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Un ejemplo de cómo se puede conocer la migración de las tortugas laúd: una forma de protegerlas

5 de mayo de 2014

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Cómo conocer la migracion de las tortugas

Cómo conocer la migracion de las tortugas

Uno  de los mayores peligros a que se enfrentan las tortugas laúd en su viaje migratorio son las redes de pesca.  Estos artefactos están poniendo en peligro la vida de la  mayor de todas las tortugas vivientes Dermochelys coriacea, que puede alcanzar una longitud de dos metros y un peso de más de 600 kilos. Esta tortuga posee un caparazón liso y oscuro, con crestas que lo recorren desde la cabeza hasta la cola. Esta concha no está formada por escudos óseos, sino que está hecha de tejido conectivo blando (a veces recibe el nombre de tortuga de cuero debido a esa característica de su concha). En el caparazón no se observa el peto ni el afilado borde lateral, solo una suave curva que da una apariencia semicilíndrica al animal. Esta forma, recuerda vagamente al instrumento musical llamado laúd de donde ha tomado su nombre.
Pero no solo son las redes de pesca son un peligro potencial, se ha visto también que las tortugas laúd a menudo se asfixian comiendo trozos de plástico a la deriva. Se han encontrado ejemplares muertos con bolsas de plástico, piezas de plástico duro e hilo de pescar en sus estómagos, también pedazos de caucho, alquitrán, aceite de motor y otros productos sintéticos que pueden matar una tortuga adulta o dañarla seriamente. Muchas han sido heridas por colisiones con embarcaciones, especialmente en aguas poco profundas.
A pesar de que los “Dispositivos de Exclusión de Tortugas” son obligatorios para las redes, a menudo fallan cuando se trata de permitir que un animal del tamaño de una tortuga laúd adulta escape de ellas. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima que alrededor de 640 tortugas laúd adultas son muertas cada año por las empresas de pesca comercial. De manera que desde hace años ha sido clasificada en peligro y también se ha incluido en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES). Por lo que es ilegal herir o matar a estas tortugas.
Sin embargo, saber cuáles son los peligros que ponen en riesgo a una especie no es suficiente, también hace falta saber dónde y cuándo dicha especie tiene que enfrentarse a ellos y minimizarlos. El problema consiste en detectar en qué lugar y momento ambos se encuentran. Y los científicos han encontrado una alternativa.
En el caso de esta tortuga el problema no es sencillo. Este quelonio se encuentra entre los reptiles más grandes, pero además es un ágil nadador que en sus migraciones llega a recorrer miles de millas naúticas desde los lugares donde realiza la puesta hasta sus zonas de alimentación. Por ejemplo, gracias a recapturas, se conoce que esta especie realiza migraciones transoceánicas, por ejemplo individuos marcados en Gabón, África, han sido recapturados en aguas del océano Atlántico sudoccidental.
Las tortugas laúd viven en casi todos los océanos del mundo, aventurándose mucho más al norte o al sur que otras tortugas marinas gracias a su peculiar sistema de regulación de la temperatura corporal. En los meses de verano, son más comunes en la zona que va desde el Golfo de Maine al norte hasta Florida en el sur. Han sido observadas también al norte del Golfo de San Lorenzo, en Canadá. Las del Océano Pacífico son vistas a menudo en las islas Hawaii, donde se sabe que se congregan al norte del archipiélago. Cuando se aproxima el invierno se dirigen al sur, al Mar Caribe y a las zonas costeras de América del Sur y África, donde se encuentran con las tortugas procedentes de Europa. En este último lugar, gracias a la Corriente del Golfo, se aventuran aún más al norte durante los meses veraniegos, y han llegado a ser vistas de forma esporádica frente a las costas de Noruega y en el Mar Báltico. Las poblaciones del este de Asia emigran hacia las costas de Indonesia y Australia y el Océano Índico.
La técnica habitual para determinar la ruta de los animales acuáticos consiste en realizar estos seguimientos desde un barco o un pequeño avión. Sin embargo, este método no se puede utilizar con esta especie, precisamente, porque sus recorridos son muy largos y, además, porque pasa sumergida la mayor parte del tiempo.
Así que, los investigadores han ideado otra solución. Acoplaron unos arneses a la concha de 135 hembras de tortuga laúd, tanto de la población del Pacífico Oeste como en la del Este. Cada uno de estos arneses llevaba un emisor GPS, capaz de enviar una señal con la localización exacta de cada ejemplar en el momento en que salían del agua. Gracias a los datos obtenidos con este estudio, los investigadores han llegado a dos conclusiones. La primera, cada población se comporta de una manera diferente. La población occidental realiza una migración mucho más larga, pero más alejada de la costa. En cambio, la población oriental recorre la línea de costa, con lo que las posibilidades de encontrarse con redes de arrastre se multiplican. Además, las tortugas del Este mantienen grupos de migración mucho más compactos, aumentando así el impacto.
La segunda conclusión es que, a pesar de las diferencias en el comportamiento, la solución es la misma para ambos grupos. Al tener ya controladas tanto las fechas como las rutas de migración, “debe resultar sencillo” fijar una moratoria de pesca, una temporada en la que no se utilicen estas redes para permitir el paso de estos reptiles. De esta manera se podrían evitar la mayoría de las muertes de estos animales, que en los últimos 20 años han visto disminuir su número en un 90%. Además esto contribuiría a garantizar que las tortugas capturen a las medusas que son su principal alimento. Cada tortuga puede comer cada día una cantidad de medusas equivalentes a su propio peso, hasta 50 individuos de las medusas más grandes. La tortuga laúd, desempeña un papel crucial en el mantenimiento del equilibrio ecológico y también económico. Al consumir medusas reduce su número y así éstas no comen los peces pequeños y aumenta la pesca y también disminuyen los encuentros desagradables de estos cnidarios con el ser humano.
Recordemos que…“la Naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre”. Sólo hay un modo de que perdure: respetarla y servirla.

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