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El jaque perpetuo de Vera Menchik

20 de diciembre de 2013

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Solo vivió 38 años, porque una bomba nazi acabó con su vida en el Londres destruido por el asedio aéreo alemán; pero en tan poco tiempo Vera Menchik inscribió su nombre entre las grandes jugadoras de ajedrez de todos los tiempos, no solo por sus impresionantes triunfos que le permitieron mantener el título mundial del juego ciencia por 17 años consecutivos, sino también porque Vera se sobrepuso a las incomprensiones de su época y demostró que las mujeres podían derrotar a los hombres sobre un tablero.

La historia de Vera aparece muy vinculada a Gran Bretaña, en especial a la ciudad de Hasting. Allí llegó Vera al final de la primera Guerra Mundial, junto a su padre, un británico, su madre, de origen checo y su hermana Olga.

La joven Vera no tardó en afiliarse al club de ajedrez de Hasting y conoció en ese sitio a un húngaro muy famoso: Geza Maroczy, un hombre que hizo aportes a la teoría del juego ciencia y casi un siglo después una variante creada por él en la defensa Siciliana todavía es popular.

Maroczy aceptó a Vera como pupila y esa unión produjo excelentes resultados seis años después. En 1927, la Federación Internacional de ajedrez organizó su primera Olimpiada para los hombres, en Londres y, de forma paralela al evento, invitó a varias jugadoras para que disputaran un torneo del que saldría la primera campeona mundial.

Vera tenía 21 años y durante el último lustro su nivel de juego había mejorado notablemente; no obstante, casi nadie la consideró favorita; pero esa impresión cambió con muchísima rapidez, pues la jovencita ganó sus primeras diez partidas y solo entabló su último encuentro, cuando ya tenía seguro el título de reina.

El éxito fue espectacular; aunque el machismo imperante en esa época trató de minimizar la importancia de Vera, por eso no pocos se opusieron vehementemente a que la chica participara en el fortísimo torneo de Carlsbad, de 1929. Uno de los que más levantó su voz fue Albert Becker, un mediocre jugador austriaco quien incluso se atrevió a decir que si se incluía a Vera en el evento, él crearía una agrupación denominada “Club de Vera Menchik”, donde se inscribirían todos los que cayeran derrotados ante aquella mujer.

Las palabras de Becker quedaron recogidas en la historia, al igual que su nombre, porque en las primeras rondas del torneo, Vera Menchik venció a Becker y, de esta manera, el fanfarrón fue el primero en ingresar al club que él mismo creó; sin embargo, no estuvo solo por mucho tiempo, ya que más tarde se unieron otros ajedrecistas, entre ellos el campeón mundial Max Euwe.

La segunda presencia de Vera en los torneos del orbe, en 1930, en Hamburgo, Alemania, también concluyó de la mejor forma, porque ella retuvo su corona y año tras año, torneo tras torneo, fue construyendo una reputación de mujer invencible. Vera ganó todas las ediciones de los Mundiales que disputó, siete en total, y retuvo su título por un tiempo récord de 17 años.

Luego del triunfo en Londres y Hamburgo vinieron los éxitos en Praga, 1931; Folkestone, 1933; Varsovia; 1935; Estocolmo; 1937 y Buenos Aires, 1939. Durante casi dos décadas fue tan grande el dominio de Vera contra las mujeres que en 83 partidas efectuadas en campeonatos mundiales ganó 78, entabló 4 y solo cayó derrotada en una ocasión.

En el momento de más esplendor de su carrera ajedrecística, con siete defensas exitosas de su corona universal, llegó la Segunda Guerra Mundial. Todo se detuvo y Vera, quien había enviudado en 1942, reunió en Londres a su familia para, entre todos, intentar protegerse.

La mujer que sobre un tablero mostró siempre una sangre fría para defender posiciones complicadas, nada pudo hacer ante los constantes ataques aéreos que lanzó la Alemania nazi sobre la capital británica. Una de las bombas V2 cayó sobre el hogar donde residía Vera con su familia y ninguno sobrevivió.

De esta triste forma, el mundo perdió a su campeona y a la jugadora más influyente de todos los tiempos en el ajedrez. Vera Menchik tenía solo 38 años. En la actualidad, los equipos femeninos que ganan las Olimpiadas mundiales reciben el premio “Copa Vera Menchik”, como otra de forma de recordar a esta extraordinaria mujer.

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