enemigo, luego de haber concluido formalmente la Guerra Fría En este sentido mostró complacencia porque el neonazi rusófobo Volodimir Yavorivsky, presida la comisión encargada de elaborar la nueva ley ucraniana sobre las lenguas, secundado por la Irina Farion, nueva titular del Ministerio de Educación, quien hasta hace poco amenazaba con deportar al este a los niños que persistan en conservar su nombre de pila ruso.
Los primeros intentos de los golpistas fueron cortar las transmisiones de los canales de televisión rusos que operan en Ucrania y una política de tolerancia –que equivale a una aprobación hacia la ola de destrucciones de monumentos que los fascistas ucranianos consideran como incómodos recordatorios de los destinos, inseparables en muchos aspectos, de Ucrania y Rusia. Esto, posiblemente, es a lo que más temen.

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