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Otra vez: “Bienvenido, míster Marshall”

20 de enero de 2014

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Mientras otros acontecimientos internacionales tienen lugar con mayor fanfarria, otros no menos trascendentes se desarrollan más discretamente y aunque por el momento no llenan las primeras planas de los diarios, forman parte, inevitablemente de una sucesión de hechos que, paso a paso, podrán llegar a tener resonancia y consecuencias de gravedad, que incluso puedan poner en peligro la paz del mundo.

 

Uno de ellos, sin dudas, es la instalación en Europa, por parte de las fuerzas militares de Estados Unidos, del llamado sistema antimisiles que, -según las falaces explicaciones oficiales del gobierno estadounidense,- deberá proteger a este país de supuestos ataques coheteriles por parte de Irán y Corea del Norte desde sus más lejanas bases de lanzamiento.

 

Tras obtener la complicidad de algunos socios de la OTAN que ofrecieron su territorio y sus mares jurisdiccionales para ese tipo de instalación, comenzaron a darse los avances concretos en la construcción y traslado de equipamientos a los sitios previamente escogidos por Estados Unidos en países donantes, como el caso de Polonia y Rumania.

 

Parece, sin embargo,  que el componente naval del citado escudo es el que marcha más adelantado, pues la Armada española ha anunciado la inminente llegada del primero de los cuatros destructores (Donald Cook) a la base naval de Rota, en Cádiz, mientras en junio arribará el Ross y en 2015 deberán hacerlo el Porter y el Carney. De este modo, España, servirá de base, -en lo que a naves se refiere,- del sistema antimisiles de Estados Unidos y así se convertirá en objetivo involucrado en cualquier eventual confrontación coheteril que tuviera como escenario los cielos europeos.

 

Todo ello sin contar para nada con el pueblo español, sin consultarlo para nada e introduciéndolo en una problemática que le es totalmente ajena pues ni siquiera su membresía dentro de la OTAN le obliga a semejante yunta.

 

Más de una vez Rusia ha expuesto cómo tal sistema antimisiles no es más que una variante enmascarada del verdadero propósito, que es apretar el cerco militar a su alrededor; como se pretendía utilizar a Ucrania y su asociación con la Unión Europea para apretar también un posible cerco político-económico contra la nación rusa.

 

Por su parte, el canciller ruso Serguei Lavrov ya advirtió que el recién suscrito acuerdo nuclear con Irán introduce también modificaciones definitivas que echan por tierra cualquier pretexto de utilizar supuestas intenciones iraníes de carácter nuclear.

 

En momentos en que el país ibérico sigue enredado en la más profunda crisis económica y social en mucho tiempo recordada, – añadida la sacudida soberanista que estremece a Cataluña y cuya perspectiva es incierta,- los actuales voceros gubernamentales repiten con sesenta años de diferencia: Bienvenido, míster Marshall, el recordado lema que alineó a la España franquista con Washington en los años de la guerra fría.

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